Para entonces, Luana había aparecido como una estela en el firmamento de la plena. Una voz privilegiada que con apenas 16 años capturó de inmediato la atención del público que bailaba sus canciones en cualquier rincón de la ciudad. Pero tuvo que parar, en lo que fue el silencio más difícil de su carrera.
Entonces anunció su regreso.
Sábado 17 de octubre de 2026. 12:58 a. m. Luana vuelve a aquella publicación: Qué lindo poder decir que mañana cumplo 25 años y cantaré en un Antel Arena agotado con mi propio show. Que loco todo. Gracias.
Entre ambos mensajes, pasaron siete años en los que Luana regresó al firmamento de la música nacional. Empujó las fronteras del género, cantó entre rockeros y murguistas, llevó su música a cada rincón del país, recorrió la frontera y la traspasó, colaboró con artistas constitutivos de la música uruguaya, cantó el himno nacional, se convirtió en figura televisiva y en empresaria. Compuso y grabó un disco en el que convive una plena mestiza con referencias propias de esta tierra.
Ese disco, que esta noche presenta en su espectáculo más grande hasta ahora.
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Una niña de pelo negro se dibuja en la pantalla. En medio de un cuarto de paredes rosa donde cuelga un poster de Justin Bieber, un cepillo que se convierte en un micrófono imaginario. La alegoría de aquella niña que creció en Colonia y cantaba frente al espejo antes de cantar en la iglesia junto a su padre o incluso frente a la cámara de su computadora para subir a Youtube. Todo empieza desde el comienzo.
Cuando las luces se encienden la extensa banda de Luana –que esa noche recorrerá géneros sin esfuerzos– se descubre en dos niveles. Arriba: percusión, timbales y tumbadoras. Debajo, una alineación de vientos, teclado, bajo y guitarra eléctrica.
Ella –pelo negro hasta la cintura, conjunto de lentejuelas fucsia y botas de cuero sobre los muslos– aparece en medio del escenario y el público enloquece. Lo siento, una de las canciones de aquella primera etapa en la que con 16 años hizo mover las caderas de una generación, abre el show.
No luchar por lo que quieres solo tiene un nombre y se llama perder.
“Gracias por esta noche, hagamos que sea especial”, le dice a la gente que llenó el recinto y se puso a bailar. “Una lo piensa pero cuando pasa… No seas malo, Luana estás re loca. No puedo tomar dimensión de la cantidad de gente que hoy está acá".
Oncemil, Amarte no se olvida, Inocente, A chillar a otra parte, Si tu sabes se suceden para transformar en la pista de baile más concurrida de la capital. La gente baila y canta a los gritos, le desean feliz cumpleaños, le ofrecen carteles de felicitaciones con su cara junto a la de Juana de Ibarbourou. Luana es la primera uruguaya en llenar el recinto, bailando plena.
“Y decían que no se podía en Uruguay, ¡mirá lo que es esto!”, dice ella, iluminada por las linternas de los celulares del público. “No sé cómo agradecerles esto. Me tengo que tomar un mate con cada uno”.
Entonces canta Mi Primer Amor, esa canción que edificó el regreso de la artista a los escenarios, como un agradecimiento al público que la acompañó, la esperó y la llevó hasta allí.
Ahí están siempre a mi lado
Incondicional
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Icónica, la canción que da nombre a su primer disco, la encuentra suspendida en el aire. Colgando desde el techo del Antel Arena, Luana aparece vestida en el sobretodo turquesa metalizado que luce en la tapa del álbum. Como la protagonista de una misión que parecía imposible, desciende hacia sus bailarines mientras suenan las aspas de un helicóptero.
Camino firme, yo, no sigo huellas
Dejo mi pisada, yendo a las estrellas
De cada sombra hago una constelación
Mi nombre como descripción de revolución
El valor de sobresalir de la medianidad calma que aparenta el Uruguay. Porque Luana es una estrella pop. Pop-plena. Una mujer que no tiene reparos al sobresalir, y llevar con ella a otros: a los músicos, a los bailarines que se despliegan durante las dos horas del espectáculo, a los diseñadores nacionales que la visten.
Cuando se baila la plena empieza a sonar y ella aparece en la pantalla atravesando un campo hasta entrar en un museo donde versiones artificiales de músicas nacionales como Amalia de la Vega, Laura Canoura, Marihel Barbosa o Miriam Britos aparecen dentro de marcos dorados. Un reconocimiento a aquellas mujeres que abrieron el camino.
Aparece nuevamente en el campo, sentada en una reposera corriente mientras mueve el dial de una radio antigua y chupa de una bolsa de plástico un jugo de colores. A su lado, el helicóptero estacionado. La radio navega entre publicidades de comienzo de siglo que la gente corea desde la memoria y declaraciones memorables en la vos de Lugano, evidenchimenchi. Hasta que la profundidad de la voz de Alfredo Zitarrosa da lugar a Voce, una mezcla de plena y funky que la lleva a la frontera norte con la introducción de El violín de Becho.
El show de Luana no tiene nada que envidiarle a los espectáculos internacionales que han llegado al recinto. Ni es un show enlatado, predeterminado, repetible. En un código local, nacional, Luana construyó un espectáculo a medida de un publico que se ve identificado en las fachadas de las casas que aparecen en las visuales, que entiende el lunfardo y que se ve representado en el código de su vida.
Entonces sube el primer invitado al escenario. Tao –6 años, remera Icónica y cascos sobre los oídos– corre hacia su madre. “Otra parte de ser icónica, ser mamá", comenta la cantante antes de que Amor Verdadero empiece a sonar.
Me diste esas ganas de vivir
De buscar una buena razón
Para cuidar a este pobre y buen corazón
Se miran a los ojos y cantan. Por un momento ella ofrece parte de su intimidad a su público. Tao baila y aplaude mirando a las miles de personas que están ahí para ver a su madre cantar.
Cuando regresa al escenario, Luana está cubierta por un traje de murga. Uno de los inconfundibles vestuarios de Agarrate Catalina, la murga de los hermanos Cardozo que sube al escenario para hacer los coros de El Camino, la canción que ella escribió en largos kilómetros de gira por las carreteras de esta penillanura levemente ondulada.
“Lo importante del camino es no parar, no darse por vencido nunca porque nunca sabes a dónde te puede llevar. Si a alguien le sirve esto que estoy diciendo, por favor no renuncien al camino. A veces parece que no, porque pueden encontrarse con algunos pozos, pero después pueden encontrar cosas como esta”.
Luana no habla en singular. Y no suena como una falsa modestia, sino como un reconocimiento de que esa es una hazaña colectiva.
En Siento el calor vuelve la plena pero también entra el candombe con una cuerda de tres tocadoras que la acompañan mientras completa el look con un espaldar de plumas y estrellas plateadas.
Al final de la pasarela que se introduce entre la gente, aparece con un vestido blanco para hacer una versión acústica en homenaje. “Me va a costar un poco esto”, advierte mientras se ubica entre los músicos que la van a acompañar en un homenaje a Ruben Rada.
“Hay muchas personas importantes en mi vida, él fue una gran persona que llegó al camino. Lo que ha dejado para nosotros y nosotras es muy importante, ojalá que sigamos estudiándolo y recordándolo. Si nos estás mirando negro, esto es para vos”, dice antes de contener apenas la emoción al cantar Para tu amor.
Te regalo esta melodía
para que recuerdes que te quiero de verdad
Su voz resuena en un poema de Juana de Ibarbourou. Recita sobre el teclado de Santiago Vodanivich hasta que entra con una larga bata blanca, envuelta en seda y plumas, para cantar Despecho y soltar todo su caudal vocal. Dramático, despojado, intenso.
Gastón Puentes y Agustina García, las voces de 4 Pesos de Propina entran para una versión removedora de Mi revolución. Y hay algo que sobrevuela en la coherencia de una revolución de amor. Pero entonces llega el pogo al Antel Arena. El poeta dice la verdad, la canción de La Trampa con la que dio una patada en la puerta del rock en el festival Cosquín Rock de 2023, con Julieta Taramasso en el bajo y Adrián Guillén en la guitarra.
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Está parada sobre una escalera que le permite aparecer detrás de una enorme torta de cumpleaños. Una torta de tres pisos con una vela encendida. Porque a fin de cuentas, Luana festeja su cumpleaños.
Del otro lado, además de su familia y amigos, veía una arena repleta de gente pronta para tomarle una foto. “Solo voy a desear que se repitan que sean muchos más Arenas con ustedes, que sigamos celebrando la vida y sigamos celebrando la música”, dice antes de soplar sus deseos.
Las visuales ambientaron el escenario como una casa con un jardín donde se instaló una larga mesa y entró un medio tanque para el asado. Entonces, empezaron a llegar los invitados. Y trajeron canciones. Con el floridense Matías Valdez hizo una versión de Latidos, con El Reja cantó Locuras sin techo e inició un trencito sobre el escenario y la argentina Aneley llegó para interpretar Enviciada, el tema que incluyó en 2y1, el disco de colaboraciones que está lanzando Luana en estos días con artistas del otro lado del río.
Cuando suena el teléfono, Luna atiende. Jona Suárez Gularte baja las escaleras con un ramo de girasoles en las manos para cantar Te entiendo, la colaboración que lanzaron en mayo de este año y confirmó el regreso de una de las parejas más populares de la música tropical.
Baby te entiendo,
si yo fuera mi ex tampoco me superaría
Después de arroparse en celeste y blanco, aparece en escena con un conjunto amarillo que lleva un sol en la cintura mientras algunos volados caen desede los guantes y las caderas, que fluyen a su alrededor cuando baila. Solo lo cubre con una remera que minutos antes usaba su pareja, con el rostro de Justin Bieber, que prepara el camino para Love yourself, la versión de la canción del cantante canadiense que Luana convirtió en plena.
Y como en una buena celebración familiar, llegaron Los Fatales. El Cotillón dio lugar a una lluvia de varas luminosas antes de hacer La Isla Bonita, la colaboración de la banda con la cantante de plena que terminó bailando candombe entre los tambores.
Sentada descalza sobre el escenario, agradece una vez más. “Estoy muy contenta de que podamos triunfar en nuestro país, gracias por ser parte de esta fiesta y por enseñarme que los sueños se pueden cumplir”, le dice a la gente que acaba de cantarle feliz cumpleaños.
“Gracias a ustedes, es hermoso ver este Antel Arena lleno. Ojalá que más gurisas podamos seguir haciendo estas cosas maravillosas. Confiemos en lo nuestro, en nuestro Uruguay, en nuestras uruguayas. Seré la primera pero estoy segura que después de esta noche serán miles más, solo tienen que abrirle los brazos como lo hicieron conmigo”.
Antes de despedirse, Luana explota en una versión de Que digan lo que quieran. Envuelta en la bandera de la diversidad, recibe a su lado a las artistas drag Mariza Regia y Pady Jeff.
"¿Ustedes se piensan que yo me voy a ir de mi cumpleaños?", dice al regresar para un bis. Entonces vuelve al comienzo. A ella, una canción que marcó su inicio musical, da el cierre a una noche en la que volvió a andar el camino que la llevó a convertirse en referencia de una nueva generación de la música tropical en 32 canciones.
"Me aterra que las pibas de Uruguay, sobre todo las soñadoras, no tengan una referencia nacional”, decía Luana a El Observador sobre el lanzamiento de Icónica. Este domingo, se convirtió en una referencia: la primera, con el deseo de no ser la única. Lo que queda es esperar para ver cómo sigue la historia de una artista imposible de limitar.
Una vez más, habla en plural: “Oficialmente confirmado que hicimos historia, guacho”.