Los equipos de salud del primer nivel de atención tienen desde este mes una guía oficial para preguntar por el uso de pantallas en la consulta. El documento se llama Crianzas conectadas y lo elaboró el Grupo de Trabajo de Ciudadanía Digital (GTCD), en el marco de la Estrategia Nacional de Ciudadanía Digital.

En la redacción participaron referentes del Ministerio de Salud Pública (MSP), la Administración Nacional de Educación Pública (ANEP), la Agencia de Gobierno Electrónico y Sociedad de la Información y del Conocimiento (Agesic), Ceibal y el Instituto del Niño y Adolescente del Uruguay (Inau).

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También aportaron la Sociedad Uruguaya de Pediatría (SUP), el Departamento de Pediatría de la Facultad de Medicina de la Universidad de la República (Udelar), la Sociedad Uruguaya de Medicina Familiar y Comunitaria (SUMEFAC), el Ministerio de Desarrollo Social (Mides) y el Ministerio de Industria, Energía y Minería (MIEM).

Se sumaron el Fondo de Población de las Naciones Unidas (UNFPA), el Instituto Interamericano del Niño, la Niña y Adolescentes de la Organización de los Estados Americanos (INN-OEA), las organizaciones El Abrojo y Pensamiento Colectivo, y Nuevas Soluciones Tecnológicas (NST).

El material está dirigido a pediatría, psicología, medicina familiar y enfermería, y también a referentes de la educación. Propone sumar al control una anamnesis de salud digital: explorar qué lugar ocupa lo digital en la vida del niño, qué emociones le genera y si vivió situaciones incómodas o dolorosas en línea.

Nada de pantallas antes de los 3 años

La guía recoge las recomendaciones por edad de la Sociedad Uruguaya de Pediatría. En menores de 3 años, la indicación es cero pantallas. La única excepción son las videollamadas con familiares o amigos, siempre que haya un adulto mediando, que el dispositivo no quede exclusivamente en manos del niño y que sea por un tiempo prudencial.

Entre los 3 y los 6 años, media hora a una hora por día, con énfasis en el rol del adulto como "curador" de los contenidos. Entre los 6 y los 12, de una a dos horas diarias con las mismas salvedades. De los 12 en adelante se recomienda un consumo informado y responsable, que implica conocer los riesgos.

El documento también define tres "zonas críticas" en las que el uso pasa a ser de riesgo: durante las comidas, en el dormitorio y en la hora previa al sueño. Suma a la lista el uso pasivo y solitario, con el dispositivo funcionando como "niñera".

Sobre el acompañamiento adulto, al que califica como el principal factor protector, la guía pide dialogar sobre lo digital sin dramatizar ni minimizar, compartir actividades dentro y fuera de las pantallas y establecer rutinas sin dispositivos en las comidas y antes de dormir.

Un punto explícito: no usar las pantallas como premio ni castigo, porque refuerza su valor simbólico y la dependencia emocional. Tampoco como recurso para calmar berrinches, lo que el texto llama "chupete emocional" e impide que las infancias desarrollen estrategias propias frente a la frustración.

La guía introduce además el concepto de tecnoferencia: la interferencia que generan los dispositivos de los adultos en la interacción con el niño. Se asocia a mayores rabietas y problemas de conducta, y aparece cuando las familias están conectadas en presencia de sus hijos.

Para las normas del hogar, distingue entre mediación activa —supervisión y diálogo— y restrictiva —límites de tiempo, zonas libres de tecnología y control parental—, y subraya la co-parentalidad: que todas las personas a cargo del cuidado acuerden las mismas reglas.

Los datos que ordenan la guía

Según la Encuesta de Nutrición, Desarrollo Infantil y Salud (ENDIS 2018), la proporción de niñas y niños que usa pantallas al menos una hora por día pasa de 10% en menores de un año a 45% a los 12 meses, 70% a los 2 años y 80% a los 3 y 4.

El documento estima que el 18% de los niños, niñas y adolescentes uruguayos presenta un uso problemático de internet. Y señala un dato clínico: las familias declaran, en promedio, 2,2 horas menos de las que los chicos realmente están expuestos cuando se analiza su rutina en detalle.

Del estudio Kids Online de 2022 destaca que 1 de cada 3 adolescentes vivió un episodio negativo en internet en el último año, que 41% vio contenido violento, que 1 de cada 4 recibió mensajes sexuales y que 26% dejó de comer o dormir por estar conectado. El 57% dice que su familia establece reglas de uso.

El texto justifica el abordaje en el consultorio por el riesgo de subdiagnóstico —problemas de sueño, cefaleas o alteraciones del desarrollo que no se vinculan con las pantallas— y de sobrediagnóstico, cuando se plantean patologías como el déficit atencional en infancias sobreestimuladas por videos cortos de ritmo rápido.

Uruguay ocupa el cuarto lugar en América Latina en penetración de redes sociales. El 88% de los adolescentes se conecta a diario desde su celular y el 95% usa internet principalmente para ver videos, series o películas.

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