De la simbología de Sanguinetti al humor de Jorge Batlle: Julio Testoni, el fotógrafo de los presidentes colorados
Una foto al presidente es un ciclo de entrevistas de El Observador que ahonda en la historia de los retratos presidenciales y el rol de la fotografía en cómo se cuentan tanto los gobiernos como los mandatarios, con el testimonio de quienes capturaron la historia
Embed - "Yo no hice foto con la banda": la historia detrás de la foto oficial de Sanguinetti
1° de marzo. 1985. Julio María Sanguinetti cruza el umbral del balcón del Palacio Estévez con la banda presidencial sobre el cuerpo y en ese momento, mientras la gente aplaude y grita, deja atrás una dictadura que se extendió durante 12 años.
Ese día, un presidente volvió a asumir el gobierno nacional en el corazón del Palacio Legislativo. Entonces, Sanguinetti se dirigió a los parlamentarios: “Esta República que nació para la democracia ha vivido once años de gobierno de facto y ello no ocurrirá más, no solo porque el presidente respetará la Constitución, sino porque todos los uruguayos la vamos a defender y haremos de ello un haz de voluntad y energía, que hará de ello una gran causa nacional”.
Esa causa nacional debía estar reforzada por “mensajes muy claros” desde el primer momento. “Habíamos estudiado todo muy prolijamente, sentíamos que era un lugar de riesgo. Hoy todo parece fantasía, pero en aquella época eran todo tensiones y cuidados”, dice el expresidente Julio María Sanguinetti desde su despacho personal en conversación con El Observador.
Toda esa simbología democrática de la que habla Sanguinetti, debía estar, también, en el retrato oficial del presidente que acababa de asumir.
“Esta foto la hizo don Alfredo Testoni, el maestro de los fotógrafos uruguayos”, recuerda el colorado mientras mira la imagen de 1985. Alfredo, nacido en 1919, ya era para entonces uno de los fotógrafos más destacados del país. Retratista de acontecimientos históricos, documentador del pulso social del país, artista y amigo de artistas. Era, a todas luces, el hombre para retratar el nuevo tiempo político.
“La simbología, naturalmente, estaba referida a toda la actividad presidencial. Todo apuntaba a la afirmación de la autoridad. Ese era el tema: mostrar la institucionalidad en toda su expresión, en toda su dimensión. Recuperar para la institucionalidad civil el mando de la república. La foto tenía ese sentido”, dice el expresidente 40 años después de la toma.
20250423 Julio María Sanguinetti, Ciclo retrato, foto presidencial.
Foto: Inés Guimaraens
El retrato de la democracia
Ese día Sanguinetti llegó al estudio del fotógrafo con la naturalidad de siempre. Entre los asistentes del fotógrafo estaba su hijo, Julio Testoni, quien desde su adolescencia continuaría con el apellido fotográfico y se convertiría en un reconocido artista de la imagen.
“Le colaboré a mi padre como colaboraba en las cosas que él me pedía. Fue muy natural todo el desarrollo de la fotografía. No había nada impostado, no había nada exigido”, recuerda en diálogo con El Observador.
Así y todo, dice Testoni, estaba claro que aquella sería una foto para la historia. “Estábamos saliendo de la dictadura. Veníamos con una salida en paz que él había liderado. Era un símbolo muy importante para ese momento”.
El presidente llegó con una actitud “muy distendida, muy natural, muy espontánea”. Tomó su posición y el fotógrafo accionó el disparador. La foto, desde entonces, se convertiría en el testimonio de su época.
“Sanguinetti más que un presidente, es un estadista. Hay que tomarlo por ese lado. Esta foto conjuga un poco el carácter de este estadista que tiene una actitud erguida. Los ojos en la fotografía es muy importante porque definen el destino de su mirada, que es una mirada hacia el horizonte. Todo esto hace a un lenguaje que no es verbal, pero que tiene mucho significado y es lo que comunica la fotografía. Este es Sanguinetti, no es otro Sanguinetti”.
La mirada levemente sobre el horizonte, la postura erguida, el semblante certero. La imagen ejemplar de un mandatario. Sin embargo, la fotografía de Sanguinetti difiere del conjunto de retratos presidenciales en varios aspectos. En primer lugar, porque hay en la búsqueda de la imagen una inspiración más alegórica que literal, una preocupación simbólica y estética que difiere con sus antecesores y que no volverá a repetirse. Pero, por sobre todo, tiene una diferencia evidente: no lleva puesta la banda presidencial.
1985 - Julio M Sanguinetti - Fujii.jpg
Primera presidencia de Julio María Sanguinetti, 1958
Alfredo Testoni
La simbología que descansa sobre el pecho de los demás mandatarios está en esta fotografía fuera de su cuerpo. Tres banderas cobijan la imagen del presidente, la resguardan, lo escoltan, lo respaldan. El pabellón nacional enmarca el rumbo y le da sentido a la imagen, que se proyecta hacia el futuro.
Una idea del fotógrafo que el presidente asumió sin dudar. “En todo caso, la banda es la bandera. ¿Qué es la banda? Es la bandera con el escudo. ¿Y por qué no, entonces, fotografiarse con la misma bandera y el sol? Creo que fue una buena imagen. En todo caso, nunca fue cuestionada y funcionó a lo largo de diez años”, dice Sanguinetti.
20250423 Julio María Sanguinetti, Ciclo retrato, foto presidencial.
Foto: Inés Guimaraens
Durante una década. Porque en su segunda presidencia volvió a repetir la fórmula. Diez años después, cuando Sanguinetti resultó reelecto para el periodo de gobierno que transcurrió entre 1995 y el año 2000, volvió a ser fotografiado por la familia Testoni. Esta vez fue Julio quien se puso detrás del lente y tomó una fotografía que dialoga con la de su padre.
“Julio desarrolló una versión aún mucho más imaginativa en instancias posteriores”, sostiene el exmandatario.
Julio María Sanguinetti ocupa ahora el centro de la imagen. Con las manos tomadas frente al cuerpo, la alianza matrimonial delante, el mandatario asume una postura. El traje, el pañuelo en el bolsillo y una corbata colorida aparece sobre la camisa blanca. A su alrededor, el pabellón nacional cobra un nuevo movimiento.
Sanguinetti
Segunda presidencia de Julio María Sanguinetti, 1995
Julio Testoni
“Veníamos de la primera foto, que eran varias banderas puestas una al lado de la otra. Digo vamos a cambiar, ya el país es otro, flamea la bandera”.
Una evolución no solo desde el punto de vista metafórico, sino técnico. Una foto, la del padre, desarrollada totalmente de forma analógica y la otra, la del hijo, es una imagen analógica con intervención digital. “Ya estábamos en la época digital, en el principio de la década del 90. Entonces, hay una vinculación, es el mismo protagonista, pero con tecnologías diferentes”, apunta el artista.
En este caso, la bandera uruguaya fue incorporada con Photoshop. “Yo tengo una serie hecha de la bandera uruguaya. Una de esas banderas está incorporada como fondo en la imagen del doctor Sanguinetti. Si bien es una representación de nuestra bandera, una representación artística, lo que importa es el presidente", dice el retratista.
El tercer gobierno colorado y la foto a Jorge Batlle
La fotografía lleva sobre la cara satinada de la imagen una dedicatoria personal. Un mensaje, un reconocimiento, una dedicatoria: Al joven Julio Testoni, que hace honor a su raza a la que todos admiramos. 2001.
La rúbrica de Jorge Batlle se mantiene inalterada 25 años después de aquel día en que el fotógrafo fuera a la residencia Suárez para, como hizo con su antecesor, retratarlo en la historia.
“Otro hombre formidable, con mucho humor, siempre haciendo chistes. Un provocador pleno, en una postura muy amistosa”, dice Testoni mientras recuerda al expresidente. “Batlle es sonrisa. Siempre fue un hombre de mucho humor”.
El presidente entonces eligió una sala de la residencia presidencial donde ser fotografiado. Y, esta vez, eligió usar la banda presidencial para ser inmortalizado con ella. “En las fotos presidenciales los que resuelven son los presidentes. Los que eligen la imagen son los presidentes, no el fotógrafo. El fotógrafo es un instrumento para llegar a lo que el presidente quiere transmitir”, destaca Testoni.
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Jorge Batlle fotografiado por Julio Testoni, 2000
Julio Testoni
Lo importante, para el fotógrafo, es que quien tome la fotografía pueda interpretar o conocer cuál es la imagen de ese presidente. “Cualquiera de las fotos de los presidentes, tanto de nuestros presidentes actuales como la de Yamandú Orsi, la de José Mujica, la de Luis Lacalle Pou y todas esas fotos, las eligieron los presidentes, no la elige el fotógrafo. El fotógrafo es un intermediario para llegar a la imagen”.
Testoni fotografió a Jorge Batlle también con otro semblante. Un presidente serio, inmutable, solemne. Pero esa, señala, no era la esencia del mandatario. “Él era un hombre con un gran optimismo. Después le tocaron los siete apocalipsis juntas en el gobierno, pero era un hombre que transmitía certeza, seguridad y era un hombre de mucho humor. Entonces eligió esa, y fue esa”, dice Testoni. Inmediatamente agrega: “Yo hubiese elegido esa también”.
Testoni, medio siglo de "historia visual del Uruguay"
Julio Testoni lleva más de medio siglo fotografiando la historia del Uruguay. Cincuenta años en los vio cambiar el mundo a través del lente de su cámara, desde sus comienzos como reportero gráfico hasta su maduración como artista plástico.
“En ese transcurrir de la vida no te das cuenta de que desarrollaste un registro que forma parte de la historia visual del Uruguay, y mi padre venía de mucho antes”.
Su padre, Alfredo, lo hizo desde los inicios del siglo XX. Fotografió a Luis Alberto de Herrera caminando en su quinta y terminó su foto en el bronce de un monumento. Capturó el gol de Schiaffino en Maracaná y el hundimiento del acorazado alemán Graf Spee. Retrató a Joaquín Torres García y sus discípulos.
“Por el estudio desfilaron Wilson Ferreira Aldunate, Eduardo Víctor Haedo, Óscar Gestido. Desfilaron todos y mi padre ahí los documentó. En el libro de mi padre ves las fotos de estos señores jovencitos retrados en el estudio”, señala Testoni.
Junto con su hermano Héctor, Julio continuó con el trabajo de su padre en Testoni Studios. “Hay una familia fotógrafa Testoni que fue documentando toda la historia, más o meno, de todo el Uruguay”.
“Uno no se da cuenta, pero yo empecé a los 12 años y no paro de sacar fotos; de alguna forma voy registrando parte de la historia del país”, dice el fotógrafo que retrató tres períodos de presidentes colorados.