26 de marzo de 2026 8:41 hs

Irán shockeó al mundo al cerrar por completo el estrecho de Ormuz, la principal vía marítima para el comercio de petróleo y gas del mundo. Ya había amenazado demasiadas veces con hacerlo como para creer que cumpliría.

Desde entonces Donald Trump, que inició la guerra y provocó el bloqueo, ya no sabe qué hacer para forzar su reapertura y bajar los precios de la energía.

Pero no hizo falta. Teherán empezó a flexibilizar el tráfico por su cuenta.

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Por supuesto que en plena guerra, son sólo unos pocos petroleros los que pueden empezar a circular y tienen que hacerlo en sus condiciones.

Lo más curioso, sin embargo, es que los iraníes decidieron aprovechar para cobrar un peaje: hasta u$s 2 millones por carguero.

Después de todo, la guerra supone sus gastos.

Aunque Irán todavía cuenta con sus ingresos petroleros, ya que sigue exportando en niveles equiparables a los de la pre-guerra y ahora puede hacerlo libre de sanciones.

En todo caso, si hay algo peligroso, es que subyace un reclamo de soberanía sobre el estrecho.

De hecho, Irán ya deslizó la idea de formalizar el sistema como parte de un acuerdo de posguerra más amplio, según pudo saber la agencia Bloomberg.

Y la semana pasada, un legislador iraní aseguró que el Parlamento iba a presentar una propuesta para exigir un pago por utilizar el estrecho como ruta marítima segura.

“Buscamos un proyecto de ley que reconozca legalmente la soberanía, el dominio y la supervisión de Irán sobre el estrecho de Ormuz, y que además genere una fuente de ingresos para el país mediante el cobro de un peaje”, dijo el presidente de la comisión de asuntos civiles del Parlamento, Mohamad Reza Rezaei Kochi, según la agencia Tasnim.

La misión de Irán ante la ONU afirmó esta semana que los buques "no hostiles" que no participen ni apoyen ataques a Irán pueden transitar por el estrecho de Ormuz.

Un ruta de navegación que recorre la costa iraní

Irán ya oficializó su decisión de permitir a buques extranjeros cruzar el estrecho de Ormuz, siempre y cuando no apoyen actos de agresión contra el país y cumplan con las normas establecidas por Teherán.

Así lo estipuló en una carta enviada el martes a los miembros de la Organización Marítima Internacional, añadiendo que los países podrían beneficiarse de un paso seguro "en coordinación con las autoridades iraníes competentes".

Eso implica que las embarcaciones deben seguir una ruta claramente delimitada en la que los iraníes pueden estar bajo control y supervisar el trayecto: es un recorrido que pasa entre las dos islas iraníes de Larak y Qeshm.

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Normalmente, los petroleros no navegan tan cerca de la costa iraní sino todo lo contrario, del otro lado del estrecho.

Esto es básicamente por los riesgos involucrados que encarecen las coberturas las aseguradoras y la financiación de los bancos.

Se trata de una medida que, aunque parcial, puede traer cierto alivio, sobre todo a algunas naciones asiáticas -dependientes de las importaciones de la región- que están atravesando severas crisis energéticas.

Miles de millones de personas enfrentan cortes de gas y luz y se preparan para el racionamiento de combustible.

La idea del peaje ya hizo saltar en cólera a varios

En el caso de los peajes, nada está tan sistematizado. Por el contrario, se maneja con cierta discreción.

Y aunque varios pagaron, como China, la idea está creando fricciones con viejos clientes y con los vecinos de la región.

Es el caso de la India, que ya había logrado un acuerdo con Teherán para que cuatro de sus buques que transportaban gas licuado salieran del Golfo Pérsico a través de Ormuz.

Pero la idea de la tarifa lo enfureció al primer ministro, Narendra Modi.

El mandatario dejó en claro que las leyes internacionales garantizan el derecho a la libertad para la navegación a través del estrecho y nadie puede cobrar por el uso del canal.

Para los productores árabes del Golfo, incluso un peaje informal es inaceptable, ya que sienta precedentes. Irán se está arrogando el derecho de administrar un estrecho como si fuera un territorio soberano.

Arabia Saudita y los Emiratos Árabes Unidos son los únicos dos países que disponen de oleoductos que les permiten desviar al menos parte de su producción hasta el Mar Rojo y el Golfo de Omán, respectivamente, para poder seguir exportando.

De todos modos, este pequeño flujo que empezaría a moverse por el estrecho nuevamente no es más que una fracción mínima en relación a los 16 millones de barriles diarios que solían navegar por esa franja de agua que no tiene más de 34 kilómetros en su punto más angosto.

Un pequeño favor de amigos “remunerados”.

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