Uruguay registró en 2025 un récord de operaciones de capital privado. La noticia, recogida por Café y Negocios de El Observador a partir de un informe de Uruguay XXI, merece celebrarse. Pero el número también llama la atención por lo pequeño: 33 operaciones en todo un año, sumando adquisiciones, rondas de inversión y acuerdos de asociación empresarial. El mayor registro de la serie iniciada en 2015.
La cifra obliga a preguntarnos cuánto más podríamos hacer. Para un país que aspira a crecer, innovar y generar empleos de calidad, ¿estamos desarrollando suficientes caminos para que el capital llegue a las empresas?
Somos una economía pequeña y un relevamiento de operaciones identificadas no recoge necesariamente todos los negocios. También importan su dimensión y el valor que generan. La pregunta sobre las 33 operaciones expresa una ambición de país: que el récord sirva para elevar nuestras expectativas.
Conviene distinguir los instrumentos. Comprar una empresa, aportar recursos para su crecimiento y negociar sus acciones en bolsa cumplen funciones diferentes. Una adquisición puede incorporar tecnología, contactos y acceso a mercados. Una capitalización permite financiar nuevos proyectos. Un mercado accionario facilita que más inversores participen de la propiedad de las empresas y puedan transferir esa participación. Necesitamos que esas alternativas crezcan y se complementen.
Los datos del Banco Central muestran la dimensión del desafío. Durante 2025, las acciones negociadas en el mercado secundario sumaron apenas 47 millones de pesos uruguayos. El organismo describe una actividad de muy escasa significación. Hablamos de compraventas de acciones existentes, no de nuevas emisiones ni del valor de las empresas. Aun con esa precisión, el contraste resulta elocuente.
Podemos atraer operaciones importantes y mantener, al mismo tiempo, un mercado accionario reducido. Esa distancia merece una discusión más profunda sobre cómo financiamos nuestro desarrollo.
Para destacar, el 19 de octubre, durante el Día de la Construcción, el secretario de la Presidencia, Alejandro Sánchez, propuso crear un sistema y un fondo nacionales de infraestructura. También planteó desarrollar instrumentos para canalizar ahorro nacional hacia inversiones que mejoren la capacidad productiva del país. Es otra iniciativa que merece atención y cuyo diseño deberá concretarse.
La infraestructura y las empresas innovadoras tienen plazos y riesgos diferentes. Ambas necesitan proyectos bien evaluados, gestión profesional e información clara. Para atraer ahorro, las oportunidades deben resultar convincentes por sus propios méritos. Ahora bien, la tarea también está dentro de las empresas.
Recibir inversión exige ordenar información, explicar resultados, compartir decisiones y construir acuerdos entre socios. Una buena empresa necesita poder demostrar por qué lo es. La transparencia permite valorar sus capacidades y reduce la incertidumbre de quien considera invertir.
El número de operaciones no demuestra, por sí mismo, falta de transparencia. Sin embargo, Uruguay XXI identifica desafíos en la información disponible sobre transacciones privadas, la profundidad del mercado y la liquidez. Mejorar esas condiciones ayudaría a que más oportunidades fueran conocidas, evaluadas y financiadas.
También debemos preguntarnos cuánto invertimos en equipos profesionales. Finanzas, estrategia comercial, asuntos institucionales y capacidad de gestión forman parte del crecimiento de una empresa. Preparar un presupuesto confiable, ordenar contratos o diseñar una expansión internacional requiere tiempo y conocimiento.
PwC observa una mayor profesionalización de las operaciones de fusiones y adquisiciones en Uruguay, con una participación creciente de asesores especializados. Es un avance. El desafío consiste en extender esa preparación y comenzarla antes de que aparezca un interesado. Los equipos profesionales deben ayudar a construir valor durante años.
El venture capital, o capital de riesgo, aporta otra pieza. El informe de Uruguay XXI recoge una estimación de US$ 40 millones invertidos en Uruguay mediante 12 operaciones durante 2025, excluyendo deuda de riesgo. Es un segmento específico, distinto del relevamiento general de 33 transacciones.
En inteligencia artificial, biotecnología y otros sectores innovadores, el capital necesita paciencia, conocimiento y capacidad de asumir pérdidas. Un buen socio también aporta experiencia, contactos y acceso a clientes. Por eso importa acercar universidades, centros de innovación, empresarios, gestores de fondos y redes internacionales.
Los encuentros entre emprendedores e inversores pueden iniciar ese vínculo. Después viene el trabajo decisivo: evaluar proyectos, preparar equipos, estructurar acuerdos y acompañar la ejecución.
Las 33 operaciones son una buena noticia. Que constituyan un récord debería movilizarnos. El próximo salto debe encontrarnos con un mercado más amplio, más empresas preparadas y más uruguayos participando del desarrollo del país.