Desde hace algunos días, hay un acontecimiento editorial que está generando más conversación en la región que la visita de Emmanuel Carrère o la posibilidad cierta de que el Nobel de Literatura caiga en manos latinoamericanas: se trata de la reedición del monumental Borges, de Adolfo Bioy Casares.

El nuevo aterrizaje en librerías del mamotreto que recopila los diarios de Bioy en torno a su amistad con el autor de Las ruinas circulares se volvió a publicar en una lujosa edición de dos tomos a cargo de Emecé y es una de las tantas formas que la celebración de los 40 años de la muerte de Jorge Luis Borges ha tomado en 2026. Y casi de forma simultánea a esa conversación —que engloba desde la hilaridad de los diarios a su precio impagable—, de este lado del río aparece una propuesta que toma la efeméride por un costado totalmente distinto: el tango.

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El tango, esa diablura, será un espectáculo del trío Hagopián-Irigoyen-Arenas formado a partir de textos y canciones en base a poemas del autor argentino. El espectáculo funciona como una especie de musical en el que se entrelazan varios de los hitos borgeanos que develan la esencia del ser rioplatense con músicas de Astor Piazzolla, Horacio Malvicino, Carlos Guastavino, José Ogivieki, Pedro Aznar, entre otros.

Esa ráfaga, el tango, esa diablura, / los atareados años desafía; / hecho de polvo y tiempo, el hombre dura / menos que la liviana melodía, / que sólo es tiempo. El tango crea un turbio / pasado irreal que de algún modo es cierto, / el recuerdo imposible de haber muerto / peleando, en una esquina del suburbio.

De esos versos del poema El Otro El Mismo, de 1964, parte este espectáculo que se presentará el 16 de octubre en el Centro Cultural Terminal Goes y el 23 del mismo mes en la Sala Lazaroff, con entradas en Tickantel. El tango, esa diablura, tendrá además como invitados al violinista Matías Craciun y la cantante Giovanna.

Para el trío, la presencia de Borges no es anecdótica; su fantasma se apersona en sus ensayos y la charla en torno a ellos siempre termina, de alguna u otra manera, cayendo en el hombre del Aleph.

"La excusa de este espectáculo fueron los cuarenta años de la muerte de Borges. Pero eso fue nada más que la excusa. Nosotros, en el trío, somos muy borgeanos. En cada ensayo, desde hace tiempo, hablamos sobre Borges un rato; sobre un texto, sobre un documental, sobre un prólogo. Yo estoy terminando un libro de ensayos sobre la literatura borgeana, propuse la idea así que el año pasado dijimos 'ta, hagamos un espectáculo con Borges'. Porque nosotros ya hicimos con obras de Horacio Ferrer, después hicimos otro todo con obras de Piazzolla y esta vez tocó Borges. En función de eso armamos una suerte de operita borgeana", cuenta José Arenas.

Cómo explica el miembro del trío y también escritor, en Borges el universo tanguero es un universo casi apócrifo, desde la Historia del tango que escribe en su libro sobre Evaristo Carriego hasta las conferencias reunidas en el volumen El tango.

"Borges arma una mitología propia sobre los orígenes del tango. La necesita porque, en él, el tango es parte de la esencia épica del ser argentino en tanto en el suburbio, en el origen del género, está el culto al coraje y la estética de la violencia que el autor maneja. Así su literatura es llamada 'orillera'. Todo eso se suma a su libro Para las seis cuerdas, de poemas en forma de milonga que fueron musicalizadas por Carlos Guastavino, Gustavo 'Cuchi' Leguizamón, Astor Piazzolla, José Basso, Aníbal Troilo, etc. Teniendo en cuenta esta forma borgeana del género armamos una síntesis de 'un tango' plegado a la estética Borges."

En El tango, esa diablura, las canciones son casi todas sobre poemas de Borges, en general sobre las milongas anteriormente mencionadas. Arenas, de todos modos, asegura que tienen diferentes musicalizaciones hechas sobre el mismo poema.

"Escuchamos muchas versiones y nos quedamos con las que más nos gustaban. Oímos muchas versiones, Álvaro Hagopian hizo arreglos varias veces del mismo tema porque algo no le convencía, Gonzalo Irigoyen estudió mucho porque algunas son muy complejas y la mayoría de estos temas no estaban en nuestro repertorio habitual. En 1965, Piazzolla hizo un disco con Borges –que terminó en pelea- que dejó las cuatro canciones porteñas que son un hito en el repertorio de Piazzolla, de ahí tomamos una. Luego, nos seducía mucho hacer música de Carlos Guastavino, que es un músico académico. Y en los 70’ hubo un proyecto de convocar a muchos músicos célebres para musicalizar a Borges: Alberto Cortez, Facundo Cabral, Julián Plaza, Eduardo Falú, etc. Que terminó en un disco llamado Jairo canta a Borges, de Jairo. De ahí sale el tema más hermoso del espectáculo, La rosa, con música del guitarrista de jazz Horacio Malvicino. Si bien es cierto que el Borges que parece estar presente es el de las orillas, la verdad es que apuntamos a la filosofía borgeana de una épica, una fundación patria".

Arenas cuenta que la predilección de Borges era sobre todo el tango "de la Guardia Vieja, el inicial, sin letra". Y si tenían letra, prefería aquellas que eran más lúdicas o "tirando a tontas".

"Sin embargo, en una conferencia dice envidiarle unos versos a Celedonio Flores y también dice que las letras de tango forman la totalidad de la epopeya argentina. Pero el tango de fondo de los cuentos que Borges ubica en el suburbio como 'Hombre de la esquina rosada' que es, quizá el paradigma de esta estética, son los primeros tangos. No previó Borges, aunque sí las escuchó a varias de ellas con estoica paciencia, que sus milongas iban a ser todas musicalizadas. Aunque a decir verdad, la idea de escribir milongas se la da el mismo Carlos Guastavino. Los tangos que no son de la autoría de Borges que aquí aparecen son pocos y son, en su mayoría, instrumentales. Creo que eso no le disgustaría a este autor que ya se ha vuelto casi una obsesión en nosotros", cierra.

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