1 de noviembre de 2026 5:00 hs

No es habitual ver a bandas que se hayan movido con la velocidad y el carácter prolífico de Filo. En más o menos dos años el grupo se formó, grabó su primer disco, tocó de forma recurrente dentro y fuera de fronteras y editó un segundo disco, que se presentará en sociedad este 6 de noviembre.

Presentación por duplicado, ya que ese mismo día el álbum estará disponible en plataformas y a su vez, podrá escucharse por primera vez en vivo en La Trastienda. Una decisión poco habitual (de nuevo, esa frase aplicada a Filo), pero que para el grupo tiene todo el sentido del mundo porque aseguran, eleva la potencia de todo lo que esa colección de canciones genera.

El catalizador de Filo fue Marcelo Fernández, guitarrista de Buenos Muchachos, que en este proyecto se encarga de ese instrumento y es, además, una de sus voces. Fue él, que al encontrarse con un grupo de canciones nuevas, decidió llevarlas a colegas para empezar este proyecto. Un proyecto que cuajó rapidísimo y que sigue fascinando a sus integrantes: su compañero de Buenos Muchachos, el guitarrista Pancho Coelho; la cantautora y guitarrista Alfonsina Álvarez, el bajista Francisco “Cototo” Cuello (parte de Croupier Funk y Latejapride) y su hermano, el baterista Rodolfo Cuello, y la tecladista Lali Gaspari, dueña de una carrera solista y además integrante de proyectos del indie montevideano.

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Ante la salida de Seis, el nuevo disco de la banda (la aclaración constante es que no es una reunión ocasional de músicos, sino una banda, y que funciona como tal), Cototo Cuello y Alfonsina conversaron con El Observador sobre el camino del proyecto y sus peculiaridades.

Hay un término que se ha usado bastante para describir a Filo desde que la banda salió al ruedo: “supergrupo”. Un término que no es tan habitual en la música uruguaya, además. ¿Cómo se llevan con esa etiqueta?

Alfonsina Álvarez: Para mí es divino. Si lo quieren llamar así me parece un honor tremendo. Lo que pasa es que nosotros somos como gente añejada (risas), profesionales con muchos años de trabajo arriba, entonces en ese sentido hay un acumulado que hace que la banda sea la unión y la suma de esa acumulación, que no son poco.

¿Sumar esas trayectorias y darle una identidad propia a Filo, que no sea solo “estos seis músicos que se juntaron a tocar” fue algo que les costó encontrar o apareció rápido?

Cototo Cuello: Apareció muy rápido.

AA: Filo se encuentra solo. No es algo que nosotros buscamos, es algo que permitimos que pase.

CC: De hecho es un encuentro con la música, el punto de encuentro es eso, que parece obvio porque es una banda. A lo que voy es que con Alfo ya tocaba de antes, nos conocemos hace años, pero con el resto no, pero aún así es igual, lo que pasa en los ensayos o lo que pasa cuando Alfo, Marcelo o Pancho traen alguna idea, que a veces son ideas que ya están pensadas, a veces no, es como que se conecta muy rápido y se trabaja muy rápido en pos de la canción, me parece que ahí es donde está esa cosa de tener años de trabajo, de experiencia. Todas las cosas son nuevas siempre, pero lo que te da la experiencia es poder conectar más rápido con algo que ya venís haciendo, o con una sensación, o con una canción.

AA: La experiencia hace también que no lo tengas que pensar tanto, que no lo estés calculando tanto. Tenés la confianza en tus compañeras y compañeros para las ideas del otro y la reacción un poco más aceitada. Eso te lo dan los años de trabajo y abrirse a lo nuevo. No ponerse muy neurótico con “Filo tiene que ser esto o tiene que ser lo otro”, sino “¿qué tenés? vamos, confío en vos y confío en mí”, entonces que surja algo que nos maraville a todos. Esa es la clave, si no nos maravilla, no llegamos.

CC: A medida que vas creciendo y agarrando experiencia querés eso de poder explayarte y buscar otros caminos, salir de vos mismo y jugar con otros.

Llegan a casa después de un ensayo, un show, lo que sea. ¿Qué es lo que dicen ahí en ese momento “esto solo lo encuentro en Filo”?

AA: Sin Filo hubiera dejado la guitarra eléctrica. Así nomás. La estaba dejando, estaba aburridísima. Pero Filo y sus canciones me dieron las ganas de tocar, y me sacan ideas que nunca me hubiera imaginado.

CC: La intensidad que siento cuando toco la canción, escucho la letra. Aunque sea una baladita, siempre hay algo. Incluso corporalmente me siento diferente. Cuando en un espacio hay varias personas sintiendo algo similar, todo se potencia. Y eso es una unidad. En cuanto los componentes terminan de entender que son una unidad, empiezan a cambiar las cosas un poco a todo nivel. Y eso es lo más difícil de una banda, entender eso. Entender que cada persona tiene sus problemas personales, sus egos, sus gustos. Pero en definitiva, lo importante es pensar en una unidad. Y Filo es eso.

¿Lograron entonces perder esa cuestión del celo de “esta idea es mía y se va a hacer así”, y poder compartir todo?

AA: A veces él o la compositora de la canción a veces tiene como un punto y medio, ¿no? En lugar de tener un solo punto, tiene un punto y medio en el voto. Puede plantear lo que se imagina con respecto al resto de instrumentos, pero después lo que la otra persona te va a devolver nunca es lo que vos tenés en la cabeza, sino que es algo que surge del recorrido de la otra persona. O de pronto el bajo y la batería se apropian de cierta parte de la canción y todos vamos a seguir lo que ellos están escuchando en su mente para que funcione.

Y en ese sentido, ¿la dinámica de banda la agarraron rápido también o eso costó un poco más?

AA: Eso fue impresionante por lo rápido.

CC: Nos impresiona a todos hasta hoy.

AA: Empezamos ensayando tres veces por semana, tres horas cada ensayo. Conversábamos poco. Vos te juntás con gente a tocar y tocás, y reaccionás al otro, y te vas encontrando, vas encontrándote a vos y el lugar que te deja el otro. Entonces como que no hubo que hacer algún tipo de lucha, fue “vamos a tocar”. Y surgió esto, y disfrutamos mucho de esa conexión. Fue algo que apareció ahí, porque nos juntamos ahí. Fue una conexión que permitimos que la música haga.

¿Eso se traduce en la decisión de ponerle Seis a este segundo disco, hay algo de “esto ya funciona como una unidad”?

AA: Hay mucho de eso, del pasaje al monstruo del seis cabezas.

CC: Otra cosa que te da la experiencia es saber manipular el ego, el decir “voy hasta acá”, saber cuándo dejar al otro. Entendés cuando no debería ser una lucha, y ahí las cosas van mucho más aceitadas. Eso lo aprendimos mucho con este proyecto, lo estamos aprendiendo y seguiremos aprendiendo. Pero el tener todas esas otras vidas que cada uno tiene, acá es donde ya sabemos cómo plasmar eso de cuando aplacar el ego y cuando no. En un momento de tu vida empezás a ordenar eso, tenés todo mucho más claro, incluso te enfrentás a situaciones en las que ya te viste antes, y ya sabés como reaccionar. O cuando no tenés que decir nada y cuando sí.

AA: Permitís que de pronto otro se haga cargo de la energía en ese momento, o te das cuenta cual es el momento para que tú te involucres. Y así va, como una nave de seis patas.

Un liderazgo repartido.

AA: Claro. Y aprender a hacer funcionar semejante familia es desafiante, como cualquier familia. Destruir es mucho más fácil que construir.

En los menos de tres años que tiene de camino la banda ya sacaron dos discos, tocaron mucho. Se han movido muy rápido. ¿Le encuentran explicación a esa velocidad?

CC: Trabajo. Y las ganas de estar arriba del proyecto, eso de “vamos, vamos, vamos” y ver que la gente se prende. Porque también puede pasar que se plantea una dinámica que capaz no se puede sobrellevar. Y que dentro de todo también es difícil, siempre que hay una intensidad, llamémosle luz, hay una contrapartida oscura. Es algo que está bueno traerlo a colación, porque estamos en un momento donde todo mundo quiere todo ya, y nadie se imagina realmente cómo son las cosas. Las cosas se hacen trabajando y poniéndole intención todos los días.

AA: Sorteando diferencias, obstáculos, incomodidades. Pero si creés realmente en lo que estás haciendo, lo vas a hacer. Si la fe afloja, no lo vas a hacer. Acá hay un componente de fe importante, de que sabemos lo que hacemos, porque nos conocemos entre nosotros. Sabemos que viene de lo profundo, no estamos bobeando con la música y Filo habla a veces de cosas fuertes, re profundas, muy comprometidas con el crecimiento, con la resiliencia, con las tragedias de la vida adulta. Una de las canciones del primer disco, Sin voz, narra un abuso sexual en primera persona de una forma muy frontal. Y todas las canciones tienen algo así, de mirar a la vida a la cara con sus bendiciones y sus maldiciones. Creo que tenemos confianza en que todos nosotros hemos atravesado cosas poderosas y experiencias desafiantes, y lo estamos poniendo en el proyecto. Y eso está buenísimo, porque es de verdad. Y eso da energía para el proyecto.

¿Y hace que la intensidad no te consuma, que sea una intensidad buena?

CC: Es que en un momento no sabíamos como manejarlo. Me imaginaba una bola de energía y decía “¿cómo agarro esto? ¿De dónde?

AA: (risas) A veces es mucho. A veces es “no doy más, es muy intenso”.

CC: No es para cualquier artista.

AA: Capaz no terminaste un show que ya estás gestionando otras cosas, mientras estás gestionando las sensibilidades de cada uno. Somos humanidades re encendidas, y hay una maraña de cuestiones, con el trabajo que lleva. Es desafiante pero estamos bien agarrados de la nave.

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