Lucas Ferraz fue secretario de Comercio Exterior del Ministerio de Economía de Brasil entre 2019 y 2022 durante el gobierno de Jair Bolsonaro y posteriormente secretario de Negocios Internacionales de San Pablo hasta 2024.
Actualmente no integra el equipo de Flávio Bolsonaro ni hizo campaña a su favor, pero entiende que las políticas desarrolladas por Luiz Inácio Lula da Silva en los últimos años generaron desgaste en una buena parte de la población y eso perfila al candidato de derecha para ganar en el balotaje del próximo domingo.
Estima que si ese resultado se concreta no modificaría las relaciones bilaterales entre Uruguay y Brasil.
A continuación, un resumen de la entrevista que Ferraz concedió a El Observador.
¿Cuáles fueron los motivos para el triunfo de Flávio Bolsonaro en la primera vuelta?
Creo que fue una conjunción de razones que involucra temas internacionales y principalmente domésticos. En la parte internacional, el tema del llamado tarifazo en Brasil afectó negativamente la popularidad de Lula. En un primer momento, en ese tarifazo del 9 de julio de 2025, Lula intentó de alguna manera sacar provecho de la situación y hacer una polarización política con Donald Trump, supuestamente en defensa de la soberanía de Brasil. Eso le resultó muy positivo en términos de popularidad. Su popularidad estaba muy baja en aquel momento y empezó a subir. Pero algunos meses después, cuando empezó a haber negociaciones bilaterales entre Brasil y Estados Unidos, quedó claro para la sociedad, y principalmente para los sectores más afectados que son los industriales, que el gobierno no tenía la intención de resolver la situación.
La gente se da cuenta que, al final, Lula no estaba negociando seriamente con Estados Unidos, como hicieron casi todos los países del mundo, a excepción de China y Canadá. La mayor parte de los países del mundo negociaron de alguna manera y adoptaron una estrategia más pragmática, pero no fue la estrategia adoptada por Lula. Eso tiene un costo para Brasil, no un costo tan alto desde el punto de vista de la economía agregada, pero sí tiene un efecto importante bajo el punto de vista sectorial.
Estados Unidos es el principal destino de las exportaciones industriales. Tenemos alrededor de 10.000 empresas que comercializan con los Estados Unidos y son también el principal origen de las inversiones extranjeras en Brasil.
También hubo un alineamiento quizás más fuerte con los países del llamado BRICS expandido. Ahora ahí tenemos países como Irán, por ejemplo, que no son propiamente democracias. Lula ha salido de alguna manera del patrón histórico de Brasil de mantener una equidistancia estratégica en términos de geopolítica. Eso ha cambiado con Lula, no es el histórico de las relaciones internacionales de Brasil, de Itamaraty. Eso también afectó su popularidad de alguna manera negativamente, algún tiempo después.
También mencionó aspectos domésticos, ¿cuáles serían?
Brasil tiene hoy una política fiscal completamente irresponsable, una deuda pública que ha salido de 71% en 2022 a 83% en este momento, y alcanzará quizás 85%, 86% a fines de este año. Claramente en una trayectoria insostenible, y eso por supuesto afecta negativamente a la población. Afecta por las tasas de interés que en este momento están muy altas (13,75%) y una inflación que está fuera de la meta del Banco Central. El techo de la meta es 4,5% y el pronóstico para fines de este año está en 5% y que la inflación siga subiendo. Y quizás el principal tema es que el 85% de las familias de Brasil hoy están endeudadas, y el 30% de la renta de las familias está muy comprometida con pagos de deuda. Brasil hoy también enfrenta un récord de quiebre de empresas por la situación macroeconómica. No hay duda que la gente más pobre necesita de ayuda, necesita de protección, pero hay que tener responsabilidad fiscal, porque es la que garantiza niveles de inflación más bajos, que quizás sea el impuesto más importante principalmente para las personas que son más pobres.
¿Cuál cree que será el resultado de la segunda vuelta del domingo?
Una semana antes de la primera vuelta hubo una migración de voto útil para Flávio Bolsonaro. Quedó claro para la sociedad que los únicos candidatos que tenían chance de ir al balotaje en la segunda vuelta serían Lula y él.
Lula de alguna manera unificó todo el campo de izquierda alrededor de su nombre. Flávio tenía su candidatura, pero había otros candidatos de derecha también. Esas otras opciones de derecha componían como 7% de los votos, y la gente -al menos una gran parte- se dio cuenta que los otros candidatos no tenían chance. Además, es gente que tenía un rechazo muy grande a Lula, y eso es importante decir. Lula está en su séptima corrida presidencial. Quedó claro que no se trata más de un proyecto de país, se trata de un proyecto de poder. Eso genera rechazo, cansancio de las mismas políticas que no funcionaron, del país que no logra avanzar, tanto en gobiernos de Lula o de Dilma que fue elegida como presidente también.
Para la segunda vuelta no se puede garantizar nada, hay que esperar porque sigue la incertidumbre. Lula sigue como un candidato fuerte, tiene mucha experiencia, un partido muy organizado que sabe movilizar su base. Estuvieron mucho tiempo en el poder. Pero bajo el punto de vista lógico, matemático, creo que lo más probable es que tengamos a Flávio Bolsonaro como el próximo presidente.
Escuché brasileños de izquierda decir que votaban a Lula porque no tenían otro candidato. ¿Hubo un desgaste del PT que no consiguió generar líderes nuevos?
Eso es un hecho, es una característica quizás histórica del liderazgo de Lula que no logró hacer otros líderes, otras figuras políticas fuertes a su alrededor. Por ejemplo, en el caso del presidente Bolsonaro, con todo lo que ha pasado con él, surgieron varios liderazgos de derecha muy fuertes en Brasil. Podemos hablar del gobernador de San Pablo, Tarcísio de Freitas, de la propia senadora Teresa Cristina que hoy es un liderazgo femenino increíblemente fuerte en Brasil y estuvo como ministra del presidente Bolsonaro. También de su familia, por ejemplo el senador Carlos Bolsonaro, la senadora Michelle Bolsonaro. Tuvimos varios liderazgos, el senador Sergio Moro fue elegido gobernador de Paraná. En cambio, quizás el liderazgo más fuerte que tiene Lula hoy sería Fernando Haddad, que fue su ministro de Hacienda. Creo que sí, hay un agotamiento del modelo de izquierda en Brasil liderado por Lula y quizás por su propia personalidad, que es muy vanidosa, no generó otros liderazgos.
En el programa de gobierno de Bolsonaro no hay menciones al Mercosur. ¿Cuál cree que va a ser la política respecto al funcionamiento del bloque?
No hablo por ningún partido ni por ningún candidato. Pero por lo que escucho de las personas que están cerca de él sería una continuación de las políticas económicas del gobierno de su padre. Y si uno toma eso como un hecho, se puede esperar un Mercosur más dinámico, moderno y flexible. Sabemos que si no hay un alineamiento entre Brasil y Argentina las cosas simplemente no avanzan. Flávio Bolsonaro es una persona que se lleva muy bien, personalmente incluso, con el presidente (Javier) Milei. Hoy no es así; los presidentes no se hablan. Si hay una relación más fuerte entre los presidentes seguramente va a generar sinergias positivas para el bloque. Uruguay siempre ha hecho la defensa de la flexibilidad negociadora del Mercosur, de estar negociando acuerdos con el CPTPP, por ejemplo, y hoy tiene la oposición del gobierno Lula. Si Uruguay hace un anuncio de que ha concluido sus negociaciones con el CPTPP, ¿qué pasará con Mercosur? Seguramente Lula crearía problemas para Uruguay.
¿Desde su punto de vista qué tendría que mejorar el Mercosur para ser más dinámico?
Mientras estuve como secretario del ministro Paulo Guedes teníamos esta misma ambición: tener un Mercosur más dinámico y con la posibilidad de negociar acuerdos comerciales de una manera más rápida y más eficiente. Creo que hoy eso es todavía más importante, Estamos observando un nuevo contexto internacional, con la geopolítica más allá de los criterios de eficiencia guiando las decisiones de inversión, de comercio, una disputa por la supremacía tecnológica y militar entre las dos grandes potencias económicas en el mundo, China y Estados Unidos, y además el debilitamiento del sistema multilateral de comercio. Todo eso crea más importancia para la diversificación de socios comerciales.
Tener un Mercosur más dinámico dejó de ser solamente una visión de largo plazo, es una urgencia, de tener la posibilidad de sacar provecho de esta nueva ventana de oportunidad que se está generando, que se está abriendo en el mundo. Mirá lo que está pasando en Europa, seguramente nosotros no habríamos logrado firmar el acuerdo Mercosur-Unión Europea si no fuera por el nuevo momento geopolítico.
¿Cómo está viendo el relacionamiento bilateral de Brasil con Uruguay actualmente y que podría mejorar?
En este momento creo que tenemos una relación mejor que la que tiene Brasil con Argentina, por razones obvias. Pero en un escenario donde estaría Flávio Bolsonaro creo que Brasil tendría seguramente una relación constructiva con Uruguay en términos económicos, en términos políticos. No veo un problema en este sentido, yo no veo una amenaza por eso. No creo que un nuevo gobierno de derecha sería un problema para las buenas relaciones, para el mantenimiento de las buenas relaciones con Uruguay.
Veo el gobierno de Brasil quizás rescatando el patrón histórico de la política externa, de la equidistancia y sin tener alineamiento automático con ningún lado. En mi opinión, el alineamiento automático por lo general es una ingenuidad; los países en el mundo están buscando sus propios intereses, sus intereses nacionales de una manera legítima. No se puede hablar de amistades entre países en el sentido ingenuo. Hay que tener relaciones constructivas, respetuosas, pero tomando en cuenta que cada uno está buscando su propio interés. Y Brasil tiene que saber dónde está el suyo. Creo que en este momento hace falta eso. ¿Dónde está el interés de tener un acercamiento con países como Irán o Rusia?
Creo que un nuevo gobierno de derecha tendría relaciones de comercio, de inversiones, de manera pragmática, sin alineamientos ideológicos ingenuos, como está haciendo en este momento Lula, respecto a China por ejemplo. Brasil hoy es un objeto de maniobra de China en este ajedrez geopolítico. Tampoco estoy diciendo que sería interesante para Brasil salir de los BRICS, quizás no sea necesario. India sigue en los BRICS y sigue defendiendo sus intereses nacionales.
Entonces hay que ser pragmático, constructivo, respetuoso, pero sin alineamientos ideológicos automáticos como está haciendo hoy Lula y perjudicando a nuestra relación con el segundo mayor socio comercial de Brasil que es Estados Unidos. Eso es una miopía en términos de política exterior.
¿Cómo está viendo a los sectores productivos y exportadores de Brasil? ¿Qué necesitan para poder desarrollarse más o para poder llegar a más destinos?
Brasil tiene varios problemas, problemas domésticos, de competitividad. Hicimos algunos avances con la reforma tributaria en el Mercosur, pero es muy claro que podríamos haber avanzado mucho más. Porque aunque se puede esperar alguna simplificación del sistema tributario con la reforma que se aprobó en el gobierno Lula, la carga tributaria sigue muy alta. Es de 33% del PIB. México tiene 18% y Estados Unidos tiene una carga de 25%. Tenemos el problema tributario, de infraestructura, de calificación de mano de obra. Respecto a la reforma tributaria creo que la principal noticia positiva que tenemos es que finalmente Brasil será un país que va a interrumpir una trayectoria de exportación de tributos. Porque tenía un sistema tributario muy caótico, donde se acumulaban en las cadenas productivas internas, y los exportadores muchas veces vendían impuestos embutidos en sus precios. Eso, por supuesto, comprometía la competitividad de los exportadores. Otro tema son los acuerdos comerciales. Brasil sigue con pocos. Y ese es un punto muy importante. No quiero politizar el tema, pero de 2019 a 2022 -cuando estuve como secretario de Comercio Exterior- participé en 14 negociaciones. En ellas incluyo el acuerdo entre el Mercosur y Unión Europea, Mercosur y Singapur y Mercosur y FTA, que fueron cerrados en este intervalo de tiempo. Eso contra un promedio de 4 de los gobiernos pasados desde la redemocratización de Brasil. Incluso en ese periodo tuvimos una pandemia, que hizo las cosas todavía más difíciles. También cerramos quizás el principal acuerdo que teníamos pendiente con Uruguay, que fue el de las zonas francas. Se renovaba anualmente con Uruguay y contenía un par de productos. Una cosa impensable, si uno está hablando de un bloque que busca la integración de sus cadenas productivas. También cerramos otro automotriz con Paraguay que estaba pendiente por décadas y renovamos, por supuesto, el acuerdo con Argentina.
El acuerdo Mercosur-Unión Europea fue formalizado en diciembre de 2024 de diciembre, pero fue cerrado en 2019. ¿Y por qué fue formalizado en 2024? Porque Lula decidió personalmente reabrir el acuerdo en 2023. ¿Y por qué decidió hacerlo? Porque para él era muy importante poner su marca en el acuerdo y no firmar uno que había sido negociado por Bolsonaro. Esa es la razón. Si uno compara el texto del acuerdo que fue firmado en 2024 con el texto del negociado en 2019 es básicamente el mismo.

