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A los hutíes se los conoce como Seguidores de Dios. Entrenados y financiados por Irán, son una raza moderna de piratas terroristas.

En control de gran parte de Yemen, en 2023, en solidaridad con la causa Palestina, cuando Hamás agredió a Israel, los hutíes comenzaron a atacar salvajemente barcos.

Y bloquearon gran parte del tráfico marítimo en el Mar Rojo durante dos largos años.

En esa ruta crucial que es el estrecho de Bab el-Mandeb, que conecta el sur del Mar Rojo con el Golfo de Adén, causaron la que fue entonces la mayor interrupción del comercio mundial desde la pandemia de Covid-19.

Por eso su reaparición en este nuevo escenario bélico generó el temor a una súbita escalada.

Más allá de los bombardeos dirigidos hasta ahora contra Israel, los hutíes pueden generar un enorme daño.

Con el estrecho de Ormuz cerrado por primera vez en la historia -sin considerar la mínima flexibilización bajo los términos de Irán en el último tiempo- ataques de los hutíes en el Mar Rojo podrían ser un golpe fatal.

Arabia Saudita aún logra exportar a través del Mar Rojo

Una de las cosas que ayudaron a limitar el desajuste en los mercados petroleros durante la guerra de Irán fue la posibilidad de Arabia Saudita de disponer de una ruta alternativa de salida al mar.

Gracias a un extenso oleoducto que atraviesa el desierto y transporta su petróleo hasta la costa, hoy puede exportar a Asia desde su terminal sobre el Mar Rojo.

Bab el-Mandeb fue una ruta predilecta para el comercio este-oeste durante siglos.

Su nombre significa "Puerta de las Lágrimas", en referencia a las corrientes cruzadas, los vientos impredecibles y los arrecifes que alguna vez hicieron que esta vía fluvial fuera peligrosa para los marineros.

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Alrededor del 9% del comercio mundial marítimo pasaba por este estrecho antes de que los ataques de los hutíes se intensificaran, incluyendo alrededor del 20% del tráfico de contenedores y mercancías por valor de más de u$s 2 billones al año.

El petróleo crudo, el diésel, el gas natural, otros productos derivados del petróleo y las materias primas a granel de Oriente Medio e India siguen pasando por el Mar Rojo en su camino hacia y desde Europa, ya que es la ruta más corta.

Las sanciones occidentales contra Rusia tras su invasión a Ucrania en 2022 lo convirtieron en una arteria comercial vital.

Esto también se aplica al crudo que fluye en la otra dirección, ya que Moscú ahora vende la mayor parte de su petróleo a Asia.

Mantener abierto el estrecho de Bab el-Mandeb es especialmente importante para Arabia Saudita, que logró mantener una parte significativa de sus exportaciones de petróleo enviándolas hasta el puerto de Yanbu, en el mar Rojo, para su carga en buques cisterna.

Muchos de esos barcos deben navegar pasando frente a la costa de Yemen para recoger los cargamentos de petróleo y regresar hacia el sur a través de Bab el-Mandeb para llegar a sus clientes en Asia.

Las ventas sauditas, un salvavidas para el mercado petrolero

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El aumento de los cargamentos procedentes de Yanbu se convirtió en un salvavidas para el mercado petrolero y es una de las razones por las que los precios del crudo no se han disparado aún más.

El crudo Brent va camino a cerrar marzo, que coincide con las primeras cuatro semanas de conflicto bélico, con una suba del 60%, si bien los productos derivados del petróleo se dispararon muy por encima de esos niveles.

Los envíos de Arabia Saudita a través del puerto del Mar Rojo ya alcanzaron aproximadamente el 60% del total de las exportaciones de petróleo del reino previo a la guerra. De hecho, acaba de lograr la meta de los 7 millones de barriles diarios.

Aún cuando ese suministro no se vio alterado, la sola posibilidad de que los hutíes comiencen a interferir con esos cargamentos ya está imprimiendo más empuje al precio del crudo en un mercado en el que sobran disparadores para que siga trepando.

Marzo ya quebró todos los récords, incluso los de Irak-Kuwait en los noventa.

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