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Joan Cwaik es un emprendedor y divulgador argentino en el ámbito de las tecnologías exponenciales. El autor estuvo esta semana en Montevideo invitado por la ORT y presentó además su último libro, Postecnológicos.

Con más de una década de experiencia en el mundo del emprendimiento y la divulgación tecnológica, Cwaik trabajó en medios de comunicación, universidades y en su propia empresa, para poner en agenda los avances tecnológicos y sus consecuencias. Su trayectoria incluye roles significativos tanto en su marca personal como en el ámbito corporativo, y actualmente es gerente de marketing para LATAM en Maytronics, una empresa que se dedica a la fabricación de robots para la limpieza de piscinas.

En Postecnológicos, Cwaik explora la evolución de su pensamiento desde una visión científico-tecnológica hacia una perspectiva más filosófica y sociológica. Invita a reflexionar sobre cómo las tecnologías están transformando la humanidad y cuáles son los debates cruciales que deben tenerse en la actualidad. Su análisis abarca desde la divulgación científica hasta el impacto profundo en nuestras habilidades y relaciones humanas en la era digital.

Embed - Joan Cwaik: "No valoramos lo que nos hace humanos"

Este es un resumen de la charla que mantuvimos con Joan Cwaik tras su paso por Montevideo:

¿Cambió tu manera de pensar desde que empezaste a hablar de tecnología hasta ahora?

Es diametralmente opuesto. En los últimos 10 años cambié mucho mi foco profesional y mis ejes de investigación. Venía de una investigación mucho más dura, mucho más de una divulgación científico-tecnológica, o en otras palabras venía con la bandera flameante de la innovación disruptiva, con todo su costado quizás más utópico. Quizás Umberto Eco diría algo “más integrador” en ese sentido. Después me di cuenta que no era suficiente analizar eso, entonces rondando el 2018, 2019, empecé cada vez más como eje de investigación en materia universitaria a entender los impactos sociales que produce la evolución tecnológica y cuáles son hoy en día los debates que tienen que darse. Salí de una divulgación más científica, más tecnológica, a una divulgación que tiene un costado más filosófico o más sociológico de cómo nos impacta todo esto como seres humanos, cómo se está transformando la humanidad. Producto de eso, en 2021, publiqué mi segundo libro que se llama El dilema humano del homo sapiens al homo tech, y la hipótesis central de ese libro es que el homo sapiens ya no distingue al humano del siglo XXI y estamos convirtiéndonos en una especie de homotecnológicos que tenemos una relación imposible de asociar con la tecnología. Algo que se venía repitiendo y se exacerbó en este boom de la inteligencia artificial generativa es cómo tenemos que adaptarnos para seguir agregando valor en un siglo XXI donde pareciese que la tecnología nos termina dejando a todos más deprimidos, más infelices, más improductivos. Creo que eso está especialmente vinculado a habilidades, a qué habilidades forjamos, aprendemos, impulsamos, valoramos y ponemos en el centro la forma de ver las cosas.

"El sedentarismo cognitivo es básicamente la práctica social de cuánto le estamos delegando a los teléfonos de hacer cosas que antes hacíamos nosotros" "El sedentarismo cognitivo es básicamente la práctica social de cuánto le estamos delegando a los teléfonos de hacer cosas que antes hacíamos nosotros"

Hoy, por ejemplo, no puedo llamar a mi madre. Le fui dejando al teléfono o a lo que sea cada vez más cosas que antes eran mías.

Hay un fenómeno hasta neurológico que se llama el sedentarismo cognitivo. Eso es básicamente la práctica social de cuánto le estamos delegando a los teléfonos de hacer cosas que antes hacíamos nosotros. Ahora también aprendemos cosas nuevas y agregamos valor desde otro lado. La gran pregunta es cómo equilibramos esa balanza. Es verdad que estamos adoptando un sedentarismo cognitivo y eso es preocupante. Porque si no valoramos lo que nos hace humanos, si no valoramos las cosas que perduran el tiempo, y delegamos tanto a las máquinas, estamos en un riesgo muy grande.

"Muchas veces la tecnología termina definiendo nuestros vínculos, nuestras relaciones, nuestra forma de observar el mundo" "Muchas veces la tecnología termina definiendo nuestros vínculos, nuestras relaciones, nuestra forma de observar el mundo"

¿En eso se incluye el desarrollo de habilidades que detallás en el libro?

Es un aporte para pensar habilidades que nos permitan seguir agregando valor, que es que nos permitan recuperar lo humano. Si uno analiza en la historia de la humanidad, por ejemplo, épocas como la Edad Media, o El Hombre del Vitruvio de Leonardo da Vinci, y uno lee la biografía, por ejemplo, de da Vinci de Walter Isaacson, uno se da cuenta cómo el arte y la ciencia empezaron a poner al ser humano en el centro de la forma de ver el mundo. Hoy en día, en esta cuarta revolución industrial, según el Foro de Economía Mundial, pareciese que la tecnología está en el centro. Yo soy de la vertiente tecno-optimista. Pero corremos una amenaza como especie muy grande, que es el gran dilema que hoy en día se enfrenta la humanidad. Sin caer en extremismos, creo que uno de los grandes dilemas que hoy en día se enfrenta el ser humano del siglo XXI: la capacidad de autodestruir la especie o de autosuperarla en forma permanente. Es un riesgo muy grande y tenemos que volver a lo que nos hace humanos. Por eso, el spoiler que puedo dar es que las habilidades que describo son habilidades más bien humanas, no tan técnicas. Y después, que tratan de poner al ser humano en el medio.

Es como un apocalíptico/integrado, pero de la tecnología

Hoy pareciese que la tecnología tiene como dos grandes religiones, Está la religión más del fanatismo extremo o el entusiasmo tecnológico. Hay un libro muy interesante de Evgeny Morozov que se llama La locura del solucionismo tecnológico, esa corriente de aquellos que piensan que cualquier cosa se puede resolver con tecnología, y hay otra corriente del conservadurismo, la resistencia. Esa división está muy marcada. Tenemos que ir a un camino donde la tecnología nos amplifique como especie y no que nos defina como especie. Y muchas veces la tecnología termina definiendo nuestros vínculos, nuestras relaciones, nuestra forma de observar el mundo, nuestra percepción del mundo, nuestra forma de agregar valor. No dejemos que la tecnología nos defina.

¿Cómo hacemos eso?

Ahí surge el debate de si realmente podemos elegirlo o no. Yo no tengo la respuesta. ¿Tenemos de verdad la capacidad de elegir si queremos participar en este gran juego? ¿Tenemos la capacidad de desconectarnos? ¿Existe el derecho a la desconexión en el siglo XXI que nos impulsa cada vez más a vivir hiper conectados e hiper mediatizados? No lo sé, eso no lo puedo responder. Creo que hay una responsabilidad individual que está por encima de todas las responsabilidades del gobierno y de entidades públicas, por encima de lo pueda determinar una universidad, por encima de lo que pueda dictaminar una compañía o una organización: hasta donde permitimos que la tecnología defina o nos genere un sedentarismo cognitivo. Por ejemplo, la inteligencia artificial generativa para mí es una herramienta espectacular. Como autor no me reemplaza para nada. Para escribir Postecnológicos, que lo escribí durante todo 2023 con la implosión de ChatGpt, tenía jornadas de que usaba inteligencia artificial generativa porque el hecho de tener un sistema conversacional que me permita dialogar, encontrar analogías, encontrar ejemplos, diagramar, no tener la crisis en la hoja en blanco, es espectacular. Y tenía también momentos donde me iba solo y me tomaba un café y escribía con otros tipos de estímulos. Entonces, creo que es una responsabilidad individual muy grande de nosotros de hasta dónde dejamos permitir esto, que entre en nuestra vida y cómo queremos que nos termine de definir.

Es que ChatGpt mejora los tiempos en un montón de procedimientos.

Claro, y trae mil debates. Por ejemplo uno que se está dando a nivel organizacional es que muchas veces la inteligencia artificial generativa está cambiando las expectativas de mis colaboradores a nivel empresa. Porque unas tareas que ejecutaban quizás antes tardaban dos horas y yo prefería que hagan cinco tareas por día, ahora voy a querer que hagan diez. Hay una especie de gran tendencia de que todas las tareas más manuales, más reiterativas, más operativas , más tediosas, más insalubres para el ser humano las van a poder hacer las máquinas con una eficacia cada vez mejor.

"Desarrollar el amor por el no saber no significa elegir la ignorancia como camino, significa priorizar qué voy a consumir y qué decisiones voy a tomar con esa información" "Desarrollar el amor por el no saber no significa elegir la ignorancia como camino, significa priorizar qué voy a consumir y qué decisiones voy a tomar con esa información"

En el libro también hablás de adaptarnos a estas nuevas habilidades.

La adaptabilidad es fundamental y estamos en un contexto donde hay más tecnología que la que podemos adoptar, asimilar y aprender a usar. Hay más tecnología que la que podemos incorporar en nuestro día a día o en nuestra compañía. Esa brecha esa va a seguir ampliándose, porque estamos en un momento donde hay tanta evolución tecnológica donde las teorías exponenciales en general son tan abrumadoras que la adaptabilidad humana va creciendo pero va creciendo a ritmos lineales. Y también va cambiando a nivel generacional. Pensé las habilidades como si fuesen ensaladas. Entonces, uno tiene una ensalada mixta, una ensalada de hojas verdes, una ensalada Waldorf, una ensalada rusa. Y cada ensalada tiene ingredientes.

Si pensamos en los ingredientes de las habilidades, podemos pensar en la adaptabilidad, en la humanidad intelectual, en la colaboración, en el trabajo en equipo, son ingredientes. Como si fuese el tomate, la lechuga, la zanahoria, un huevo y cuando hablamos de habilidades para el siglo XXI, vamos a encontrar un montón de teorías, un montón de libros que piensan de esto un montón de organismos que empiezan a impulsar esto. Yo traté de enfocarlo de una forma que aporte valor en ese sentido y ahí nombro un conjunto de siete habilidades que son habilidades humanas, que son habilidades que nos permiten recuperar lo humano, agregan valor y generan mucha polémica. Porque por ejemplo una de las habilidades que describo en el libro que es una palabra inventada es la “agnosifilia”. La agnosifilia no existe, la inventé yo y es desarrollar el amor por el no saber. En un mundo con tanto nivel de fomo, con tanto nivel de miedo de quedarnos afuera, con una infodemia de información, porque la información en estado bruto está careciendo de valor, tenemos una barrera de entrada cada vez más baja, los dispositivos de la conectividad, que la información en estado bruto está careciendo de valor. Desarrollar el amor por el no saber no significa elegir la ignorancia como camino, significa priorizar qué voy a consumir y qué decisiones voy a tomar con esa información que voy a consumir.

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Porque sabemos que hay exceso de información. Ahora, ¿qué decisión puedo tomar para mejorar mi vida o para mejorar mi organización o para mejorar mi emprendimiento con la información que hoy en día tengo disponible? Es otra cosa completamente distinta.

Otra de las habilidades que describo es, por ejemplo, la inteligencia holística. En ella se desarrolla un mindset o una forma de pensar que integre conocimientos, que incorpore conocimientos de otros campos de acción. Y ahí surge el debate de la hiperespecialización versus el generalismo absoluto. Hace 10 años la hiperespecialización era como el santo grial. En un mundo cada vez más hiper especializado, parece que no es la única solución posible y esta no es una invitación a no especializarse, pero tenemos que desarrollar inteligencia holística. Yo para trabajar como autor y como divulgador en tecnología y cultura, tengo que leer sobre política, tengo que leer sobre economía, tengo que leer sobre tecnología, tengo que leer sobre ciencia, tengo que leer sobre geopolítica internacional, tengo que entender cómo funciona el mundo para incorporar ideas que aporten valor en ese sentido.

Mencionás en el libro lo que sería el bienestar digital que también nos da pautas para seguir en este camino sin enloquecer.

Sí. A todos nosotros seguramente en la primaria o en la secundaria nos enseñaron instrucción cívica o responsabilidad cívica, pero nadie nos enseña a manejarnos responsablemente con esto. Somos como ratas de laboratorio y cada uno trata de lograr una convivencia lo más armónica posible con los dispositivos que nos rodean. Tampoco hay estudios a escala que demuestren los impactos biológicos que produce estar 7, 8, 10 horas con este teléfono pegado en nuestro bolsillo todo el tiempo. El bienestar digital es fundamental para sobrevivir en un mundo con cada vez más pantallas. Creo que cuando el uso abusivo o excesivo de tecnología empieza a afectar o mi sueño, o mi efectividad laboral, o mis vínculos, creo que ahí hay algo que tenemos que mejorar o resolver.

El otro día hablábamos en la oficina de que ahora lo primero que hacés cuando te levantás ya no es ir al baño, es mirar el celular.

Harari dice que el teléfono celular es el somnífero más utilizado a nivel mundial. Cuando nos acostamos, la gran mayoría de la población mundial es lo primero que deja y lo primero que levanta. Ahí también hay una carga cognitiva porque tenemos una cantidad de recursos cognitivos que son limitados. Por eso muchas veces cuando un sábado, un domingo nos acostamos a descansar y a ver TikTok, Instagram u otra red social, muchas veces terminamos más cansados de lo que empezamos, porque estamos quemando recursos cognitivos, estamos quemando esa memoria real, constantemente. Y eso es importante empezar a dialogarlo, empezar a ser consciente y empezar a detectar también cómo impacta en cada uno de nosotros y en nuestra percepción del mundo.

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Parece fundamental, como mencionaste, insistir con el tema desde la educación.

Sí, en los liceos, en las escuelas y en la familia, en las familias o en las parejas, o en los círculos de amistad, o cada una con su círculo social. Para mí es fundamental. Es verdad que estamos viviendo una crisis institucional en el concepto de amistad y de pareja mediada por redes sociales. Y eso surge porque estamos con un mundo con tanto nivel de ruido que nos cuesta separar las señales. Probablemente hablamos con muchas más personas por Whatsapp todos los días que las que vemos presencialmente todos los días. Y todo eso genera unas consecuencias en materia de vínculos muy importantes.

Supongo que eso también tiene que ver con la invitación que te hizo la ORT.

Creo que realmente tenemos que conversar mucho más de esto. Tenemos que poner en debate estos temas. Es el primer paso. Porque lo que nos pasa muchas veces con la tecnología es que naturalizamos. Naturalizamos las redes, los vínculos mediados por las redes, la sobreexposición, el uso abusivo o el uso casi adictivo que tenemos con los teléfonos y en esa naturalización tenemos que tomar cartas en el asunto.

En esa idea de recuperar lo que nos hace humano, ¿tenés fe en la humanidad en ese sentido?

Creo que la humanidad va aprendiendo lecciones. En la pandemia hubo una muy grande donde se revalorizó el concepto del abrazo, por ejemplo, o la presencialidad, o la empatía, vernos cara a cara. La democratización que produjo el chat GPT y la inteligencia artificial generativa también fueron un baldazo de agua fría en la humanidad, pero soy optimista de que vamos tomando lecciones en ese sentido. Y soy optimista de que la humanidad muchas veces tiene estos picos de entusiasmo y después empieza a equilibrar el uso abusivo de la tecnología.

Puede ser un concepto entrópico de que en algún momento se va a acomodar todo.

Siento que se está acomodando. Hay señales débiles que aparecen, pero quizás no las estamos observando bien. En ese sentido, por ejemplo, hay como un mito de que los jóvenes no leen. Eso es justamente un mito: los jóvenes leen, pero leen distinto. Y hay prácticas sociales también que están reafirmando eso. Los más chicos borran todas sus publicaciones de feed porque entienden el impacto que posee el registro permanente. Me parece que la humanidad va tomando lecciones en ese sentido. Hoy estamos en una cuarta revolución industrial y parece que todas las semanas tenemos una nueva tecnología que nos va a cambiar abruptamente la vida cotidiana. Pareciera que los tiempos son cada vez más dinámicos, cada vez más volátiles, y tenemos que tomar cartas en el asunto.

El libro

Postecnológicos: Habilidades para recuperar lo humano

Preparate para redescubrirte y tomar el control de tu adaptación personal y desafiar los límites de un ser humano en constante evolución. Sumate a esta aventura hacia un mundo mejor.

Joan Cwaik te lleva a descubrir habilidades postecnológicas fundamentales para transitar este presente digital. Comprender la inteligencia holística y fomentar una visión global, logrando un mayor bienestar, cuestionar y recomponer nuestro vínculo con la tecnología y buscar un futuro donde la convivencia entre humanidad y tecnología sea posible.

Este libro te ayudará a potenciar tus habilidades y surfear el tsunami digital que nos atraviesa como humanidad.

Temas:

entrevista tecnología

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