Ultimátum a Irán por Ormuz: por qué su amenaza de atacar las plantas de desalinización del agua puede crear una catástrofe
Irán se defenderá si EEUU “aniquila” su infraestructura energética. Las plantas de desalinización nunca habían sido objetivos militares hasta ahora. Suministran hasta 90% del agua potable en los países del Golfo arábigo.
Irán respondió al ultimátum de 48 horas de Trump para liberar el estrecho de Ormuz y sus amenazas advirtiendo que tomaría represalias contra toda tipo de instalaciones, entre ellas, las plantas de desalinización de la región.
No, no es el petróleo. La CIA lo llama el “commodity estratégico” del Golfo Pérsico. Es el agua.
Tomemos Riad, la capital de la desértica y fenomenalmente rica Arabia Saudita.
Sobre la costa del Golfo, la planta de desalinización Jubail se encarga de convertir el agua de mar en agua potable y un sistema de oleoductos de unos 500 kilómetros la transporta hasta la ciudad.
Riad, con sus 8 millones de habitantes, depende en más de un 70% de esta instalación y la poderosa central energética que la alimenta para el suministro de agua.
Aunque los países del Golfo tienen planes de contingencia seguridad hídrica, si la planta de desalinización fuera dañada o destruida en un ataque en pocos días el exuberante oasis saudí debería ser evacuado.
De ahí, la gravedad de la amenaza iraní en respuesta al ultimátum de Donald de Trump.
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El presidente estadounidense intimó a Irán a abrir el estrecho de Ormuz en 48 horas. De lo contrario, “aniquilaría” su infraestructura eléctrica empezando por la más grande”.
Irán le advirtió que si cumple con su amenaza atacará toda instalación clave de EEUU e Israel en todo Medio Oriente. Y se refirió específicamente a plantas de desalinización.
Desde ya, no fue en absoluto casual.
El Golfo es una de las regiones con mayor estrés hídrico del mundo.
Ni siquiera es necesario un ataque directo a las plantas. Interrupciones del suministro eléctrico por daños en las centrales que suelen estar cerca podrían desencadenar una crisis humanitaria.
Irán lo sabe bien porque el país está en riesgo inminente de llegar a lo que se conoce como “Zona Cero” en materia de agua.
Una sequía histórica y embalses al 10%, entre otras cosas, llevaron hasta a considerar trasladar Teherán, donde viven 10 millones de personas.
Evacuar Dubái, un escenario de ciencia ficción
Irán depende menos de la desalinización. Todavía obtiene la mayor parte de su agua de ríos, embalses y aguas subterráneas.
Hasta el momento, tres plantas desalinizadoras resultaron dañadas durante la guerra y dos de ellas siguen operando. Pero no se considera que hayan sido blancos intencionales sino daños colaterales.
Como requieren grandes cantidades de electricidad para eliminar la sal, los minerales y otras impurezas del agua de mar, suelen ubicarse cerca de instalaciones de generación de energía, lo que las expone a los ataques.
Reemplazar una planta desalinizadora destruida puede llevar años, incluso reparar las instalaciones dañadas.
Otro objetivo pueden ser los oleoductos que transportan agua a las ciudades y pueblos del interior.
Según Bloomberg, aproximadamente la mitad de la capacidad instalada de desalinización en el mundo se concentra en los seis miembros del Consejo de Cooperación del Golfo: Arabia Saudita, Kuwait, Bahréin, Qatar, Omán y los Emiratos Árabes Unidos.
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La gran mayoría de los cerca de 60 millones de habitantes de estos países dependen de las plantas desalinizadoras.
Además de Riad, Dubái, la ciudad más grande de los Emiratos Árabes Unidos (con 4 millones de habitantes), es otro de lugares críticos más allá de su opulencia por su dependencia hídrica.
Las plantas desalinizadoras producen alrededor del 90% del agua dulce utilizada en Kuwait, el 86% en Omán, el 70% en Arabia Saudita y el 42% en los Emiratos Árabes Unidos. de acuerdo al Instituto Francés de Relaciones Internacionales, que cita Bloomberg.
Ginebra lo prohíbe pero ya pasó en Kuwait
Los Convenios de Ginebra —los tratados internacionales que rigen la conducta durante la guerra— estipulan que los ataques a las instalaciones de agua potable están prohibidos en la medida en que son “indispensables para la supervivencia de la población civil”.
Pero ya ocurrió antes, como en la Guerra del Golfo de 1990-1991.
Las fuerzas iraquíes no sólo atacaron las plantas de desalinización de Kuwait sino que llegaron a verter petróleo en el Golfo Pérsico, contaminando el agua de mar.
Kuwait tuvo que depender de suministros de agua de emergencia procedentes de países como Arabia Saudita y Turquía.
Los estados del Golfo vienen acumulando reservas estratégicas de agua potable para emergencias pero, por lo general, los suministros con los que cuentan no garantizan el abastecimiento más que por unos días.
Los Emiratos Árabes Unidos son los que están desarrollando la estrategia más ambiciosa en el marco de un plan de seguridad hídrica.
Pero aún así, el objetivo es alcanzar suficiente capacidad de almacenamiento para más de 45 días.
¿Qué pueden hacer los países del Golfo si Irán comienza a atacar las plantas?
Las opciones no son muchas, sobre todo si el daño es grave. Racionar el agua para el consumo, distribuir agua embotellada, recurrir a las reservas almacenadas y llegado el caso, evacuar.