En entrevista con El Observador, Díaz repasa su relación con el lobby político, reconstruye su acercamiento a Orsi y revela conversaciones clave con Mujica en su chacra de Rincón del Cerro. El prosecretario se explaya sobre casos sonados como el de la ex vicecanciller Carolina Ache y la denuncia falsa a Orsi, al tiempo que ahonda sobre los nudos del gobierno en torno a la seguridad y la Fiscalía.
También refiere a su pasado comunista, su presente dentro del Frente Amplio, así como a su condición de masón “en sueño” y a su fe religiosa.
Cuando lo designan fiscal de Corte en 2012, que venía de ser juez de Crimen Organizado, ¿estaba familiarizado con ese contacto con los despachos de los legisladores? En sala lo defendieron de los tres partidos: Lucía Topolansky, Gustavo Penadés y Pedro Bordaberry.
No. Siempre tuve un buen vínculo con todos como juez y participé de diferentes comisiones creadas por el Poder Ejecutivo o por el Poder Judicial. Ahí vas generando vínculos con un montón de parlamentarios. Pero era esporádico. Ya como fiscal de Corte tenés un relacionamiento continuo. El Parlamento te convoca por distintos proyectos y empezás a ser una figurita repetida.
Fue juez en varias localidades de Canelones. ¿De ahí viene el contacto con Orsi?
Lo conozco de la época de fiscal. Hablé varias veces con él por algunos trámites de la Fiscalía y después tuve algunas reuniones, como tuve con otros intendentes en las recorridas por los departamentos.
Depende del grado de confianza, en algún caso terminabas comiendo un asado. Recuerdo haber comido unos cuántos asados con Sergio Botana (Cerro Largo), pero lo conozco desde que era niño. Con Yamandú en alguna oportunidad sí comí un asado y seguramente con alguno más.
Para ser designado fiscal, ¿tuvo que comer algún asado con los representantes de los partidos?
No, eso no. Sí tuve reuniones con senadores designados por sus respectivas bancadas.
¿En qué momento se gestó su perfil como alguien cercano a Orsi? En el caso de Gabriel Oddone, el vínculo se empezó a cultivar años antes.
Con Orsi muchas veces tuve largas charlas sobre el tema seguridad, sobre el acceso a la justicia y la defensa nacional. Esos temas siempre le preocuparon. Yo era fiscal y él era intendente. Él tenía una muy buena relación con el jefe de policía de Canelones, Víctor Trezza y siempre tuvo un vínculo muy cercano con la autoridad policial. Luego teníamos amigos en común, como Ernesto Tulbovitz e Ivo González, que es un abogado de Pando muy amigo mío y que tenía un vínculo con Yamandú.
Dijo que estaba cómodo en la actividad privada. ¿Cuándo supo que iba a tener un rol cercano a Orsi?
Hace muchos años estaba terminando mi mandato y en una reunión me dijo: "Yo voy a ser presidente y te quiero al lado mío"; o "quiero que estés en la foto". Me llamó la atención la convicción con la que lo dijo. Yo le dije, "mirá, no sé qué va a pasar con mi vida mañana", porque empezaba el ejercicio de la profesión de abogado. Esa charla quedó por ahí. En la actividad privada él me invitó a reuniones con la participación de otra gente para hablar de temas de seguridad, defensa, inteligencia. Empecé a participar de reuniones donde se iban discutiendo diferentes aspectos para desarrollar un plan de acción, conjuntamente con otras personas que luego ocuparon responsabilidades.
No era un vínculo cercano. El vínculo se cierra cuando aparece la denuncia falsa. Fue un desafío profesional muy grande, porque era un hecho de naturaleza delictiva que prescribía a los dos meses y medio de hecha la denuncia, en plena campaña electoral. Teníamos el enorme desafío de demostrar, no que Orsi no era culpable, sino que Orsi era inocente, porque si se archivaba por prescripción siempre iba a quedar la duda.
¿Es verdad que había un equipo de como 30 personas trabajando en eso?
No, un equipo de como 15 personas que desarrollaron investigaciones en diferentes áreas. Y había un equipo de cuatro abogados trabajando en forma permanente. La doctora (Marina) Morelli desarrolló un trabajo de investigación para entrevistarse con todas las personas trans que hubieran realizado trabajo sexual en el Parque Roosevelt en la época de la denuncia. A través de eso, que Marina recorrió absolutamente todo el país, teníamos horas de entrevista con una finalidad muy concreta: demostrar cómo funcionaba el sistema de las trabajadoras sexuales que estaban organizadas en el Roosevelt; habían ocurrido dos homicidios en esas fechas por razones de seguridad ahí no entraba cualquiera a trabajar, sabían perfectamente el nombre de cada una. Ahí teníamos la certeza de que la denunciante nunca había desarrollado trabajo sexual en el Parque Roosevelt. Tenemos más de 30 testimonios. Todos la conocían y la ubicaban de la calle 8 de Octubre. Son tareas de investigación que la defensa puede hacer, sin vulnerar el derecho a la intimidad de las personas.
Cuando a vos te denuncian, y dicen que sos un trabajador corrupto, que manejás ebrio y en un auto oficial en horas de la noche con fines particulares, que pagás por sexo con una mujer trans, y que además tenés poca virilidad y sos violento –porque en la misma frase estaba todo eso–, evidentemente buscaba generar un daño en plena campaña electoral que realmente no ocurrió porque se pudo demostrar que era falso. Sobre todo la carga sobre la persona desde el punto de vista personal o familiar.
El vínculo durante ese periodo de tiempo se hizo mucho más estrecho. Además de que es tu cliente, es una persona que ya conocés, con la que tenés un cierto grado de amistad, y empezás a hablar tres o cuatro veces por día. Ya era muy difícil pararse desde otro lugar y era complicado decir que no. Más cuando en el medio entre la primera y la segunda vuelta el viejo (José Mujica) te invita a tener una charla y te pregunta: "Díaz, ¿usted va a jugar o no va a jugar?". Esa convocatoria a la chacra, con Pepe ya enfermo, y la pregunta muy al grano, no admitía una respuesta de: "Lo voy a pensar". Ahí dije que sí.
¿Fue su punto de quiebre?
Yo lo había hablado con mi familia y con mis socios. Mi hija Julieta, que es la más Díaz de las cuatro Díaz, me dice: "El único que decía que no sabía qué ibas a hacer eras vos, porque todos los demás sabíamos ¿Qué querés que te diga? Si todos sabemos que vas a decir que sí".
Yo me fui muy quemado de la actividad pública. Incluso tuve consultas por si no había padecido un burn out en algún momento, y se descartó. Había asegurado que no iba a volver. Pero el hombre es el hombre y sus circunstancias. Fueron tres años de oxigenación, de trabajo en la actividad privada, que me gustó, que trabajaba con amigos en un lugar hermoso. Costó la decisión por eso, pero acá estoy.
En aquel caso hablaron de que había alguien más detrás de la denuncia a Orsi, que lo estaban "esmerilando", que era una estrategia de los servicios de inteligencia. ¿Tenían algo?
Yo tengo la convicción de dónde salió todo esto, pero no la puedo probar, entonces no puedo decirla.
¿Involucra al Estado con los servicios?
Después de 30 años de juez investigando, de fiscal, de abogado, de conocer el mostrador de los tres lados, de conocer cómo funcionan los servicios y la policía, algo de olfato –por no decir mucho– tenés. Pero yo hablo con pruebas, porque además podés estar equivocado.
¿El caso con Carolina Ache se puede identificar como un acercamiento al círculo de Orsi? Cuando salta la bomba el primero que sale a hablar es "Pacha" Sánchez. ¿Ya estaban coordinando?
No, porque... A ver, con el Pacha vengo hablando hace muchos años. Si habremos comido algún asado que otro. Las reuniones de los "Jueves santos", como le llaman ellos.
Carolina Ache llega como clienta al estudio a través de un amigo en común, que no tiene nada que ver con lo que se ha publicado sobre (que fue Pedro) Bordaberry. Esta persona, un empresario, no quiere ser identificada, pero me llama un domingo y yo estaba en mi casa haciendo bicicleta fija. Me dice: "Te va a llamar una persona que necesita tu servicio, por favor te pido que la atiendas y en lo posible tomes el caso". Cuando me dice quién es, quedé medio duro porque no entendía nada. Yo no tenía ningún vínculo. Empezó un contacto estrictamente profesional, primero con Carolina y luego en otros asuntos con Tomás (Romay), su esposo, como producto de esa primera cosa.
Fue una clienta, como otros que tuve a lo largo del ejercicio de la profesión. La estrategia elaborada fue pensando siempre en la mejor postura desde el punto de vista procesal para ella. Obviamente siempre decide el cliente. Por ejemplo, en el caso de Yamandú, cuando la fiscal reserva toda la investigación, con cualquier otro cliente yo le hubiera pedido al juez de garantía que la levantara, pero acá era exponer a un candidato que estaba en plena campaña electoral a llevarlo al juzgado. Entonces preferimos que no. Ahí lo político intercede o marca la estrategia como abogado. Con Carolina también pasaba algo parecido. La estrategia culminó con el archivo de la investigación de la expedición del pasaporte y con una denuncia que ella presentó que anda languideciendo ahí por los juzgados.
¿Usted pone las manos en el fuego que luego no intervino para que fuera enviada como embajadora a Portugal con este gobierno?
No, yo no intervine. Fue una decisión del presidente Orsi. Es más, cuando me entero de que efectivamente la iban a proponer, me quedó claro que desde el punto de vista político los palos me los iba a llevar yo. Pero cuando manda capitán, no manda marinero. Como decía el viejo Pepe, en política lo importante no es saber pegar, sino tener espalda para aguantar.
Ha dicho que tiene ideas socialdemócratas, que en España votaría a Pedro Sánchez y a Lula en Brasil. ¿Dónde se ubicaba en el espectro del Frente Amplio?
Tuve un origen nacionalista, como todos los que nacemos en Cerro Largo. En esa época del liceo, en plena dictadura, para toda la juventud de todos los partidos, Wilson era un referente y como dirigente tiene que seguirlo siendo. En facultad, me volví frenteamplista e ingresé a la Juventud Comunista. El Partido Comunista venía de la clandestinidad, del exilio, de la cárcel. Había como una épica muy fuerte y fuimos muchos los jóvenes que ingresamos. Hasta que en determinado momento te das cuenta de que ese no es tu lugar. Por suerte no se me cayó el muro de Berlín en la cabeza, porque dejé de militar unos meses antes. Toda esa construcción respecto de la URSS no era compatible con mis ideas. Quedé como frenteamplista independiente. Más adelante ingresé a la judicatura, y a partir de ahí no tuve ninguna participación política por 30 años. No venía ni a la marcha del 20 de mayo, porque me tomaba al pie de la letra la prohibición constitucional. Siempre voté al Frente Amplio. Voté a la 1001 en el '89, a Asamblea Uruguay, a la Vertiente Artiguista, 99000, la 609.
¿Y hoy se lo puede identificar más cerca del MPP por estos vínculos?
Sí y no. No integro el MPP, no soy anti MPP tampoco, tengo muy buenos amigos y excelentes compañeros. Después que dejé la Fiscalía, me reuní muchas veces con Pepe. En su momento me llamó por el proceso de Lula y cosas que no entendía. Pero no eran cosas puntuales de actualidad, eran más bien temas filosóficos. Recuerdo frases célebres de él: "Díaz, esto es política, no es un concurso de oposición y mérito. La política se gana con votos, no con currículum".
¿Qué imagen cree que tiene entre los frenteamplistas, más en este contexto de enojo con el gobierno?
Estoy recorriendo el país y voy a seguir yendo a todos los centros Ciudadela, porque es un tema que me preocupa muchísimo, el uso problemático de drogas sobre todo en los jóvenes y en lugares muy cerca de Montevideo. En Sauce me comentaban que no hay lugar donde hacer deportes; lo que sí tienen obviamente son whiskerías, con maquinitas, el consumo de alcohol desde edades tempranas. Me interesa conocer esa capilaridad del territorio.
Soy padre de cuatro mujeres, dos de ellas jóvenes y dos que todavía son niñas, y me preocupa muchísimo qué piensan. Una amiga me hablaba hoy de que los dos venimos del interior profundo, que pudimos salir adelante y hacer carrera, y eso de: “¿Cómo, si nosotros pudimos, ahora que hay más facilidades no pueden?”. Hay como una crítica al joven. Y ahí tenemos que tratar de entender qué pasa. En Sauce, en lo que va del año, hubo tres suicidios de adolescentes.
En esta situación de los trabajadores de Canal 12, con la crisis económica que hay, que alguien se quede sin trabajo es lo peor que le puede pasar a un ser humano. Pero la tecnología está sustituyendo mano de obra a pasos agigantados en el mundo. Y es verdad que se están creando nuevos puestos de trabajo, pero no van a ser ocupados por los desempleados de ahora. Ese es un tema que los estados tenemos que tomar y los dirigentes políticos deberíamos estar preocupados por eso.
Estuvo este primer año de gobierno centrado en los temas del derecho. ¿Esto significa que le interesa tener otros temas?
Sí, pero hasta por curiosidad. Soy un trabajólico. Soy una persona sistemática, ordenada, con método para hacer las cosas. Tengo un orden hasta para leer los libros. En mi primer año ordené la agenda en función de los compromisos que me fueron asignados: la ley de Lavado, todo lo que tiene que ver con la Junta de Drogas, Fondo de Bienes Decomisados, Ministerio de Justicia, CPP.
Con la Secretaría de Derechos Humanos habíamos planteado desde el inicio la necesidad de la unificación; no se optó por ese camino y ahora, ante una determinada situación de crisis, se optó por el camino de unificarla.
Ahora empiezo a ver aquellas cosas que siempre me interesaron: consumo problemático de drogas, en cárceles, en calle, en jóvenes, la tarea de atención y de prevención. Y esto con un equipo joven altamente capacitado, todos profesionales universitarios, que me hicieron el honor de integrarse y que están permanentemente planteando cosas.
¿Desde el rol de prosecretario? En un momento se habló de que podía ser temporal.
Eso depende del presidente de la República. Soy un soldado. En la radio pasillo se dicen muchas cosas, pero la realidad es que hasta ahora no me ha planteado absolutamente nada y ese día lo voy a pensar con la seriedad que corresponde. Y si me tengo fe... la verdad que me tengo una fe bárbara para hacer muchas cosas, pero algunas claramente no son de mi expertise.
¿En qué tiene pensado, si se tiene una fe bárbara…?
No, no... Esperemos si pasa, cuando pase, qué es lo que pasa y ahí hablamos. Ahora estoy concentrado específicamente en estos temas. En su momento fuimos criticados porque convocamos a las diferentes iglesias o congregaciones religiosas que trabajan en la materia y algún palo me ligué, porque hice un discurso sobre la laicidad y la necesidad de la complementariedad. Y lo suscribo íntegramente con todas sus letras. El fenómeno es tan fuerte que necesitamos todos los uruguayos unirnos en esto.
Volviendo a la pregunta inicial, ¿cómo cree que lo ven los frenteamplistas?
A ver, no sé. La experiencia que tengo en esos mano a mano es que me va bien. Obviamente hay frenteamplistas enojados. Pero también valoran mucho quien va y da la cara, y acepta la crítica. Yo siento que hay empatía. Es verdad que sos un tipo que no viene de la política tradicional, de la militancia, de ocupar diferentes cargos... Eso también es un desafío para mí. Es una rendición de cuentas que es una obligación ética y política, pero también una forma de legitimar mi trabajo. No participé en la campaña electoral y no fui candidato; pude haberlo sido, no quise serlo. No estoy acá por los votos, estoy acá por la confianza del presidente de la República. Pero mi responsabilidad también es con los frenteamplistas.
¿Se cortaron los puentes con la oposición? Bordaberry lo llegó a mencionar en campaña como alguien a convocar. Hoy lo tienen como el que está preparando el carpetazo para golpear al adversario.
No tengo preparado carpetazo ninguno. Un exsenador me dijo una vez que me pusieron para investigar a Lacalle Pou. Me causa gracia. Veía la imagen con una gabardina, sombrero y lupa buscando en la Torre Ejecutiva qué nos dejó Lacalle Pou. No voy a quitarle la importancia a su liderazgo, pero nosotros vinimos a gobernar y eso implica hacer y construir. Si en el camino encuentro una, no esperes que te la perdone. Como no me la vas a perdonar vos a mí, si efectivamente eso implica un hecho irregular. Pero después creo que la única forma de construir es en el debate de ideas.
A veces los políticos estamos preocupados por nuestros egos en discusiones de ringui ranga, y discutimos cosas que a la gente no le importan. Vamos a hablar de los temas que a la gente le importan: seguridad, la gente en calle, empleo, salario. Podemos decir que el salario subió 2,3%, las jubilaciones 5%, el desempleo bajó un punto. Pero lo que pasa es que el 2,3% de $25 mil son dos mangos y que la desocupación haya bajado un dígito... andá a contarle a la gente de Treinta y Tres o Cerro Largo que tiene dos dígitos.
¿Y es eso en lo que se juega la desaprobación del gobierno? Desde el oficialismo se construye un relato de que se está con mejores números, inflación baja, crecimiento salarial, pero es un porcentaje menor para mucha gente.
Lo entiendo... pero en el quinquenio anterior el salario se redujo. Y la inflación era más alta y la deuda subió. Cuando asumimos íbamos poco menos que a la recesión. La realidad es que el empleo subió, el desempleo bajó, el salario real subió, las jubilaciones subieron. Ahora bien, ¿es suficiente? No. Tenemos que rompernos el alma para generar más inversión. Generar más empleo sobre todo donde la desocupación es más alta. O en el tema seguridad, que sin duda alguna hay que laburar muchísimo más.
Orsi dijo toda la campaña que el ministro del Interior tenía que ser un "ministro político". Y terminó optando por un fiscal que no viene del círculo político. ¿Esa fue su mano?
No. Lo que pasa es que lo que se hablaba en aquel momento –si no me falla la memoria– era si tenía que ser un policía o un político. Y Carlos Negro, policía no es. El ministro del Interior es el ministro político por naturaleza. Evidentemente tenemos un ministro que es más técnico que político, pero bueno, tendrá que acelerar el proceso de formación política. Carlos tiene una gran experticia de trabajo con la policía como fiscal. Y ha tenido algunos avances importantes. La realidad es que la seguridad sigue siendo el principal problema para todos los uruguayos. No le hemos dado en la tecla. Y hablo de todos. Los números siempre han ido empeorando, sobre todo la tasa de homicidios. Las denuncias de algunos delitos han bajado, porque para ser científicamente objetivos tendríamos que hacer encuestas de victimización más periódicamente. En las denuncias siempre hay una cifra negra.
¿Usted se siente seguro, por ejemplo?
Nos pegó de lleno en el ámbito familiar. Que a la madre de tus dos hijas mayores la hayan asesinado delante de ellas, no hay nada más atroz que eso. Durante mucho tiempo no nos sentimos seguros. Durante mucho tiempo, cuando una de mis hijas iba caminando del lado de la calle y sentía una moto, se pasaba automáticamente para el otro lado. Y hace un año me pusieron un revólver en la cabeza. De todas maneras soy un privilegiado, vivo en un barrio bastante seguro, tengo la posibilidad de tener medidas de seguridad en mi casa. Pero tenemos una tasa de homicidios muy alta, demasiadas armas y municiones en la calle, organizaciones criminales que resuelven sus conflictos por la fuerza. Evidentemente que tenemos que dar un giro y en todo el sistema político deberíamos dejar de pensar la seguridad como un botín y sentarnos a pensar en cuáles son las soluciones de consenso.
Algunas políticas han fracasado. Cuando empezó el CPP tuve una discusión muy fuerte con Bonomi porque él atribuía el aumento de las rapiñas a la disminución de presos. Pasamos de 11 mil presos a 10.200 los primeros meses. Pero el mismo código hoy tiene 17 mil privados de libertad. Vaya código "pro delincuente". Queda claro que no es la solución porque seguimos multiplicando la cantidad de privados de libertad y los delitos se mantienen, o suben, o tienen pequeñas bajas.
Ahora se está llevando adelante un Plan Nacional de Seguridad. Acá no hay Harry Potter o varita mágica que resuelva el problema. Es un trabajo a largo plazo, no solo de la policía sino de diferentes instituciones del Estado, con cuestiones que tienen que ver hasta con la urbanística, la iluminación de la calle o hasta el diseño de la parada.
La Fiscalía es un actor clave también. ¿Por qué no se respalda a Ferrero, si hay un consenso en la oposición?
Queremos designar a un fiscal de Corte que reúna consenso o que tenga las mayorías necesarias. Quien designa al fiscal es el gobierno, no el Parlamento.
¿Y cuál es el problema? Cuando usted estuvo en Fiscalía, ella no era de un bando contrario a su figura.
Yo no tengo ningún problema personal con ella. Lo que no aceptamos, ni vamos a aceptar, es una imposición. Tiene que haber una negociación. Pero cuando me decís "esto o nada", es una imposición. Termina siendo aceptar que la oposición designe al fiscal de Corte. Es una actitud, con todo respeto, arbitraria, incluso despectiva respecto de otros fiscales que también podrían perfectamente ocupar el cargo de fiscal de Corte. Además genera una situación de irregularidad, de permanencia en la Fiscalía de una persona que nadie votó para ocupar ese cargo. Al adjunto por lo menos lo votaste sabiendo que en algún momento iba a quedar como fiscal de Corte. Pero la doctora Ferrero simplemente está ahí porque es la más antigua.
Usted es masón de la logia José San Martín n° 139. ¿Pidió licencia?
Estoy en sueños.
¿Eso le generó algún puente con la política?
Ninguno.
Biblioteca de Jorge Díaz en el despacho del piso 11 de Torre Ejecutiva
¿En qué le aporta?
Tenés que entender qué implica ser masón, que es mucho más profundo. Más allá de estar en sueños, yo mantengo mi lealtad a los principios de libertad, igualdad y fraternidad de la Masonería. Pero nunca mi pertenencia a la Masonería fue determinante para ocupar ningún cargo, porque ingresé a la institución ya siendo fiscal general. Mi cercanía obedece a cuestiones filosóficas.
Yo tengo formación católica. Fui bautizado, hice la primera comunión y fui confirmado. Tuve el privilegio de conocer al Papa Francisco y espero conocer al Papa León. Lo único que lamento es que cuando conocí a Francisco, mi madre ya había muerto, porque se hubiera muerto de la emoción. No soy un católico practicante, pero mis hijas van a un colegio católico y soy creyente. Alguien podrá decir, te contradecís. Como dice Walt Whitman: "¿Me contradigo? Pues sí, me contradigo. Soy inmenso, contengo multitudes". Soy un crisol de muchas filosofías, de las cuales no me siento para nada contradictorio.