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El recrudecimiento del conflicto en Medio Oriente volvió a colocar a la geopolítica en el centro de la escena económica global. La tensión en la región ya está teniendo efectos visibles en los mercados, particularmente en el precio del petróleo, y abre interrogantes sobre el rumbo de la inflación y la política monetaria en Estados Unidos.

El jueves, durante un webinar organizado por la firma Balanz, Nicolás Kohn, Head of Wealth Management Research, analizó las implicancias del conflicto y sus posibles efectos sobre los activos financieros.

El factor Irán y el estrecho de Ormuz

Según explicó, el mercado energético ya venía tensionado antes de los últimos acontecimientos. “Los precios del petróleo en 2026 ya venían subiendo desde el inicio del año”, señaló Kohn, en un contexto marcado primero por la situación en Venezuela y luego por el aumento de la incertidumbre geopolítica vinculada a Irán.

Sin embargo, el detonante reciente fue la escalada del conflicto en Medio Oriente, que impactó directamente en el funcionamiento del Estrecho de Ormuz, uno de los puntos estratégicos del comercio energético mundial.

Por ese estrecho marítimo —que conecta el Golfo Pérsico con el Golfo de Omán— circulan cerca de 20 millones de barriles diarios de petróleo y productos refinados, aproximadamente el 20% del consumo global.

El problema, explicó Kohn, no es tanto la producción iraní en sí misma —Irán produce alrededor de 3,3 millones de barriles diarios dentro de la OPEP— sino su ubicación geográfica. El país comparte con Emiratos Árabes Unidos y Omán el control del paso marítimo por donde se transporta gran parte del petróleo del Golfo.

Tras el estallido del conflicto el fin de semana pasado, el flujo por el estrecho se redujo prácticamente a cero. Los riesgos para la navegación y los reportes de ataques a petroleros paralizaron el tránsito.

El cierre genera un shock de oferta relevante, ya que solo entre 3,5 y 5,5 millones de barriles diarios podrían redirigirse por rutas alternativas.

La interrupción afecta principalmente a Asia. China, por ejemplo, recibe alrededor de cinco millones de barriles diarios a través de esa vía, lo que representa cerca del 40% de sus importaciones de petróleo. India, Corea del Sur y Japón también dependen en gran medida de esos flujos.

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Estados Unidos, en cambio, enfrenta una exposición mucho menor. Al haberse convertido en exportador neto de petróleo gracias al desarrollo del shale oil, su economía está más protegida frente a un shock de oferta energético.

Esa diferencia ya se refleja en los mercados. Mientras los precios del petróleo subieron alrededor de 30% desde el inicio del conflicto, los productos refinados avanzaron cerca de 50% y el gas natural llegó a dispararse hasta 80% en Europa y Asia.

En paralelo, los mercados accionarios más afectados han sido los de esas regiones, justamente por su mayor dependencia energética.

Aun así, Kohn remarcó que el mercado parece interpretar el shock como potencialmente transitorio. Una señal de ello es la inversión de la curva de futuros del petróleo: los contratos de corto plazo subieron con fuerza, pero los precios a más largo plazo permanecen cerca de los niveles de inicio de año.

Eso sugiere que los inversores esperan que, una vez superada la crisis, el mercado vuelva a un escenario de mayor oferta. De hecho, la OPEP venía incrementando su producción desde setiembre de 2024 con el objetivo de regresar a niveles prepandemia cercanos a 30 millones de barriles diarios.

Inflación, tasas y reacción de los mercados

En ese contexto, la gran pregunta para los mercados es si el aumento del petróleo podría trasladarse a la inflación y modificar la política monetaria de la Reserva Federal.

Hasta ahora, el impacto parece acotado. Las expectativas de inflación de corto plazo han subido, pero las de mediano y largo plazo permanecen estables. Aun así, las tasas de interés en Estados Unidos subieron cerca de 20 puntos básicos desde el inicio del conflicto.

“El mercado no está esperando que la Reserva Federal suba la tasa, sino que recorte menos de lo que se preveía”, explicó Kohn.

Antes del conflicto, los inversores descontaban dos recortes de tasas en 2026 y otro en 2027. Ahora la expectativa se redujo a aproximadamente un corte y medio.

Según estimaciones de la propia Reserva Federal, un aumento de US$ 10 en el precio del petróleo tiene un impacto cercano a 0,3 puntos porcentuales en la inflación total en el corto plazo, aunque prácticamente no afecta a la inflación núcleo.

Un shock que el mercado aún considera transitorio

Para Kohn, el escenario central sigue siendo que el shock sea temporario. Diversos factores apuntan en esa dirección, entre ellos los incentivos económicos globales para mantener abierto el comercio energético y el hecho de que múltiples potencias tienen interés en evitar una escalada prolongada.

“El mundo pre-conflicto era un mundo positivo para los activos de riesgo y creemos que esa dinámica todavía se mantiene”, concluyó.

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