27 de junio de 2026 0:16 hs

El director de Diario de Cuba, Pablo Díaz, participó en la quinta entrega de Playbook España para El Observador. Durante este encuentro con Fernando Gonzalez, el reconocido periodista ha desgranado la compleja realidad humanitaria, política y social que atraviesa la isla caribeña, ofreciendo un análisis profundo sobre la pérdida absoluta de credibilidad del modelo estatal y las nuevas claves geopolíticas que redefinen la agenda internacional entre Washington, Madrid y La Habana.

Una crisis humanitaria extrema y el colapso absoluto de los servicios básicos

De acuerdo con el relato de Pablo Díaz, Cuba se presenta actualmente como "un país completamente devastado en términos que son difíciles de hacer ver o de explicar en la comunidad internacional". Para el periodista, la gravedad de la situación interna equivale a los efectos de un conflicto bélico, describiéndolo taxativamente como "un país devastado como si hubiera pasado una guerra por ahí" y que, además, "ha perdido su población en los últimos años".

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Uno de los síntomas más visibles de este deterioro son los apagones eléctricos extremos que mantienen a oscuras a más del 60% del territorio nacional, registrándose "cortes de electricidad que duran días enteros". Díaz enfatiza las consecuencias de esta precariedad energética al señalar que "la comida se echa a perder" y que, bajo el impacto del "calor del trópico, vivir sin electricidad es algo muy duro".

Este deterioro estructural afecta de forma directa a los pilares fundamentales de la subsistencia y la sociedad civil. En el ámbito educativo, denuncia que "los niños no van a la escuela porque no pueden comer".

En materia sanitaria, afirma que "los hospitales cubanos no existen ya" y los define como "ruinas con los servicios colapsados" dentro de un escenario generalizado donde "la sanidad ha implosionado".

Según su declaración, la escasez absoluta de insumos provoca que en la isla mueran diariamente "decenas de personas por causas cosas completamente evitables". Esta vulnerabilidad extrema se ve agravada por una severa crisis epidemiológica: "Hay muchas enfermedades, hay dengue, hay COVID, hay chikungunya, hay virus del Nilo, hay gripe A, no hay medicamentos, entonces estamos hablando de un país completamente exhausto".

Esta parálisis se extiende a los servicios municipales elementales, advirtiendo de que en los barrios "no hay agua corriente" y que "las alcantarillas no hacen su trabajo".

El impacto de Marco Rubio y la administración estadounidense en la geopolítica cubana

Para el director de Diario de Cuba, la resolución de la crisis interna debe gestionarse "caras adentro" al tratarse esencialmente de "un problema de falta de democracia". No obstante, reconoce que Estados Unidos se mantiene como "un actor fundamental" por tratarse de "la principal potencia del mundo a tan solo 90 millas de Cuba".

En este nuevo escenario diplomático, anticipa que "Donald Trump va a tener mucho que decir ahí", aunque estableciendo distancias claras respecto a las estrategias aplicadas en otros países de la región: "Una solución a lo Delcy Rodríguez es diferente, entre Cuba y Venezuela hay muchas diferencias".

Díaz argumenta que en la isla "no hay petróleo", pero destaca factores diferenciales determinantes como el peso de "una gran comunidad cubana en la Florida, que es un exilio político muy activo" y, de manera primordial, el nombramiento del nuevo secretario de Estado estadounidense, Marco Rubio.

Califica de "muy ventajosa" la designación de Rubio para el futuro de la libertad de la sociedad cubana, argumentando que "es cubanoamericano" y posee virtudes estratégicas que lo diferencian de otros diplomáticos norteamericanos.

Según sus palabras, "es un secretario de Estado que conoce perfectamente no solamente la situación cubana, sino la psicología, la manera de pensar del régimen cubano", lo que le otorga una posición única ya que "es capaz de hablarle al pueblo cubano, del interior de la isla y también al exilio a la Florida".

Para Díaz, esta experiencia directa evita que la administración estadounidense sea engañada por las reformas cosméticas del gobierno de La Habana, ejemplificándolo en que ante los recientes anuncios de "una supuesta apertura económica", no resulta necesario explicarle al secretario de Estado "que esa apertura económica no es tal, que es sencillamente otra es otro intento de vender humo".

Respecto a los rumores sobre una eventual intervención militar, el periodista descarta que se trate de una mera fantasía y sostiene que "perfectamente se puede dar", argumentando que "el miedo a que vengan los americanos se transforme en el miedo a que no vengan" debido a que la población está "siendo sometida a una guerra por su propio gobierno". El entrevistado concluye que "la mayoría de los cubanos están deseando que haya una solución a esta crisis; si la solución pasa por la llegada de los Marines, bienvenida sea".

El rezago educativo y la devaluación real de las figuras de la revolución

El análisis de Díaz aborda de igual modo el estado de la educación y el acceso a la información, señalando una brecha drástica respecto al resto del mundo al afirmar que "cualquier niño del mundo tiene más conocimiento de internet y más acceso a la sociedad del conocimiento que cualquier profesional cubano". El periodista denuncia que la política editorial del Estado ha priorizado la propaganda ideológica por encima de las disciplinas académicas, criticando que en el país "no se han editado libros científicos de historia", pero en cambio "sí se editan las obras completas de Raúl Castro, unos 15 tomos". Ante esta realidad, Díaz se cuestiona "qué nivel científico o profesional puede haber en esa sociedad" desprovista de las herramientas del conocimiento contemporáneo.

Esta parálisis del modelo se manifiesta en la pérdida de credibilidad de lo que formalmente "se conoce como revolución cubana, que es digamos el sistema de gobierno en el país", el cual, a su juicio, "sencillamente ya ha perdido toda credibilidad y toda posibilidad de ofrecer respuestas a la situación nacional".

Esta desconexión es especialmente evidente en la percepción actual de los referentes históricos del proceso, cuya valoración interna difiere de la imagen mítica exterior. Díaz rememora su infancia explicando que en los colegios obligaban a los alumnos a exclamar la consigna oficial: "Todos los niños cubanos cada día teníamos que decir: 'Seremos como el Che'. Pioneros por el comunismo, la respuesta era: 'Seremos como el Che'". No obstante, desvela que los propios estudiantes utilizaban el humor como disidencia sutil, ya que "los niños pequeños cuando bajábamos la mano decíamos: 'Asmáticos'", transformándolo en "una forma de burla, digamos, de descreer o empezar a descreer".

En la Cuba contemporánea, Díaz sostiene que "el Che hoy es una pintura en un muro de ruinas" y que en el día a día "nadie habla del Che, a nadie le importa el Che". El periodista concluye con una reflexión personal sobre el peso histórico de los referentes de su país natal: "Yo ciertamente habría preferido, puestos a escoger de Argentina, a Borges y a Gardel, que al Che y a Maradona, pero nos tocaron esos dos".

Crítica a la política exterior de España: las relaciones de Zapatero y Sánchez

Finalmente, el director de Diario de Cuba examina las relaciones diplomáticas bilaterales mantenidas por los sucesivos Gobiernos de España con La Habana, dirigiendo una dura crítica hacia la gestión de los presidentes pertenecientes al Partido Socialista Obrero Español, específicamente en las etapas de José Luis Rodríguez Zapatero y Pedro Sánchez. Díaz confiesa que durante mucho tiempo adoptó una postura de desconcierto ante la diplomacia española, señalando que "ahora estoy entendiendo muchas cosas que yo no entendía en la época de Zapatero" respecto a una serie de decisiones políticas caracterizadas por la "mano blanda".

Para el entrevistado, la postura histórica de los líderes socialdemócratas europeos resultaba difícil de asimilar, manifestando que "me costaba trabajo entender la incapacidad de la socialdemocracia de Europa de confrontar a las dictaduras de izquierda". Díaz diferencia esta posición de la que adoptan de forma natural "los partidos comunistas, la extrema izquierda", a quienes define como "la familia ideológica política de estos regímenes".

Sin embargo, denuncia directamente la gestión actual de las autoridades de Madrid al censurar "al PSOE de Zapatero, el PSOE de Pedro Sánchez hoy en día" por "su inacción, su falta de denuncia ante las violaciones flagrantes de derechos humanos que están aconteciendo en Cuba". El periodista concluye sentenciando que esta línea de actuación exterior ha dejado de ser un enigma para el análisis político, afirmando que tales decisiones "ahora son explicables cuando vemos comenzamos a ver que en realidad lo que estamos de lo que estamos hablando es de negocio, de dinero y de joyas".

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