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Las visitas anteriores de Oriana Sabatini a Montevideo habían sido en sus roles de cantante y actriz. De hecho su debut en pantalla fue en la telenovela uruguaya Porque te quiero así, en 2011, y algunas de sus visitas más recientes fueron para grabar algunas de las tantas ficciones extranjeras que se ruedan acá.

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Lo que le faltaba era venir en el rol más reciente que presentó ante el mundo, el de escritora. La argentina debutó como novelista este año con Podría quedarme acá, una cruza de romance e historia de fantasmas que tiene algunas pinceladas que pueden tomarse como autobiográficas.

La autora es consciente de esos paralelismos, como una protagonista inserta en la industria musical y la presencia central de la tanatopraxia, el trabajo de preparación de cadáveres para su velorio y entierro (disciplina en la que Sabatini se formó), y los usa sabiendo que esa lectura es posible.

Así lo confirmó en entrevista con El Observador a propósito de su visita a Montevideo para presentar su novela en la Feria Internacional del Libro. Una actividad que tuvo lugar el pasado 9 de octubre y colmó la sala Azul de la Intendencia de Montevideo, el espacio de mayor aforo de la Feria.

Este es un resumen de su charla con El Observador:

Si bien con esta novela lo hiciste público, has contado en tus redes que la escritura te acompaña hace tiempo, que has hecho talleres y es una práctica que tenés hace tiempo. ¿Qué lugar tiene en tu vida esa actividad?

Antes lo tenía pero no era un espacio tan fijo, por así decirlo. Lo hacía cuando tenía ganas, cuando podía, más a modo de diario, y también tomaba mis clases, hacía talleres. Todo con mucha más calma hasta que decidí probarme a mí misma, y me probó el universo, o como quieras decirlo, de que esto era algo que podía hacer de forma más profesional. Y fue perfecto porque me dio una excusa para sentarme más tiempo a escribir, y darle el lugar que tiene hoy, que es un rol superimportante y diario.

¿Cómo fue dar ese paso de escribir más para vos a hacerlo público?

Fue difícil, porque me pasó con esta novela que arranqué a trabajarla sin saber o sin pensar que lo podía llegar a leer alguien. Y ahora que ya sé que existe esa posibilidad, me pasó que las primeras semanas y meses después de que salió que cuando me sentaba a escribir me quedaba trabada, como que no podía. Y no solo eso, escribía y me censuraba todo el tiempo, instantáneamente pensaba ‘esto es una porquería, ¿quién lo va a querer leer?’. Hasta que me di cuenta que no es necesario que todo lo que haga tenga que ser leído de forma inmediata.

Obvio que está la intención de seguir escribiendo más historias, pero todo empieza con un borrador. Por la personalidad que tengo estoy buscando todo el tiempo la perfección, la excelencia, hacer todo sin errores, y me olvido que para llegar a eso, primero que la perfección no existe, y después que para llegar a que algo sea mostrado o publicado hay un montón de pasos e instancias previas. Es como que me olvido de esas cosas, y después me recuerdo que no, que esto en algún momento también fue ilegible. Como que primero me tengo que convencer a mi misma antes de salir a mostrarle al resto.

En la presentación de la novela en Buenos Aires, Carla Quevedo, que fue parte del proceso del libro como editora y tu guía, dijo que “la novela tiene 288 páginas, pero debe haber escrito 800”. ¿Fue tan así?

800 es mucho, pero 400 seguro. Carla se ríe siempre porque fue editora y con ella sigo haciendo clínica de escritura, y me dice “no te cuesta escribir largo”. Me pasa que pienso siempre que me estoy quedando corta, entonces escribo más. Recorté un montón porque también era lo que la historia pedía. Para esta novela menos era más, entonces también confié en quienes me acompañaron y me aconsejaron en el proceso. Fue un trabajo de mucho aprendizaje el de esta novela, al ser la primera vez haciendo una, de aprender a soltar y a confirmar en el lector en cuanto al manejo de información.

Uno de los temas que atraviesa el libro es el cuerpo: Ariana, la protagonista, atraviesa trastornos alimenticios y tiene la presión constante de la industria del entretenimiento para verse de una cierta forma, también está su trabajo con cadáveres y el detalle con el que se cuentan los procesos que realizan los tanatopractores. ¿Apareció de primera cuando te pusiste a escribir o lo fuiste encontrando en el camino?

Apareció de una porque es un tema también muy presente para mí, por la vida que he llevado, por una de las actividades a las que me he dedicado, que es el mundo del entretenimiento que trabaja mucho con el cuerpo, y después cuando descubrí la tanatopraxia. Es un tema del que conozco porque lo he vivido muy de adentro, y tenía muchas ganas de escribir sobre eso. De escribir mucho. Así que lo canalicé a través de esta historia.

En esa línea, ¿tenés asumido que hay gente que va a leer el libro y va a decir ‘esto le pasó’, por los puntos de contacto que hay con la protagonista de la novela? Incluso pensando en la similitud de tu nombre con el suyo, Ariana.

Sí, lo tengo claro, aunque no soy yo ese personaje. Iba a decir que no soy yo para nada, pero es mentira, en algún punto ese personaje piensa cosas que yo he pensado y que pienso actualmente, ve el mundo de algunas maneras en las que yo también lo veo. Fue un guiño hecho 100% aposta. Incluso me lo cuestioné en algún momento del proceso, pensé en cambiarle el nombre. Pero al final decidí que no, la historia arrancó con ella siendo Ariana y así tenía que seguir, también por esto que te decía de que al principio no lo pensaba publicar. Para mí era como un alter ego, era como una versión medio distorsionada de mí, con algunas similitudes. Su historia empezó muy pegada a mí misma y después se empezó a dividir, pero estoy segura de que muchas personas deben pensar que todo esto lo viví, y no tiene sentido ponerme a desmentirlo. Aparte me gusta que pase, y como lectora, cuando en un libro encuentro esas cuestiones de que puede ser realidad o me, me mantiene inquieta, me desafía, me apasiona. Y creo que no podría ser de otra manera, porque para mí escribir es sanar algunas cosas, y contestarme algunas preguntas sobre mí misma. Y el juego de Ariana/Oriana es un honor a una de las personas que he sido en esta vida.

¿Te pasó de querer largar todo, como hace Ariana?

Sí, recontra. No tengo tanto coraje como ella, pero me permito darme el lujo de hacer todo sin dejar ir. Uno tiene que sacrificar algunas cosas en el camino. Pero sí, yo no soy tan corajuda. ¿Quién sabe, por ahí, el día de mañana? Para mí la escritura es terapéutica, me ayuda a conocerme, a entenderme, a descubrir partes mías que no sabía que existían. Es como cuando estás con el psicólogo y no te habla. Y vos para rellenar el silencio seguís, seguís, seguís, y de repente te empezás a dar cuenta “mirá por donde me fui”. Para mí la escritura es eso, dejar correr libremente los pensamientos y todo el universo interno que tengo, por eso me entusiasma hacerlo.

¿Le encontraste a esta altura la explicación a la fascinación por estas cuestiones más tabú que aparecen en la historia vinculadas a la muerte y al deterioro del cuerpo?

Sí, re. Justamente, me inquieta porque es tabú. Y también porque es lo más inevitable de la vida, la muerte. De alguna manera es vivir familiarizándote con el lugar a donde vas a terminar. Todo el mundo es como que huye de eso y yo al revés, lo voy a buscar. Me gusta el contraste que hay. Es como cuando uno está feliz y lo siente más porque antes estuvo triste. Me pasa eso con la muerte, me hace sentir viva en todo sentido. No sé qué dirá de mí, que necesitaré eso para sentirme viva, me pueden psicoanalizar en casa (risas), pero me pasa.

En esto que me comentás del contraste vida-muerte, este libro donde la muerte está muy presente, lo escribiste durante el embarazo de tu hija, Gia.

Sí, de hecho me costó un poco en los primeros meses de embarazo conectar con esa energía, con esa fuente adentro mío tan conectada a la muerte, viviendo un proceso tan diferente. Obviamente aparecen todos estos miedos de estar ahí transmitiéndole a mi bebé todos esos sentimientos, todo lo que estoy pensando, hasta que después solté y entendí que no. Pero fue desafiante porque me pasaba que yo tampoco quería ir a ese lugar. No porque me inquiete. Porque de hecho me intriga, me genera curiosidad. Es triste, pero no me incomoda existir en esa tristeza, de hecho a veces vivo demasiado en esa tristeza. Tengo que aprender a salir. Pero sí, por eso me pasaba que me era difícil.

Podría quedarme acá es una historia de fantasmas. ¿Te gustaría ser fantasma?

¡Ay, re! Yo creo que voy a serlo. No sé a quién voy a molestar, pero ojalá, sí. Creo que voy a convertirme en fantasma cuando me muera.

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