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A tres años de cumplirse los plazos de los acuerdos energéticos alcanzados en 2010, el debate sobre el futuro energético de Uruguay volvió a estar sobre la mesa con la propuesta de un nuevo acuerdo multipartidario con horizonte en 2050.

Durante su exposición en el evento LatamRenovables, Alejandro Stipanicic, en representación del Centro de Estudios de Políticas Públicas, analizó el estado actual del sector, los aspectos pendientes de las últimas dos décadas y los cambios estructurales que se consideran necesarios para el desarrollo económico del país.

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Como diagnóstico de partida, señaló que la demanda energética mundial se encuentra en alza continua y que los combustibles fósiles se mantienen firmes. En este contexto, Stipanicic advirtió que el desarrollo y el crecimiento económico dependen fundamentalmente de la energía y planteó que las limitaciones actuales en la disponibilidad energética restringen el crecimiento del país, poniendo como ejemplo la capacidad para albergar proyectos de gran escala, como los centros de datos (data centers).

Al evaluar el cumplimiento del acuerdo interpartidario firmado en 2010 —que abarcaba los ejes institucional, de oferta, de demanda y social—, el análisis indica que el país concretó "la parte fácil de los deberes", centrada en la inversión y el gasto anticipado. "Todo lo que suponía gastar lo hicimos, incluso antes de tiempo", sostuvo, mientras que las reformas institucionales y los cambios estructurales "que realmente duelen" quedaron postergados, sostuvo.

Entre los pendientes institucionales de larga data figuran la actualización de la gobernanza de la represa de Salto Grande y la puesta en marcha permanente y estable de un gabinete energético coordinado entre los ministerios y las empresas públicas del sector.

Como ejemplo, recordó que durante la gestión del entonces ministro Jorge Lepra existía un ámbito de coordinación semanal entre el Ministerio de Industria y las autoridades de UTE y ANCAP para planificar el desarrollo energético, una instancia que posteriormente dejó de funcionar.

A esto se suman las dificultades vinculadas a las tarifas. "Las tarifas eléctricas son lo más desmotivante que hay. No atraemos a nadie con las tarifas eléctricas que tenemos", afirmó.

Respecto a los combustibles, cuestionó que sus precios continúen afectados por subsidios cruzados y puso como ejemplo el financiamiento del fideicomiso del boleto a través de la tarifa. "Pagamos el subsidio del fideicomiso del boleto todavía. A mí un líder político me preguntó hace unos años qué era el subsidio del boleto y yo no sabía cómo explicarle. Le dije: 'Mirá, hace unos años Cutcsa estaba fundida; ahora Cutcsa tiene un club social y deportivo'. Lamentablemente es así".

Asimismo, este panorama se cruza con una estructura estatal que ha incrementado su gasto y su complejidad en las últimas dos décadas, lo que lleva a plantear que el rol del Estado debe orientarse a generar condiciones, promover la actividad y facilitar el desarrollo de los privados, evitando centralizar la ejecución de todas las iniciativas.

Para proyectar el sector energético hacia 2050, el planteo destaca la necesidad de mirar al mundo y adoptar una perspectiva de largo plazo, entendiendo que los proyectos energéticos se miden en décadas y requieren actualizar las estrategias frente a un contexto global en transformación.

En el plano institucional, se propone establecer un modelo de gobernanza de largo plazo que dote de estabilidad a la gestión pública, cuestionando la práctica de renovar a la totalidad de los directores nacionales y de los entes estatales cada cinco años, lo que genera curvas de aprendizaje prolongadas y limita la continuidad operativa.

Según explicó Stipanicic, esa dinámica provoca que buena parte de cada período de gestión se destine al aprendizaje de las nuevas autoridades y que, en la antesala de un cambio de gobierno, disminuya el margen para impulsar transformaciones.

Al respecto, planteó un paralelismo: "En la energía, los proyectos son como la gestión de la deuda externa del país. ¿Por qué tenemos una Unidad de Gestión de Deuda tan profesional? Porque se necesitan miradas de largo plazo. ¿En la energía no?"

En cuanto a la diversificación de la matriz y las restricciones tecnológicas, el ex titular de Ancap sostuvo que no deberían descartarse tecnologías de antemano y defendió un "principio de aditividad", según el cual las distintas fuentes energéticas deben complementarse. En ese marco propuso levantar las restricciones vigentes para evaluar el uso de energía nuclear mediante pequeños reactores modulares, como complemento de las fuentes renovables existentes para abastecer nuevas demandas industriales y tecnológicas, entre ellas los centros de datos.

Asimismo, reflotó el debate sobre una posible fusión, por etapas, entre UTE y Ancap, dos empresas del mismo propietario con negocios complementarios, con el fin de optimizar estructuras jurídicas, de abastecimiento, contables y técnicas.

Ante las perspectivas de exploración de hidrocarburos offshore y el desarrollo de grandes proyectos industriales, propuso mecanismos específicos de gestión, como la creación de un fondo de participación para afrontar eventuales decisiones de participación estatal en declaraciones comerciales de yacimientos y un fondo soberano para destinar las rentas y regalías a un instrumento específico que evite su ingreso directo a Rentas Generales y prevenga la expansión del gasto público corriente. A su vez, señaló la necesidad de dotar a los organismos de control ambiental de recursos e independencia operativa a prueba de presiones políticas.

En ese sentido, Stipanicic sostuvo que Uruguay debe consolidar una estrategia energética con perfil exportador. Argumentó que los grandes proyectos vinculados al petróleo offshore, el hidrógeno verde o los combustibles sintéticos no responden al tamaño del mercado interno, sino a la posibilidad de abastecer mercados internacionales, por lo que el Estado debería orientar la planificación y generar las condiciones para atraer ese tipo de inversiones.

En el plano eléctrico, enfatizó la necesidad de aplicar rigurosamente los marcos normativos existentes, delimitando los roles institucionales de Ursea, Adme y UTE. En ese marco, propuso fomentar una mayor inversión privada en la generación de electricidad y sostuvo que UTE debería concentrar sus esfuerzos en la transmisión y distribución de la red.

Asimismo, planteó abrir el mercado para que los generadores privados compitan directamente por abastecer a los clientes y a nuevos desarrollos, bajo un esquema de "peajes justos", en lugar de limitarse a vender energía a UTE. También propuso fomentar la microgeneración y promover que más usuarios puedan generar su propia electricidad.

En paralelo, en materia de movilidad eléctrica, propuso coordinar una estrategia para la disposición final y el segundo uso de baterías. Además, sostuvo que los incentivos deberían concentrarse en los vehículos urbanos (citycars), el transporte público y los híbridos enchufables, al tiempo que señaló la necesidad de mejorar la planificación de la infraestructura de carga para acompañar la demanda.

Por último, respecto al mercado de combustibles, el diagnóstico apunta a la necesidad de voluntad política para revisar la cadena de distribución y comercialización. Entre las líneas mencionadas figuran desregular aspectos de la cadena de distribución y el transporte, fomentar la creación de nuevos sellos regionales y particulares, flexibilizar las restricciones sobre puntos de venta y habilitar estaciones automáticas en zonas remotas.

Además, propuso permitir que los sellos realicen la formulación final de los combustibles a partir de un producto básico provisto por Ancap para fomentar la diferenciación comercial y la competencia. Respecto a la libre importación de combustibles, sostuvo que no debería ser el primer paso de una reforma del mercado y afirmó que, antes de avanzar en esa dirección, resulta necesario corregir las distorsiones existentes en la cadena de distribución y comercialización, ya que aplicar esa medida sin esos cambios previos sería, a su juicio, "un suicidio".

"O vivimos de Maracaná o miramos para adelante. Si vamos siempre a mirar el Maracanazo, estamos mirando el futuro con el espejo retrovisor. ¿Estamos realmente preparados para el éxito pensando en estas cosas? Yo creo que no", finalizó.

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