Este es un resumen de la charla con Rubén Ehizaguirre, Mario y Álvaro Teruel:
Cuarenta años después, ¿se sigue sintiendo ansiedad al momento de subir al escenario, las famosas mariposas en la panza?
Rubén Ehizaguirre: Ansiedades. Sí, gracias a Dios existen todavía. Ese cosquilleo previo a cada show, sea el escenario que sea, del más chico al más promocionado. Cada escenario merece el mismo respeto, la gente que está ahí se merece el mismo respeto. Y uno lo siente así, por eso ese cosquilleo interno, esas mariposas en la panza que hacen que uno tenga todavía esa carga de responsabilidad, de preocupación de que todo tiene que salir bien, que tiene que estar con las pilas a mil, dar lo mejor. Es hermoso que pase eso después de 40 años. Yo celebro que me sigan pasando esas cosas.
¿Ese es el secreto para aguantar 40 años y seguir teniendo ganas de hacer lo que hacen?
Mario Teruel: Sí, porque nosotros nos alimentamos de eso. Los nervios quizás no los ves del todo, pero no es porque no están, quizás se traduce en la ansiedad, en la panza, ese miedo escénico que vas domándolo. Como dice Rubén, es algo que te pone a la expectativa. Incluso hoy día, con las condiciones técnicas que hay, que uno diría que está más tranquilo, pero es al revés, llega un momento en que estás pendiente si la pantalla está bien, si está todo andando. A mí me pasa recién que cuando vamos por el tercer tema y veo que estamos sonando bien, ahí recién me empiezo a tranquilizar.
Álvaro Teruel: Y hay unos nervios que no se apagan, que son los sueños. El otro día me comenta Mario que viene soñando con unos episodios que, a mí me pasan también. Soñás que llegás al momento del show y no encontrás la camisa, no están los zapatos, y decís,” ay, no puedo subir a cantar, ya está sonando la banda”. Y eso nos sucede cuando nos enteramos de que vamos a cantar en tal lugar o tenemos expectativas de algún show, como suelen ser los shows en casa, en Salta, que tienen ese condimento de que está toda tu gente que te conoce de la vuelta, entonces capaz que uno se carga de presión. Pero es como dice acá Rubén, viene de las ganas de querer brindarse de la mejor manera, de que salga todo como está planeado.
¿Cómo es resumir 40 años en un show?
RE: Complicado. Porque son 40 años metidos en casi dos horas de show y no te dan los tiempos, así que nos hemos visto en el problema de buscar las canciones que sean más significativas dentro de estos 40 años. Somos un grupo que no tiene problemas para armar un repertorio, sabemos cuáles son las canciones que tienen que ir. El problema es cuál sacar, porque tenemos la suerte de que han quedado tantas canciones en el corazón, que siempre alguien te reclama alguna que falta, pero la verdad es que no nos da el tiempo (risas). Pero tratamos de contemplar esas que están en la memoria.
Los quiero llevar a hace 40 años, cuando estaban arrancando en Salta. ¿Cómo se tomó el folclore lo que hacían ustedes, el cambiar ciertos patrones vocales, temáticos, estéticos?
AT: ¡Culpables! (risas)
MT: La cuestión estética fue capaz lo que más caía mal, antes de escucharnos. El usar campera de cuero. Nos veían salir con batería, bajo, guitarra electroacústica, y los folcloristas tradicionales nos querían quemar en la plaza central como a Juana de Arco. No se la bancaban. Pero nosotros tenemos la gran suerte de que desde la primera canción que hemos cantado, todos los chicos se han comenzado a enganchar con nosotros. Entonces era como que no nos calentaban los viejos, lo que dijeran los grandes no nos importaba. Porque desde el primer momento hemos tenido un asidero muy grande con los chicos. Entonces eso ha provocado que nosotros nos tomemos la libertad de cantar lo que sentíamos y como lo sentíamos, fuera de cualquier forma.
Nos decían “la chacarera no puede tener dos o tres compases de menos, porque cómo la van a bailar. Y cuando en el primer disco sacamos una chacarera, nos decían ‘no es chacarera, tiene seis compases de más’”. Pero la bailaban igual. Entonces, a partir de ahí nosotros tuvimos la tranquilidad de que los jóvenes nos daban bola, entonces no importaba nada más.
O sea que no hubo para ustedes una cuestión de tener que ganarle al prejuicio del gaucho recio que no habla de amor.
MT: No, porque pasó a otro plano. Había muchos que salían y decían “esto no es folclore”. Pero nuestras canciones se cantaban, y hasta teníamos la conexión con la generación anterior. Hay una zamba, La sevillana, que nosotros la cantamos porque la aprendimos de Los Chalchaleros.
Y un día me llama por teléfono Abel Mónico Saravia, que era un gaucho de 80 años, el autor de la zamba. Me dice, bien gaucho, “mirá changuito, cuando yo he escuchado el ‘yiqui, yiqui, yiqui’, me ha corrido un escozor por la piel. Después, cuando yo he escuchado que mi nieta me ha dicho, ‘che, abuelo, yo no sabía que la zamba que cantan Los Nocheros era tuya’, ahí dije ‘ah, mirá que importantes son Los Nocheros’. Y cuando recibí la liquidación de Sadaic (el equivalente argentino a Agadu), ahí los he amado’” (risas).
Hoy el folclore mezclado con balada o con cumbia es normal, lo hace Luciano Pereyra, Soledad Pastorutti y un montón de artistas más. ¿Ustedes se ven en el lugar de los que abrieron la puerta para todos los que vinieron atrás?
MT: Si, porque para nosotros es normal eso. Nosotros cantamos con León Gieco en un disco suyo, con una banda rockera. Con la Mona Giménez, con Márama acá en Uruguay. Siempre nos gustó hacer eso. Hace 20 años, hacer eso era una cosa muy loca, porque vos tenías que buscar cuál era la canción adecuada, ver los tonos, ver si somos artistas compatibles. Hoy mientras más disruptiva es la cosa, mientras sea más opuestos sean los géneros, las voces, es como que funciona mejor, así que a nosotros nos resulta muy lindo artistas de hoy se fijen en nosotros.
RE: Es un intercambio de comunidad, y eso es precioso.
AT: Son esas juntadas que salen de atrás de un escenario, de juntarse, invitarse. Con Márama pasó así, fuimos a cantar con Emanero, y ellos nos dicen que tenían una canción y habían pensando en nosotros, y listo. Eso es lo que tiene la música popular de toda nuestra zona, que tenemos una afinidad hermosa y eso se refleja en las emociones de la gente.
Me imagino que en estos 40 años les han pasado un montón de cosas. ¿Cuál fue el show más raro que tuvieron?
RE: A mí siempre se me vienen a la mente los espectáculos en lugares que no son de habla hispana. Más allá de que vas a cantar para comunidades de argentinos o de otros países latinos, cantar en Inglaterra, Irlanda, Canadá, Francia, Australia, es loco. Si fuéramos un grupo de música instrumental, todavía, pero para nosotros que apenas hablamos salteño básico (risas) poder cruzar esos puentes con una melodía, con lo sensorial, es tremendo.
MT: Después, en la época que llenábamos estadios en todos lados y andábamos de gira para todos lados, caímos a San Pedro, en la provincia de Buenos Aires. Y no había nadie. Vacío el lugar. Y cuando empezamos a cantar, era un desastre. No teníamos retorno, no escuchábamos nada. La gente tampoco escuchaba. Y en un momento, miro para el costado, y se habían ido todos (risas). Se habían bajado del escenario, enojados. Se fue Rubén, se fue Kike (Teruel, exintegrante del grupo), me había quedado solo.
AT: Y una vez un sonidista se quería ir al tercer tema porque no le habían pagado, el productor se había borrado. Nos avisan desde el costado “dice que si no aparece la plata en el próximo tema, apaga el sonido”. Kike dice “bolsillo izquierdo” de una mochila, agarramos efectivo y le pagamos ahí mismo.
¿Tienen alguna escena, algún recuerdo de un show en Uruguay donde hayan dicho “acá también estamos en casa”?
RE: Recuerdo mucho los recitales que hicimos en el Teatro de Verano. Los disfruté mucho, esa cuestión de estar al aire libre me gustó siempre.
MT: En Argentina tocamos en festivales que son grandísimos, festivales donde se juntan 10 o 15.000 personas. Pero cuando venimos acá, los festivales son tremendos. Ir a Durazno y que haya 20 o 25.000 personas es increíble. Es fantástico el gauchaje de acá y cómo se vive el folclore. A nosotros nos sorprende siempre el amor a la tradición que hay, y es muy bonito para nosotros, tanto eso, como que después de tanto tiempo, nos sigan recibiendo.