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La industria automotriz global entró en una nueva fase de competencia tecnológica: las baterías de estado sólido, un desarrollo que las grandes marcas persiguen desde hace más de cuatro décadas y que podría transformar radicalmente el mercado de los vehículos eléctricos.

China y Japón lideran esta carrera con anuncios que anticipan cambios drásticos en autonomía, seguridad y duración de los sistemas de almacenamiento energético.

China prepara el primer modelo comercial para 2026

La estatal Dongfeng Motor Corporation sorprendió al sector al anunciar que en 2026 pondrá a la venta su primer coche eléctrico equipado con una batería de estado sólido, con una autonomía superior a 1.000 kilómetros. Según detalles difundidos por la compañía, el sistema ofrecerá una densidad energética aproximada de 350 Wh/kg, mejor comportamiento en bajas temperaturas y capacidades de carga ultrarrápida.

La plataforma utilizará una arquitectura de 1.200 voltios y módulos de potencia de 1.700 V, lo que permitiría recuperar hasta 450 kilómetros de autonomía en apenas cinco minutos con cargadores de alta potencia. La marca afirma además que la batería conserva más del 72% de su energía incluso a -30 °C, una mejora notable frente a las celdas de litio convencionales.

Aunque el fabricante no detalló el precio ni las condiciones de exportación, el anuncio supone un salto temporal respecto a las previsiones del sector, que situaban la comercialización masiva recién después de 2030.

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Las baterias de estado solido son la próxima frontera de la movilidad eléctrica de amplio rango.

Japón apuesta fuerte: Toyota avanza para lanzar sus modelos entre 2027 y 2028

En paralelo, Japón profundiza su estrategia para no quedar atrás. Toyota planea iniciar la producción comercial de vehículos con baterías de estado sólido entre 2027 y 2028, comenzando por modelos de gama alta.

Las previsiones japonesas apuntan a autonomías superiores a 1.000 km, tiempos de carga sensiblemente menores y una vida útil extraordinaria: hasta 40 años manteniendo cerca del 90% de la capacidad original.

El gobierno japonés acompaña este avance con una fuerte inversión pública en la cadena de suministro de materiales críticos, como el sulfuro de litio, buscando garantizar soberanía tecnológica frente al empuje chino y estadounidense.

Una tecnología que podría cambiar el mercado energético

Las baterías de estado sólido reemplazan el electrolito líquido por uno sólido, lo que promete:

Si los plazos anunciados se cumplen, el impacto sería profundo: reducción del coste total de propiedad de los vehículos eléctricos, mayor competitividad frente a los motores de combustión y presión renovada sobre la industria petrolera.

Desafíos pendientes

Pese al impulso, los expertos recuerdan que la adopción masiva tardará en llegar. La producción a gran escala sigue enfrentando costes elevados, complejidad en los procesos de fabricación y desafíos en la estabilidad de algunos compuestos, especialmente a alta temperatura.

Además, una vida útil de cuatro décadas abriría nuevos interrogantes para la economía circular y el reciclaje: ¿cómo se gestionarán acumuladores tan longevos? ¿qué impacto tendrá en la demanda de litio y otros minerales?

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