Guillermo Lockhart, todavía un rostro poco familiar para la televisión de los primeros años del 2000, corre de un lado al otro con una antorcha encendida en medio de la oscuridad. Pelea contra fuerzas que no se ven. Encuentra un cofre, lo abre, se deslumbra, se lo pone bajo el brazo y atraviesa un portal luminoso. Es el 30 de abril de 2006, domingo a las 22.30, primera emisión de Voces Anónimas en Canal 12. Al otro día será feriado. Al otro día será, también, el día uno para un proyecto que se convirtió en una industria de la cultura pop vernácula.
En Uruguay, en el mundo, el terror mantiene su lugar como uno de los géneros más populares de todos. Además de combatir contra los prejuicios casi desde su génesis, el género es una manifestación de los miedos que nos atraviesan como sociedad y es ahí donde se hace fuerte, en ese reflejo. Por eso tenía sentido que un programa dedicado a las historias fantásticas y las leyendas urbanas de nuestro país (y de afuera) tuviera tanto éxito. Por eso y porque contar historias de miedo al calor del fuego ha sido siempre tremendamente divertido.
De padres veterinarios, Lockhart recorrió con ellos el Uruguay rural y conoció allí varias de las historias que le dan forma a su proyecto. Con el tiempo, se fanatizó con el mundo de las leyendas y lo oculto, y su adolescencia giró en torno a ese universo.
“Tenía un grupo de amigos y nos gustaban este tipo de relatos. Buscábamos películas. Íbamos a una librería teosófica a comprar libros de médiums, cosas que no son normales en un chico de 14 años, pero era la curiosidad, cosas de viajes astrales. Después íbamos a la feria de Tristán Narvaja, le sacábamos libros a nuestros padres y los cambiábamos por libros de esos temas. Era como un hobby. Pero no lo veía como algo a lo que me iba a terminar dedicando”, le contaba Lockhart a El Observador en 2020.
Con los años, vio un nicho televisivo en ese pedazo de su infancia y lo explotó. El conductor había tenido un pasado en el modelaje y ya conocía la cámara; además, había ingresado a la televisión tras un paso por Nueva York como notero de Canal 5. Voces Anónimas fue, sin embargo, una especie de salto al vacío: originalmente pensado para Canal 10, Lockhart terminó con su idea en el 12 y en año de Mundial. Se la aceptaron y la primera temporada tuvo 13 capítulos por los que pasaron relatos autóctonos como el del tesoro de las Masilotti, el retrato de Clara García de Zúñiga del Museo Blanes, los aullidos de la plaza Lafone, Alicia del Buceo, la degollada de la Rambla Wilson y la Llorona del Parque Rivera, entre otros. El rating lo confirmó en el aire y la segunda temporada tuvo luz verde.
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Con el tiempo, más temporadas se sucedieron y los códigos de Voces Anónimas empezaron a multiplicarse como sus fanáticos. Además del reconocible look de su conductor, de una presentación inicial filmada cinematográficamente y cierto tono ominoso a la hora de abordar las historias incluso cuando estas no lo ameritaban demasiado —digamos que no todos los relatos calzan en el rótulo de “terror”—, el programa se caracterizó por tener una serie de narradores orales que aparecían en cámara encadenando los pedazos de las leyendas y generando un clima de fogón que el ritmo del ciclo agradecía. Entre los más destacados estuvieron el colombiano Walter Díaz y el recientemente fallecido Néstor Ganduglia.
La emisión televisiva llegó hasta el 2018 con la sexta temporada, y en 2020 se emitió una edición especial con algunas de las mejores historias en VTV. En una entrevista con El Observador, Lockhart dijo que detrás del cambio de canal no había más que una cuestión de programación.
"En el 12 habíamos emitido la sexta temporada, estábamos filmando la séptima, nos agarra la pandemia y sentía como algo personal que tenía que poner a disposición los capítulos de Voces Anónimas para entretener al público. Los ofrecí a canal 12, ofrecí hacer una serie con lo mejor, que hace tiempo lo quería hacer. Yo hablé con los dos canales con los que trabajo. Con esto de la repetición sentí que al 12 le gustó la idea pero no la concretaron, yo estaba en casa, no podía filmar, tenía ganas de compartir esos capítulos, y vino por ese lado. Yo había tenido charlas con VTV y Tenfield, tenía ganas de hacer cosas con ellos, y siempre estaba eso de que como yo estaba en Canal 12 no podía. Pero se dio esta situación, ellos me hicieron la propuesta, y no lo dudé. En este momento difícil quería estar cerca del público. Con el 12 estoy muy agradecido, fue el canal que eligió hacer la serie y no me olvido de eso".
Actualmente, Voces Anónimas VII sigue en proceso. El equipo ha viajado por distintas partes del mundo, y Lockhart ha adelantado que posiblemente se estrene este año. En el programa Vamo Arriba de Canal 4, en febrero de este año, el conductor contó que la pantalla donde se verán será esa y que habrá un homenaje especial para Ganduglia, uno de los iniciadores de la marca.
Porque, efectivamente, Voces Anónimas se convirtió en una marca. Y una muy redituable. El programa televisivo generó una franquicia con múltiples cabezas y proyectos derivados, entre ellos más de quince libros —algunos de ellos Libro de Oro, que se le da a los más vendidos del año—, películas, obras de teatro, recorridos por la ciudad, eventos especiales y convirtió a Lockhart en una figura asociada al género. Incluso, terminó dirigiendo dos películas: El juego de las cien velas (2020) y su secuela, El juego de las cien velas: La última posesión (2023).
"Yo lo haría toda la vida", decía Lockhart en 2020. "Hay clásicos de la televisión que se terminan convirtiendo en emblemáticos. Me gustaría seguir haciéndolo mientras se pueda, hasta que por un tema de calidad ya no se pueda seguir, o que al público le deje de interesar. Por ahora, mientras a los canales y al público le interese, y esa ecuación siga, lo haremos. Lo que si es que este universo de leyendas no se va a terminar nunca, sea con nosotros o con otras personas, que las van a seguir contando."
Que las historias nunca se terminan es cierto. La vida de Voces Anónimas, que ya cuenta dos décadas y sigue con el horizonte abierto, lo prueba.