El Gobierno de México ha salido al paso de las recientes e intensas controversias políticas generadas por las visitas de destacadas figuras de la política española. El ministro de Exteriores mexicano (canciller), Roberto Velasco, ha subrayado que tanto la presidenta de la Comunidad de Madrid, Isabel Díaz Ayuso, como la diputada del Partido Popular y portavoz adjunta en el Congreso, Cayetana Álvarez de Toledo, son bienvenidas en México "a dar conferencias o de vacaciones".
Con estas declaraciones, el jefe de la diplomacia mexicana ha querido evidenciar lo que considera una clara "paradoja" en los discursos de la oposición conservadora española, señalando la contradicción que supone afirmar que México "es un país peligroso" mientras, de manera paralela, "lo visiten continuamente, lo disfrutan y dan conferencias".
Las declaraciones de Velasco, efectuadas en el marco de una rueda de prensa conjunta en la sede de la Cancillería en Ciudad de México al lado de su homólogo de Alemania, Johann Wadephul, se producen pocos días después de que la propia presidenta de México, Claudia Sheinbaum, tildara de "un poco kafkiano" el hecho de recurrir a una parlamentaria extranjera para debatir sobre asuntos de soberanía nacional. Esta sucesión de pronunciamientos oficiales busca rebajar la tensión institucional mediante el uso de la ironía diplomática, al tiempo que marca una firme línea de defensa de la identidad histórica y la soberanía del país americano.
La visita de Cayetana Álvarez de Toledo a la Universidad de la Libertad activa la polémica
El foco de la última fricción bilateral se encendió tras la reciente intervención de Cayetana Álvarez de Toledo en un encuentro celebrado en la Universidad de la Libertad. La diputada española, que acudió a México como invitada por el empresario opositor Ricardo Salinas Pliego, articuló un discurso sumamente crítico en el que afirmó que la soberanía mexicana se encuentra seriamente amenazada por tres factores internos determinantes: el crimen organizado, el populismo autoritario y lo que definió como la mentalidad de dependencia.
Durante su ponencia, Álvarez de Toledo lanzó duros interrogantes sobre la realidad del país: "¿Qué queda de la soberanía nacional mexicana cuando millones de ciudadanos han perdido la soberanía sobre sus propias vidas frente al narcotráfico, frente al poder político, frente a la dependencia económica?".
Asimismo, la portavoz adjunta del PP recalcó que la soberanía no se reduce a "una bandera" o a "un discurso inflamado contra el extranjero", ni tampoco a "un reproche histórico lanzado desde una mañanera", en clara alusión a las conferencias de prensa presidenciales.
Para la política española, la soberanía radica en aspectos esenciales como "poder salir a la calle sin pedir permiso a un criminal". Posteriormente, a través de sus canales en redes sociales, endureció su postura planteando la coyuntura política como una elección dicotómica: "Soberanía o crimen organizado. Soberanía o populismo autoritario. Soberanía o dependencia. Es decir: Soberanía o Morena. Soberanía o Sheinbaum".
Claudia Sheinbaum califica de "kafkiano" el debate sobre la soberanía nacional
La respuesta de las máximas instancias del Estado mexicano no se hizo esperar. La presidenta del Gobierno, Claudia Sheinbaum, reaccionó de manera directa e irónica frente a los cuestionamientos de la diputada del Partido Popular durante una de sus habituales comparecencias ante los medios de comunicación.
"Ya trajeron otra diputada de España. Está buenísimo, está genial. Los nuevos cuadros de la política mexicana", ironizó la mandataria federal.
"Tener que traer a una diputada española para hablar de la soberanía nacional está un poco kafkiano, por lo menos. Está curioso, está muy curioso", apostilló Sheinbaum ante la prensa.
Esta réplica precede a los argumentos esgrimidos posteriormente por el canciller Velasco, quien insistió: "Existe una costumbre que se ha vuelto frecuente de que vengan visitantes a decirnos en México a los mexicanos quiénes somos".
El ministro afeó que, con escasas semanas de diferencia, primero Isabel Díaz Ayuso y posteriormente Cayetana Álvarez de Toledo hayan acudido al territorio nacional a emitir advertencias sobre presuntas amenazas a la soberanía. "Yo creo que eso habla muy bien de México. Hay países de los que uno se va y México es un país al que se vuelve", remarcó con satisfacción.
El precedente de Isabel Díaz Ayuso y las denuncias de boicot institucional
El actual escenario de desencuentro se nutre directamente de los hechos acontecidos el pasado mes de mayo, cuando la presidenta de la Comunidad de Madrid, Isabel Díaz Ayuso, protagonizó un viaje a México programado para participar en una serie de actos institucionales y encuentros estratégicos con representantes de los sectores empresarial y político. Dicha agenda oficial incluía, entre otras actividades, un acto de homenaje a la figura histórica de Hernán Cortés.
Sin embargo, la visita de la líder madrileña concluyó de forma abrupta. Díaz Ayuso tomó la decisión de cancelar una parte importante de sus compromisos y adelantar su regreso a Madrid tras denunciar públicamente la existencia de un supuesto "clima de boicot" en su contra, del cual responsabilizó de forma directa a la presidenta Claudia Sheinbaum y al que calificó como "Gobierno de ultraizquierda mexicano".
Según fuentes de la administración regional madrileña, las presiones llegaron al extremo de acusar a la dirigente mexicana de intentar "boicotear" la gala de los Premios Platino de cine iberoamericano si se confirmaba la asistencia de la presidenta madrileña.
Esta versión, no obstante, fue desmentida categóricamente por los actores implicados en el territorio. El grupo empresarial Xcaret, propietario del complejo hotelero donde se desarrollaron los galardones cinematográficos, negó de forma tajante haber recibido "amenazas o instrucción" por parte de Sheinbaum.
La empresa aclaró que fue la propia organización de los premios la que solicitó formalmente la retirada de la invitación a Díaz Ayuso debido a sus "desafortunadas declaraciones". Por su parte, el Gobierno mexicano remarcó a través de una nota oficial que la estancia de la presidenta madrileña se desarrolló "en total libertad" y que "en ningún momento se intentó evitar alguna de sus presentaciones públicas o privadas", defendiendo que en México impera un entorno democrático que permite el debate abierto de ideas.
México reivindica sus raíces históricas y redefine el concepto de libertad
Frente a las alusiones históricas que suelen rodear estas visitas, el canciller Roberto Velasco aprovechó la comparecencia para exigir que se dimensione de manera correcta el significado de la soberanía nacional. El titular de Exteriores recordó que, para los mexicanos, la soberanía responde a una herencia que se ha mantenido intacta a lo largo de los siglos y que se remonta a una época previa a 1521. "Viene de culturas milenarias que siguen vivas y que no solo siguen vivas, sino que hablan de cientos y miles de años de tradiciones de las que nos sentimos muy orgullosos", argumentó, lanzando un dardo directo a la formación académica de la diputada popular: "Una historiadora debería saber eso".
Velasco rechazó la visión eurocéntrica de la historia afirmando que el Gobierno contempla "con una sonrisa esta idea de que se vino aquí a avanzar la civilización durante la conquista, cuando hay aquí civilizaciones muy profundas que tenían desde antes arquitectura, astronomía, matemáticas, calendarios, ciudades".
Finalmente, el jefe de la diplomacia mexicana arremetió contra la concepción ideológica de los sectores conservadores en torno a los derechos civiles.
Cuestionó "esta idea que quieren vender de la libertad" desde determinados círculos políticos, catalogándola como una postura "muy sesgada" debido a que la libertad es un "concepto universal" que no pertenece a ninguna corriente en exclusiva.
En este sentido, Velasco abogó por "resignificar" el término, criticando que dichos discursos omitan libertades estructurales fundamentales: "Hablan de algunas libertades, pero no hablan por ejemplo de la libertad que tienen las personas de elegir sobre su cuerpo, no hablan tampoco de la libertad que deben tener las personas para salir de la pobreza, si es que nacen en ella, de poder cubrir todas sus necesidades básicas y, de esa forma, realmente elegir cómo quieren vivir su vida", concluyó de forma tajante.
Claudia Sheinbaum cerca de Pedro Sánchez, lejos de Díaz Ayuso
A pesar de estos choques dialécticos con la cúpula del Partido Popular, la postura del Ejecutivo federal mexicano muestra una reconfiguración general de sus nexos con el Estado español. En los últimos meses, la presidenta Claudia Sheinbaum ha dado un giro visible a la relación bilateral, un cambio de rumbo motivado por la valoración positiva de los gestos emanados desde las autoridades de Madrid, concretamente al reconocer los "abusos" cometidos durante el periodo de la Conquista.
Este acercamiento se consolidó el pasado mes de abril, cuando Sheinbaum viajó a Barcelona para mantener una reunión de trabajo con el presidente del Gobierno español, Pedro Sánchez.
En dicho encuentro, la mandataria se sumó formalmente al bloque de países progresistas integrados en la Cumbre por la Defensa de la Democracia. Este hito ha supuesto, a ojos de los observadores internacionales, la apertura formal de una nueva etapa en las relaciones diplomáticas bilaterales entre Madrid y Ciudad de México, buscando dejar atrás varios años caracterizados por persistentes tensiones y distanciamientos institucionales.