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Dicen que la política es el arte de lo posible.

Pero, ¿es posible que un candidato a presidente se burle de los gays, los trans, los gordos, los extranjeros, los negros y de los discapacitados?

Aunque en estos tiempos de desmadre político hay algunos candidatos que se acercan a ese modelo, ninguno de ellos ha llegado todavía a presidente.

Claro que en España hay un candidato con todas esas características que está logrando un éxito inesperado y espectacular. Se trata de “Torrente Presidente”, la película del actor, director y empresario cinematográfico Santiago Segura que, en sus primeros diez días de proyección, superó los dos millones de espectadores; los 16 millones de euros de recaudación y se ubicó en el lugar donde siempre quiso estar: en el centro de las polémicas.

Porque “Torrente Presidente” es una película absolutamente incorrecta.

Un Santiago Segura mucho más delgado que en las cinco versiones anteriores de la saga Torrente, mal afeitado, bastante sucio y proclive a los pedos y a comerse los mocos, recibe la propuesta de un partido político de la extrema derecha española llamado Nox (la semejanza con Vox es una coincidencia buscada) para sumarse a sus mitines.

El motivo es muy simple: “El hombre conecta con la gente”, argumento poderosísimo en estos tiempos de sangre y de fuego en las redes sociales.

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Ningún títere queda con cabeza.

Los reflejos racistas que todavía afloran en Vox, la moderación blandengue que le corta las alas al Partido Popular, la izquierda de alfombra roja que es Sumar (a la que llama Restar) y la izquierda fascistoide de Podemos (a la que llama Pudimos).

Nadie queda en pie cuando Torrente toma el micrófono. Ni la ministra trans del Socialismo, a la que le niega su pretensión de mujer; ni la candidata del PP, a la que vapulea por tibia. Ni la asesora de marketing, que le ruega que diga curvis en vez de gorda, y tampoco sale bien el ex vocero de Podemos, el argentino y rosarino Pablo Echenique, quien aparece en la piel de un imitador en silla de ruedas, al que castiga por su discapacidad.

La peli que, aunque les duela a muchos, es buenísima, no da descanso ni ofrece treguas.

Retrata sin piedad el costado negro de la política que países como España o la Argentina conocen desde tiempos inmemoriales. Los amigos del barrio de Torrente solo quieren un puesto. Una paguita española o ser ñoquis argentinos. De ministro o de chofer. De lo que sea, pero retribuido con poco trabajo y dinero fácil del estado.

Los promotores de extrema derecha de Torrente no tienen problemas en mandarlo a matar cuando se les convierte en una amenaza, y Pedro Sánchez (al que solo disimula llamándolo Pedro Vilches) se mira al espejo mientras ensaya un discurso, se aterroriza por las investigaciones judiciales y se lo llevan preso por corrupción.

¿La metáfora? Bien gracias.

En estos días de jolgorio mediático por el éxito, Segura deambula entre la tele, la radio y las redes contando los motivos por los que lanzó a su personaje a la presidencia. “Cuando me preguntan qué dirigente actual puede ser Torrente, coincido con muchos en que el ministro (ahora ex) José Luis Ábalos es que más se le parece”, ha dicho.

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¿Qué hecho yo para merecer esto?

Y no se equivocaba. El ex ministro y ex diputado del PSOE, quien era mano derecha de Pedro Sánchez, está ahora preso por corrupción. Mordidas, abusos y reparto de mujeres entre políticos y empresarios son algunos de los cargos. Es posible que hasta Segura se haya quedado algo corto con Torrente.

“Torrente Presidente” llena los cines de toda España y provoca algo parecido a lo que sucedió en Argentina con la incorrecta "Homo Argentum", protagonizada por Guillermo Francella.

El universo woke intenta ignorarlos o los critica sin piedad, pero la gente otorga su veredicto en las taquillas.

Los sitios de noticias, los medios oficialistas y los influencers cercanos al gobierno socialista, gastan sus balas de fogueo contra Torrente. Pero el mercado los vuelve a la realidad con la peor de las monedas.

Mientras la desafiante película de Segura va camino a superar los 30 millones de euros de recaudación antes de su estreno global en la plataforma Netflix (en julio próximo), su máxima rival es el nuevo lanzamiento del otro prócer del cine español, Pedro Almodóvar, quien con “Amarga Navidad” no logró llegar a los 700.000 euros en los primeros diez días decisivos de la robusta industria del cine ibérico.

Y esa sí que es una herejía. El gran Pedro, con su coraza LGTB, su discurso progre, su defensa implacable del sanchismo y su apología triste del terrorismo de Hamás, ha quedado muy lejos de los números del apóstata Segura, izquierdista soft en sus veintis para ser acusado de liberal de derechas en esta madurez de la vida y de las artes.

"Me causa verdadera admiración lo que consigue este hombre y me cae fenomenal, me cae de puta madre, o sea, me parece listísimo", dice la enorme actriz Carmen Maura, leyenda del cine español y chica Almodóvar en aquellos locos ochentas.

Los progresistas se miran entre ellos y exclaman: “¿Qué hecho yo para merecer esto?”.

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"Viva la libertad, carajo"

Muchos de ellos se atragantaron, además, cuando vieron en el smartphone de Torrente la cara y el cabello enrulado del presidente argentino, Javier Milei (en realidad, la de un imitador), dándole su apoyo al candidato de la España profunda al grito de “Viva la Libertad, carajo”. Algo queda claro en toda la película. Segura no se guardó nada.

Y allí no termina todo. El terremoto de “Torrente Presidente” tiene una ventaja con la que no cuenta la industria del cine latinoamericano. La conexión con Hollywood y los presupuestos, claro.

Además de ser producido por la gran plataforma de internet, Segura se da el gusto de meter en el filme cameos que le aseguran su proyección más allá de la península ibérica. Alec Baldwin se luce haciendo su estupenda imitación de Donald Trump (la que brilla en Saturday Night Live). Obviamente, el presidente de piel naranja le da su respaldo.

Aunque todo se potencia con el otro gran desafío a la corrección del obamismo artístico.

Es la aparición de Kevin Spacey, canceladísimo por las denuncias de abuso sexual y ahora tibiamente reivindicado por las absoluciones de la justicia en EEUU y en Gran Bretaña. Sus definiciones políticas en “Torrente” pueden competir perfectamente con el inigualable Maquiavelo de “House of Cards”.

Hasta la elección del casting que hizo Santiago Segura se ríe de la grieta ideológica.

Por derecha aparecen su amigo Pablo Motos (el conductor del exitoso “El Hormiguero”) o el influencer activista Vito Quiles, mientras que por izquierda asoma el Gran Wyoming, llevándose preso al presidente Pedro. Es evidente que Torrente todo lo puede.

Como lograr que el ex presidente español del Partido Popular, Mariano Rajoy, se tome el pelo a sí mismo. Y que la película se ubique rápido entre las más taquilleras de la historia del cine de España sin haber adelantado el estreno con una función para la prensa especializada. Eso sí que fue un pecado.

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El burlador de todos

“Torrente Presidente”, además de una buena película, es una gran burla y ése es su mérito en una época donde lo que no viene en un Excel no cuenta para el mercado ni para la gloria.

Una burla a la política y al ideologismo de los intelectuales que han entregado las banderas de la crítica en manos del gobernante que piensa igual que ellos. Una burla a los presidentes de España o de EEUU, y una burla a quienes creen que la tecnología y los tecnócratas van a acabar con el agua bendita de lo impredecible. Dios no lo permita.

Para quienes no quieran sumarse a los millones que vieron y verán “Torrente Presidente”, sepan que al final el burlador consigue su objetivo. Y lleva a la Moncloa hasta sus peores amigos y enemigos.

Si Torrente se burla de todos, ¿por qué no burlarse también de aquellos seres digitales que quieren la crucifixión de quienes se atreven al arte olvidado del spoiler?

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