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Todo este año fue bueno para el euro. Un dólar con la autoestima diezmada hizo posible que en estos primeros nueve meses del 2025 subiera 14%, una ganancia sin precedentes.

Ahora, acomodado en su nivel más fuerte desde septiembre de 2021, la feliz coincidencia de la pausa monetaria en Europa con el inicio de un ciclo de relajamiento monetario en EE.UU. promete ponerlo en una trayectoria que al menos lo lleve a 1,20 por dólar.

En otras palabras, justo cuando el Banco Central Europeo (BCE) dice basta después de ocho recortes en un año, la Reserva Federal de EE.UU. (Fed) baja hoy por primera vez en el año el costo del dinero. Y el mercado cree que lo hará dos veces más antes de que termine 2025.

La moneda común terminó el martes en 1,1853 por dólar. Si los miembros del comité monetario de la Fed confirman las proyecciones del mercado, habrá más combustible para el rally.

Pero los argumentos técnicos también lo avalan. Al haber cruzado el máximo de julio de 1,1829, que actúa como resistencia (una cotización que actúa como techo porque genera una ola de ventas), ahora tiene el camino libre hasta la siguiente “estación”, el nivel de 1,20.

Bajo presión política, la Fed estira el rally del euro

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Más temprano en el año, el euro había cosechado los frutos de la política tarifaria de Donald Trump, que tenía al mundo indignado, alterado y confundido.

A su liderazgo volátil se sumó una inquietud global por el futuro del déficit y de la deuda estadounidense, que socavó los cimientos del dólar-refugio, construcción incuestionable.

El Bloomberg Dollar Spot Index, un indicador que mide al dólar contra las principales monedas del mundo, cae 9% en 2025 y está en su nivel más bajo del año.

Pero ahora es la política monetaria, con una Fed bajo una enorme presión política -interferencia que tampoco ayuda a inspirar confianza en la moneda-, la que energizará al euro.

Entre otros indicadores, el más reciente y el que más alarmó al mercado estadounidense fue el informe de empleo.

La creación de puestos de trabajo fue de 22.000 en agosto y las revisiones mostraron que se contrajo en junio por primera vez desde 2020. A su vez, la tasa de desempleo se elevó a 4,3%, su nivel más alto desde 2021.

La lectura fue que el mercado de trabajo estaba entrando en un proceso de deterioro. Por un momento fugaz, el mercado llegó a descontar que este primer recorte del año sería de 50 puntos básicos (pb.) y no de 25 pb.

La tasa de la Fed, con Jerome Powell todavía sentado milagrosamente en su escritorio, se ubica en un rango de 4,24%-4,50%.

Lagarde se declara "en pausa" pero no faltan amenazas

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Mientras tanto, en Frankfurt, la jefa del BCE, Christine Lagarde daba por clausurado el proceso de desinflación (aunque nunca nada es definitivo). Con la tasa en 2%, decidió parar ahí. Y el mercado no espera que se mueva por el resto del año.

La entidad revisó al alza en tres décimas su previsión de crecimiento para este año al 1,2%, tras despejarse el temor a represalias comerciales con el pacto entre la Unión Europea y EE.UU.

Con el desempleo en 6,2%, cerca de mínimos históricos y la inflación de la zona euro en 2,1%, todo parece relativamente manejable.

Por supuesto, aducirán los partidarios de consignar los escenarios más pesimistas, que Alemania todavía no despegó en los números con el mega-gasto en defensa e infraestructura.

Y es verdad que muchos analistas advierten que el verdadero impacto de las nuevas tarifas -de 15% según el nuevo acuerdo pero más altas para otros bienes como los autos- recién se hará palpable más tarde este año.

Y no nos olvidemos de Francia. Si bien no es parte del mandato del banco central, el temor a un contagio existe y las crisis de deuda soberana no son algo que Europa subestime.

Los datos irán marcando el camino. En Deutsche creen que en el curso de los próximos 12 meses puede haber “una baja precautoria”.

Algo así como que, con tanta amenaza, un recorte nunca está de más.

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