Charoná empezó a circular como una tira animada en las páginas de El Diario, perteneciente a la Sociedad Editora Uruguaya Sociedad Anónima (SEUSA), antes de convertirse en una revista independiente con los trazos de Boffano y el apoyo de Elmer Moreira, que hacía los dibujos finales y la rotulación. En 1971 se sumó al equipo Williams Geninazzio, mejor conocido como Gezzio, y le imprimió un nuevo carácter al personaje.
Charoná. Ilustración de Sergio Boffano.
Gentileza familia Boffano
El contenido educativo de la revista era el centro de la publicación, por lo que el equipo de trabajo también contaba con los guiones de Omar Prego Gadea y la asesoría pedagógica de varios maestros que redactaban artículos acompasados al programa de educación de Primaria. Una extensión del aula.
El periodista y escritor Matías Castro recogió en una nota respecto a los 40 años de la revista, que la publicación llegó a vender 76 mil ejemplares semanales y aseguró que durante su circulación protagonizó al menos 2800 páginas de historieta.
Charoná. Ilustración de Sergio Boffano.
Gentileza familia Boffano
Pero la vida de Charoná no fue únicamente gráfica. Sergio –el hijo del dibujante y el padre de los hermanos Boffano– adoptó al personaje familiar y lo llevó a la televisión en 1993. El rato de Charoná fue la primera intervención del indio en la televisión, con Luis Alberto Carballo encarnando una versión más adulta del personaje.
Federica y Mateo crecieron entre ejemplares de la revista. Cuando él nació, cuenta su hermana, Sergio agregó un personaje al universo de aventuras: Charonito.
Lo que era algo de todos los días con el tiempo se empezó a convertirse en un motivo de orgullo para los hermanos Boffano, cuando las maestras les pedían que llevaran las revistas a clase o cuando sus amigos querían conocer al mismísimo Charoná, que llegó a ser la mascota de la selección masculina de fútbol.
“Siempre fue un gran orgullo la creación de mi abuelo, todo lo que fue su historia, y el gran trabajo de mi padre que le dio un formato en la televisión e iba escuelita por escuelita rural llevando las revistas y haciendo giras con el personaje en el interior”, dice Federica, quien incluso llegó a trabajar junto a su padre.
La revista subsistió durante más de 40 años, en su última etapa como un suplemento de La República. Pero cuando dejó de salir de la imprenta, el personaje quedó en silencio. “Medio que nos olvidamos del tema. Simplemente acudimos a la nostalgia de las fotos y los cuentos que la gente nos repetía o algún video que salía cada tanto”, sostiene Mateo.
Hasta ahora. “Estamos tratando de despertar al indio”, dice Federica Boffano.
Mamá, papá, comprame Charoná
Mateo Boffano se sentó frente a la cámara de su celular y empezó a hablar. Grabó, nunca dijo que lo había hecho. Lo publicó en sus redes. El video "explotó".
“Hoy soy padre y quiero que Charoná vuelva, para una nueva generación. Busco animadores 3D, creadores de personajes y gente con ganas de sumarse a este nuevo equipo”, escribió en la descripción de la publicación. En cuestión de horas el video empezó a circular en internet y a acumular miles de reproducciones, impresiones y anécdotas en la sección de comentarios.
Un mensaje: Cuánta falta hace Charoná! Otro: Una revista para los peques que motive, enseñe, divierta y que sea bien uruguaya. Otro: Le contaba a mi hija sobre la revista Charoná, que sacaba información para la escuela sin necesidad de usar Internet, ella quedó asombrada. Uno más: Mi niñez en una revista.
De pronto su casilla de mensajes se llenó con más de 600 notificaciones, entre los que aparecieron profesionales de diversas áreas interesados en sumarse a la nueva vida de Charoná: desde ilustradores, animadores, biólogos, músicos, actores, científicos, desarrolladores. Y, claro, maestras.
Especialmente, maestras.
En un momento en el que la inteligencia artificial ha entrado en las aulas, los hermanos Boffano reciben la necesidad de volver a la materialidad de la información. “Lo que las maestras nos están suplicando que suceda es que haya contenido de calidad, que no sea ultra procesado y que no venga de la internet, y que lo puedan tocar”.
La idea de revivir al personaje infantil llegó a Mateo Boffano un día mientras reproducía canciones para niños en su auto con la esperanza de que sus hijas se durmieran en el asiento de atrás. Entonces, la figura que dibujó su abuelo volvió a su mente: ¿por qué no vuelve Charoná? ¿Por qué no traer de regreso a un personaje uruguayo, entre tantos dibujos en español neutro?
“No hay nada que a nuestros niños los haga sentir uruguayos, que les enseñe los paisajes de Uruguay, los animales de Uruguay o que a los más chicos directamente les enseñe simplemente a decir palabras. Que Charoná pueda abordar eso sería increíble”.
Su hermana, Federica, había regresado a Uruguay después de vivir algunos años en Estados Unidos con la misma intención: crear un contenido educativo para las infancias. Ella, dice su hermano, es el alma de Charoná.
“Entendemos que Charoná hoy puede estar más vivo que nunca, sentimos que falta y que puede aportar a los primeros años de los niños. Nos encantaría que sea parte de la diversión, del entretenimiento, pero también de su aprendizaje”.
En estos días están evaluando las diferentes propuestas y pensando juntos cuál será el mejor camino para esta nueva etapa de Charoná. Y si bien la primera idea fue llevar al pequeño indio al mundo digital y soltarlo en plataformas infantiles, la gente reclamó el contacto con el soporte físico. Ellos expresan, además, la intención de volver a poner en valor el trabajo del dibujante.
– Hay una tendencia mundialmente de que la IA está buenísimo, el celular está buenísimo, pero volvemos a algunas bases que fueron buenas y sabemos que son buenas.
– Hay países nórdicos que ya están volviendo a eso: al lápiz y el papel.
Mateo Boffano considera que "la ceibalita puso a dormir a Charoná", y su hermana asiente. La inclusión de la computadora por niño del Plan Ceibal relegó de alguna manera la experiencia de las revistas educativas. Pero dice que actualmente, una combinación del formato papel con una incursión digital puede ser ideal para volver a las aventuras del indio.
“Fue una herramienta increíble, pero lo mandó a dormir. ¿Quién iba a pensar que ahora íbamos a seguir leyendo en formato físico? ¿Quién iba a saber que nos íbamos a agotar de información? Una buena combinación entre los dos puede ser increíble”.
De cualquier manera, el primer paso en este proyecto es actualizar el personaje y hacerlo lo más fiel al dibujo que todavía vive en algún rincón de la memoria de los uruguayos.
"Nosotros vamos a querer hacer lo más aggiornado posible, manteniendo la raíz del dibujo del nono. Vayamos por donde vayamos”, aclara Federica y agrega: "Puede terminar en infinitas cosas: si nos vamos por la revista con una suscripción o si nos vamos por lo digital, si hacemos videos de YouTube, música, libros, obras de teatro”.
Detrás de la intención de volver a Charoná también está el recuerdo de un abuelo que hablaba con acento italiano, fumaba tabaco en pipa y los recibía con una sonrisa entre lápices y bocetos. "Mucha gente que nos escribe y nos cuenta anécdotas que nosotros no sabíamos con respecto a Charoná, pero también con respecto a nuestro abuelo”.
Serigio Boffano y su hijo, Sergio, en las oficinas de Charoná
Gentileza familia Boffano
Es por eso que parte de la búsqueda y el resurgimiento del personaje puede ayudarlos a responder algunas preguntas o reconstruir una parte de la historia familiar que el tiempo fue diluyendo después de la muerte de Sergio Boffano.
“Cuando nos hablaban del abuelo, nos hablan de Charoná y cuando nos hablan de Charoná, nos hablan del abuelo”.