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A esta altura, el vino español ya está enfocado en una estrategia de supervivencia después de semejante resaca tarifaria desatada por el presidente Donald Trump.

Siempre puede haber una buena noticia antes de agosto, pero las bodegas españolas ya tuvieron demasiado. Y necesitan prepararse.

EE.UU. es el segundo destino de exportación fuera de la Unión Europea (el primero para los vinos espumosos) y hay casi 400 millones de euros en juego que pueden evaporarse.

Para las bodegas implica perder o resignar espacio ganado en un mercado crítico, por su potencial de crecimiento y por su demanda de vinos de alta calidad, sinónimo de precios más altos que la media.

En 2024, España le vendió vino a EE.UU. por casi 400 millones de euros. Es su segundo mercado fuera de la UE, después de Reino Unido. Concentra el 13% de las exportaciones. España es el tercer productor del bloque, después de Francia e Italia. En 2024, España le vendió vino a EE.UU. por casi 400 millones de euros. Es su segundo mercado fuera de la UE, después de Reino Unido. Concentra el 13% de las exportaciones. España es el tercer productor del bloque, después de Francia e Italia.

Las que todavía están dispuestas a dar pelea llevan tiempo haciendo envíos para contar con mercancía suficiente para unos cuantos meses y ganar tiempo hasta ver cómo se acomodan sin pagar las nuevas tarifas.

Muchas ya están diversificando mercados, previendo que no van a poder mantener el nivel de exportaciones a EE.UU. Gran parte de las ventas ya se están redireccionando al mercado canadiense, por ejemplo.

En este entorno, aprobar el acuerdo con el Mercosur se vuelve prioritario.

Todavía descolocadas por el hecho de que la diferencia arancelaria entre la UE y EE.UU. es mínima (lo que vuelve ridículo atacar a la industria en nombre de la reciprocidad), las bodegas españolas también plantean cómo una vez más Trump no hace más que crear disrupciones en su propio mercado.

No es sólo que a los estadounidenses les costará más conseguir vino español y si lo hacen, tendrán que pagarlo más caro. El problema es que EE.UU. consume más vino del que produce.

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Donald Trump bebe una copa de vino tinto

España, entre los países europeos menos expuestos al shock comercial

Las vueltas del presidente Donald Trump en materia de tarifas fueron agotadoras.

Del 20% inicial de las tarifas recíprocas se pasó al 50% por la ira del mandatario hacia Pedro Sánchez y su negativa a gastar más en defensa.

Pero hubo una parada intermedia con una amenaza específica para el vino del 200% en otro rapto de furia ante la reticencia europea de eliminar aranceles al whisky estadounidense.

De ahí se pasó al 10% universal que se había logrado negociar y que parecía casi cerrado (la UE todavía intentaba -y de hecho intenta- conseguir un arancel inferior para las bebidas alcohólicas) cuando llegó la temida carta que unilateralmente notificó que en realidad la tarifa será del 30%.

En el caso del vino afectará al 13% de las exportaciones totales del país, según la Federación Española del Vino (FEV). Una forma de verlo, en relación al PBI, indica que España está entre los países menos vulnerables a esta embestida comercial de EE.UU.

Si consideramos, como dijimos, la relación entre el valor de las exportaciones de vino a EE.UU. y el PBI, otros países de Europa son mucho más dependientes de ese mercado: Italia (24,5%), Francia (20,7%) y Grecia (19,4%) estarían mucho más expuestas a este shock que España (11%).

El valor de las exportaciones de vino de España a EE.UU. en relación a su PBI es de sólo 11% contra casi 25% de Italia. Eso indica que el país no es tan dependiente del mercado estadounidense y por tanto, menos vulnerable a su embestida comercial. El valor de las exportaciones de vino de España a EE.UU. en relación a su PBI es de sólo 11% contra casi 25% de Italia. Eso indica que el país no es tan dependiente del mercado estadounidense y por tanto, menos vulnerable a su embestida comercial.

En Europa, Francia es líder en exportación de vino, en gran medida debido al factor precio, que aumenta el valor de sus ventas. El segundo es Italia, un exportador fuerte en términos de volumen aunque también con ventas infladas por vinos caros. Y España ocupa el tercer lugar.

El vino español, y la ventaja del menor precio que el francés o el italiano

En el mercado español, la gran debilidad radica en que más del 90% de las bodegas son Pymes.

Su capacidad para hacer frente a este nivel de tarifas es obviamente muy limitada tanto en lo que hace a absorber parcialmente el costo o salir a buscar nuevos mercados.

Las que más venden al mercado estadounidense pueden terminar enfrentando la perspectiva lúgubre pero realista de tener que cerrar.

Las bodegas más grandes saben que sentirán el golpe pero miran el tablero con más calma. Reconocen que con estos aranceles la expansión en EE.UU. se desacelerará.

Pero confían en que el vino español puede tener una ventaja competitiva en este contexto de costos disparados para el consumidor ya que siempre mantuvo una política de precios más bajos que el vino francés o el italiano.

Además, el consumidor estadounidense está habituado a pagar caro por vinos de calidad y quizás la demanda no se retraiga demasiado con clientes que están dispuestos a aceptar precios más altos a cambio de la satisfacción de conseguir la “figurita difícil” en un mercado que será más reducido.

Estrategia pre-tarifaria: asegurar stock en EEUU y buscar otros mercados

Hasta acá, un pantallazo de cómo pueden ser afectadas las bodegas y cómo piensan que cambiará el mercado. Pero, ¿qué vienen haciendo? ¿Cuál es la estrategia pre-tarifaria?

Por empezar, más allá de la incertidumbre en cuanto al nivel de las tarifas, los tiempos de negociación les dio a los productores margen de sobra para cubrirse de alguna manera.

Y lo que hicieron fue llenar sus almacenes en EE.UU. para asegurarse stock por unos meses y al menos estar un poco más tranquilos cuando entren en vigencia las tarifas y pensar en la mejor movida.

Mientras tanto van explorando posibilidades. Algunas bodegas están apostando al marketing y ya están diseñando promociones para intentar minimizar el impacto del aumento de costos.

Otras están incursionando en nichos como el de los vinos ecológicos o biodinámicos, donde todavía hay pocos jugadores y mucha rentabilidad.

Muchas ya están diversificando sus ventas al exterior. Varias están vendiendo a Canadá porque el consumidor canadiense está dejando de consumir vinos estadounidenses.

Y hay mercados que ya venían creciendo en los últimos años que ahora crecen como apuestas para consolidarse: es el caso de México, Japón y Polonia.

Incluso el propio mercado español tiene potencial, según los bodegueros, ya que hay todavía espacio para crecer en el segmento de productos con alto valor añadido. Los vinos más complejos, más premium, más caros.

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