ver más

Madrid Fusión no es solo un congreso. Es el epicentro vivo y dinámico, que deviene en una suerte de “Mundial”, donde la gastronomía se piensa y se debate a sí misma.

En su 24ª edición, volvió a confirmar por qué Madrid es una de las grandes capitales de la cocina contemporánea donde confluyen producto, talento, cultura, negocios, ciencia y emoción.

Bajo el lema de “El cliente toma el mando”, plantó bandera con una radiografía del presente, donde el comensal es un personaje activo de la industria y no un espectador, que influye y determina a la industria como nunca antes.

madrid fusion 1

Una cumbre de profesionales de más de 60 países

Los números exhiben una escala y dimensión de nivel global: 1.722 congresistas, más de 25.000 visitantes, 224 empresas expositoras y presencia de profesionales de 61 países, marcan el alcance del encuentro.

Es un espacio donde el autoexamen es constante y quizás ahí es donde reside su mayor virtud. Se discute el valor del producto frente a la técnica, el rol de la tradición frente a la innovación o el eterno conflicto entre industria y artesanía en un debate que atraviesa desde el jamón ibérico hasta el vino de Jerez o las garnachas de Gredos.

No es casual que España, el país de bares, tabernas y rituales compartidos, haya convertido a la gastronomía, parte de su esencia, en una de sus grandes industrias culturales y económicas.

Producto, ciencia y emoción

En esta edición, el congreso ha validado una máxima que, por habitual, no deja de ser el pilar innegociable del sector: sin producto, la cocina carece de narrativa. Esta premisa articuló un discurso transversal donde la excelencia de la materia prima se convierte en el único lenguaje común.

Desde Pía León, que en Perú deconstruye el cacao bajo una visión de aprovechamiento integral, hasta la audacia de Gil Fernandes, cuya cocina se nutre de la recolección extrema en los acantilados de Cascais, el mensaje fue inequívoco. La alta gastronomía ya no solo se sienta a la mesa; hoy debate con urgencia sobre la ética del consumo, la sostenibilidad y el diseño del futuro.

madrid fusion 3

Párrafo aparte para The Wine Edition, el espacio destinado a la “sangre de Baco”, que erigió al vino en protagonista absoluto. Allí, sumilleres, bodegueros, cocineros y críticos debatieron desde el terroir y la identidad del suelo hasta la ciencia del maridaje, con sesiones como Top Tastings sobre garnacha de Gredos, sabores de la Toscana con platos del chef Giuseppe Mancino, vinos de Argentina en altura y ponencias del catalán Ferran Centelles o el canadiense François Chartier, reconocidos por su capacidad de unir el rigor científico con la sensibilidad gastronómica, que exploraron el ADN aromático y gastronómico del vino.

Como novedad, esta edición abrió el auditorio principal al público general sumando la nueva zona Food&Wine para experiencias sensoriales directas entre platos y copas.

Nada detuvo los fuegos del sabor

No hubo frío, ni lluvia, ni nevada que detuviera el torbellino de cosas que sucedieron estos tres días. Ifema se convirtió en un gran mercado de ideas y negociaciones.

Entre copas y platos, se cierran acuerdos, se lanzan proyectos y se consolidan marcas país. España lo entiende bien: su gastronomía no es solo orgullo identitario, es economía contante y sonante. Todo lo que allí pasa, es una brújula para entender hacia dónde va el mundo y qué decisiones tomar.

Los referentes siempre presentes.

En el auditorio principal, figuras como Quique Dacosta, Dabiz Muñoz, Ferran Adrià, Jordi Roca, el italiano Mauro Uliassi, y el argentino Paulo Airaudo presentaron propuestas que van más allá del plato, explorando creatividad, emoción, técnica y experiencia sensorial para conectar con el cliente.

El gran protagonista del cierre fue Albert Adrià, quien recibió el premio "The Best Chef of the Year in Europe" (Mejor Chef del Año en Europa) por su trayectoria y su capacidad de transformación en la cocina moderna a través de su restaurante Enigma. Emocionado, subió al escenario junto a su hijo, inevitable heredero de la pasión y talento familiar.

madrid fusion 2

Al final, entre croquetas premiadas, vinos descorchados y debates encendidos, queda una certeza: la comida sigue siendo uno de los últimos lenguajes capaces de reunirnos sin traducción. Cocinar, compartir y sentarse a la mesa sigue siendo un acto de amor y entrega eminentemente humana.

La mesa está servida pues, vamos a por ella.

Temas:

Madrid Fusión Mundial Gastronomía enero española Madrid Madrid

seguí leyendo