22 de julio de 2026 16:49 hs

El domingo España se coronó como campeón del Mundo, tras derrotar a quien portaba la corona desde 2024: la “violenta” Argentina de Lionel Messi. El resultado futbolístico y la superioridad del grupo liderado por Luis de la Fuente excede la discusión que primó en las redes sociales y también en las calles.

Hace algunos días una radio argentina me preguntaba si era posible salir a celebrar como argentinos viviendo en España, en mi caso en Madrid. Relaté con alegría la celebración en Puerta del Sol después de la hazaña histórica contra Inglaterra y celebré estar viviendo en una ciudad cosmopolita que abraza y recibe generosamente a gente de todo el mundo, culturas y religiones. Sin embargo, esa convicción empezó a tambalear el domingo en Plaza Colón donde se proyectó la final del Mundial de forma libre y gratuita para los aficionados de la redonda y a la que asistí para cubrir el evento para El Observador.

Para sorpresa de nadie, en una multitud de más de seis mil personas encontré solo cinco que apoyaban a la selección argentina: un taiwanés, un kasajo y tres argentinos. Éramos seis contra el mundo, sufriendo por la cuarta para Messi y compañía. Y los insultos no tardaron en llegar. La chicana futbolística es materia obligatoria de cualquier argentino, nos movemos cómodos en ese terreno. Nos bancamos cargadas del rival porque nosotros también las propinamos, es parte del folclore. Pero los intercambios subieron de tono después del partido del domingo.

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Sin caer en un reduccionismo clickbaitero de: son amargos, no sienten el fútbol, no saben festejar. O (del otro lado) que somos unos salvajes, unos violentos sin causa, que no sabemos perder, que festejamos el fútbol porque no tenemos nada más que celebrar, que por qué no volvemos a nuestro país.

Del relato virtual al enfrentamiento real

La preocupación se activó cuando la discusión que era exclusiva de redes sociales hostiles como X (ex Twitter), escaló y se convirtió en un odio irracional que pasó a las calles. Las campañas anti Argentina, con la mano negra de la política o las empresas de apuestas deportivas, ya no se daba solo en el mundo virtual.

Se criticó a los argentinos que en la previa cantaron “España tiene miedo” o “El que no salta es español”, los medios españoles se plagaron con videos de “los violentos argentinos” o hasta acusaron a la Selección de Lionel Scaloni de “darle la espalda” a la consagración española, cuando en verdad el plantel le estaba rindiendo homenaje a su fiel hinchada. Pero poco repudio hubo a los españoles que quemaron banderas o camisetas argentinas o a los cánticos de “Argentina, hijos de puta” que se corearon en Plaza Colón el pasado domingo.

Las redes difundieron hasta el cansancio las peleas de jugadores argentinos post final contra sus pares españoles pero también a argentinos agredidos en calles, transporte público o desde sus propios balcones, solamente por portar la camiseta o la bandera Argentina.

En cambio, los videos de fraternidad y convivencia entre ambos países en calles de Madrid, Málaga o Barcelona tuvieron poquísima difusión.

Ni civilización europea ni barbarie latinoamericana

Las acusaciones de ambos países son generalizaciones injustas que poco tienen que ver con el día a día de una convivencia pacífica entre naciones que lleva décadas.

Y la campaña anti-Argentina, que comenzó a cocinarse como campaña anti-Messi, tiene evidencia en redes sociales y muchos fuimos (y aún somos) su servil ganado digital.

En la última semana, Argentina generó 23,7 millones de posteos en X, un 49% más que España (15,9 millones), que es el campeón del mundo. Inglaterra quedó en 9,3 millones y Francia en 6,9 millones: ningún semifinalista se le acercó.

Fuente: @estebancervi

Fuente: @estebancervi

Se trató de una campaña de hostilidad (rage bait) finamente organizada. Luego de los octavos de final que Argentina jugó contra Egipto comenzó a crecer el tag "VAR-gentina" y la infundada teoría del "Mundial arreglado" (según reportó en redes el emprendedor tech, Esteban Cervi), apoyada sobre publicaciones periodísticas como el canal deportiva ESPN llamando al equipo "disgrace", Marca titulando que España "salvó el fútbol", “El método venció la locura”, de The New Yorker y The Telegraph titulando a "Football 1, Criminals 0". También Tomás Roncero, uno de los colaboradores más controversiales de ‘El Chiringuito’, que atacó ferozmente a la Argentina antes del partido y aseguró: "Me río de las Malvinas".

En tan solo dos semanas el folclore futbolero se convirtió en una violencia injustificada sobre Argentina apoyada solamente sobre fake news y clickbait y que, tristemente, se trasladó a enfrentamientos reales aislados.

Lo que demuestra esta ola de odio es cómo opera el algoritmo, premiando y potenciando la indignación y la violencia de la que terminamos siendo víctimas todos.

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