Una sociedad que pierde confianza en sí misma también pierde energía para crear, innovar, emprender y producir.
Mientras, muchas veces, seguimos atrapados en la coyuntura, el mundo redefine silenciosamente sus nuevos centros de poder.
Tal vez su mayor legado radique en haber logrado que millones de personas volvieran a reflexionar sobre el sentido de la vida, el poder y la felicidad.
La creación de un Centro Nacional de Inteligencia Artificial no es un anuncio más: es una señal de hacia dónde quiere pararse el país en la economía que ya empezó.
Seguir esperando que el tiempo o el contexto resuelvan lo que el país no encara es, en el fondo, una forma de resignación. Y Uruguay ya no está en condiciones de resignarse.
Más allá del ámbito eclesiástico, el fenómeno refleja una tendencia más amplia: la necesidad de todas las instituciones de reconfigurar sus estrategias de comunicación.