Una semana políticamente chata en lo local, donde todas las miradas estuvieron puestas en Brasil y Estados Unidos, tuvo como protagonista al prosecretario de la Presidencia, Jorge Díaz. Lejos del perfil bajo de antecesores como Rodrigo Ferrés, Miguel Toma u Homero Guerrero —quienes raramente salían del ostracismo administrativo—, el exjuez y exfiscal de Corte no duda en marcar la agenda pública con apariciones calculadas, dardos políticos y golpes de efecto.
Esta semana marcó la cancha al capitalizar el triunfo del Estado uruguayo ante el Tribunal de Apelaciones de París por el litigio de Aratirí. Sin embargo, la conferencia de prensa que encabezó en la Torre Ejecutiva tuvo un destinatario explícito: Luis Lacalle Pou. Por eso aprovecharé esta entrega de EnClave para hablarte del perfil que viene marcando el prosecretario desde el piso 11 de la Torre Ejecutiva.
Entre el asesoramiento legal y la rosca política
El prosecretario Jorge Díaz fue la cara visible del gobierno en el triunfo ante la justicia francesa, ya que confirmó la validez del laudo arbitral original a favor de Uruguay y dejó sin efecto las pretensiones económicas millonarias de los inversores indios que reclamaban US$ 3,5 mil millones. Además el tribunal ordenó a la contraparte el pago de más de US$ 4 millones por los gastos del juicio, más una sanción adicional de US$ 300.000 a favor de Uruguay.
En la conferencia de prensa que Díaz dio este jueves, después de que Búsqueda diera la noticia, dijo: “Revisen archivos y van a encontrar algunos agoreros, van a encontrar pronunciamientos de, entre ellos del expresidente Lacalle Pou, augurando que íbamos a otro juicio millonario por los errores del Frente Amplio. Ese augurio no se ha cumplido y Uruguay aparece como triunfador”.
Tras el regocijo y la piña agregó que eso era “lo menos relevante”. Fue muy notorio que el objetivo central de la conferencia de prensa había sido pasarle ese mensaje al expresidente. Además buscó cobrar cuentas en relación al expediente con la denuncia que hoy promueve contra el astillero Cardama y que le ha valido al oficialismo una ferrea disputa con la oposición, que viene pronosticado también que ese caso le traerá resarcimientos millonarios al gobierno.
El festejo oficial omitió, no obstante, el trasfondo de los llamados “paquetitos de Mujica” en el caso Aratirí. Tanto ese proyecto como el trunco Puerto de Aguas Profundas de Rocha fueron megaproyectos fallidos que no prosperaron por inviabilidad ambiental y económica.
Y aunque el prosecretario apuntó en esa conferencia a que la única demanda arbitral perdida recientemente por el Estado ocurrió bajo la administración de Lacalle Pou, lo cual es cierto —el revés del CIADI por Pluna obligó a desembolsar unos US$ 30 millones y eso pasó bajo la administración de Lacalle Pou— el origen de ese litigio radicó justamente en el descalabro de la liquidación de la aerolínea durante el gobierno de José Mujica.
En el piso 11 de la Torre Ejecutiva, Díaz ejerce un rol que desborda largamente lo técnico. Esta semana en una entrevista que dio al programa de streaming de El País, dijo que se concibe junto al secretario de la Presidencia, Alejandro Sánchez, como el “chapa, pintura y mecánico” de Yamandú Orsi: supervisa decretos, redacta normas, pero, por sobre todo, delinea la estrategia. Dijo que el presidente “a veces le hace caso, a veces no”.
Foto: Dante Fernández/ FocoUy
En ese sentido opinó que se debería podar la burocracia de Presidencia para crear un Ministerio de Justicia y Derechos Humanos y sacar de ese edificio el cúmulo de agencias y oficinas que se han ido creando y funcionan allí.
Donde se juega su partido más silencioso es en relación al bombardeo a la actual cabeza de la Fiscalía General de la Nación. Esa batalla por sacar a Ferrero y designar a un fiscal titular la encabeza desde la Torre Ejecutiva.
Sin embargo, no está claro que el presidente Orsi apoye esa estrategia, o al menos públicamente ha respaldado tres veces a Ferrero, la última en el acto por los 200 años de la Administración de Justicia, hace unos días, donde dijo que no existe apuro político para cambiar a Ferrero y que la prioridad actual pasa por resolver las vacantes en los distintos tribunales y en los organismos de contralor. Explicó que presentar un nombre en el Senado sin asegurar los votos necesarios (19 votos) implicaría un “manoseo” hacia la persona propuesta.
Díaz dijo exactamente lo contrario esta semana en El País. Opinó que el FA, que es mano, debería dar un nombre y que se discutiera en el Senado. De todos modos, públicamente se ha cuidado de no hacer declaraciones sobre el tema y ha optado por referirse en genérico a la necesidad de contar con un fiscal que reúna consenso, como en 2012 lo tuvo él.
La relación con Ferrero viene de larga data y si bien nunca fueron amigos no se puede decir que se llevaran mal. Supieron ser una dupla eficiente en los juzgados de Crimen Organizado, donde desbarataron redes criminales y procesaron por corrupción a la exjueza Anabella Damasco. Más tarde, fue el propio Díaz quien promovió a la fiscalía de Estupefacientes que tenia las grandes causas.
Pero se puede decir que el vínculo sufrió un quiebre cuando Díaz asumió la defensa de Orsi frente a la denuncia falsa inventada por Romina Celeste Papasso y Paula Díaz: Ferrero asignó el caso a Sandra Fleitas y desoyó los reclamos del exfiscal para apartarla. El encono pasó a todo el Frente Amplio cuando Fleitas fue designada al frente de Delitos Económicos y terminó imputando al exsenador Charles Carrera, tensando la cuerda entre la coalición de izquierda y el Ministerio Público.
¿Estratega o precandidato?
Desde filas opositoras, algunos fiscales y desde el gremio de abogados penalistas se cuestiona a Díaz (uno de los penalistas Juan Fagundez lo tachó de “prepotente”). Desde la oposición lo llaman “Rasputín” o “monje negro”. En entrevista con Todo un Tema, el streaming de El Observador semanas atrás, Díaz desestimó esos rótulos asegurando que son fantasías de relato político. Dijo algo así como que era hasta infantil pensar que una sola persona pueda estar detrás de todas las maldades que se pergeñan.
Tampoco ha ocultado su ambición política: si bien repite que acaba de aterrizar en la política orgánica y que una precandidatura para 2029 queda lejos y ni se le pasa por la cabeza, al mismo tiempo ya fijó el blanco de su disputa. Dijo que Lacalle Pou es el único aspirante firme de la oposición. "A Lacalle Pou yo le quiero ganar", le dijo a El País.
Ante el vacío que dejó la tríada histórica de Vázquez, Mujica y Astori, Díaz pregona un liderazgo horizontal para el Frente Amplio. Pero en el barro cotidiano de la Torre Ejecutiva, el prosecretario juega con agenda y libreto propios. Y, a juzgar por sus movimientos, ya empezó a pedir pista.