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El pasado viernes Gustavo Petro aterrizó en Caracas para reunirse con Delcy Rodríguez. Los mandatarios de Colombia y Venezuela sostuvieron un encuentro privado, previo al diálogo con sus delegaciones. Pero en realidad, en esa mesa estaban presentes dos actores tácitos: la administración de Donald Trump y el Ejército de Liberación Nacional (ELN), la narcoguerrilla que controla territorios a ambos lados de la frontera.

El Palacio de Miraflores fue el escenario del anuncio clave. Delcy Rodríguez afirmó que “nos hemos planteado la elaboración de planes militares, pero también el establecimiento inmediato de mecanismos para compartir información y desarrollo de inteligencia, mecanismos que deben entrar en vigencia de inmediato”.

ELN - Colombia - EFE

Petro subrayó que la idea es “configurar un esfuerzo común, coordinado a fondo, para liberar a los pueblos de la frontera de las mafias, dedicadas a diversas economías ilegales, comenzando por la cocaína, el oro ilícito, la trata de personas y otro tipo de minerales raros”.

El interés por una frontera libre de grupos armados también es compartido por la Casa Blanca. La administración de Donald Trump busca convertir a Venezuela en proveedor de minerales críticos —esenciales para la defensa, la tecnología y la transición energética—, pero los yacimientos de níquel, coltán, manganeso, antimonio y la riqueza aurífera se encuentran en zonas fronterizas con Colombia dominadas por el ELN y, en menor medida, por la Segunda Marquetalia, una de las disidencias de las Fuerzas Armadas revolucionarias de Colombia (FARC).

En marzo el secretario del Interior de Estados Unidos, Doug Burgum, aterrizó en Caracas acompañado de veinte representantes de empresas mineras. Su objetivo: establecer condiciones para iniciar operaciones en los yacimientos venezolanos que concentran unas 644 toneladas de oro y albergan minerales críticos como níquel, coltán y antimonio.

Delcy Rodríguez con Doug Burgum - 4-3-26 - AFP

Delcy Rodríguez y el secretario del Interior de EEUU, Doug Burgum.

Además de los minerales críticos, Estados Unidos se ha propuesto combatir con mayor eficacia el narcotráfico, otra actividad en la que el ELN, la Segunda Marquetalia y grupos como el Clan del Golfo incursionan a lo largo de los 2.200 kilómetros de frontera con Venezuela.

En octubre del año pasado, en medio del despliegue de las fuerzas navales de Estados Unidos en el Caribe, el secretario de Defensa Pete Hegseth señaló que los grupos como el ELN “son el Al Qaeda del hemisferio occidental” y afirmó que “serán perseguidos y eliminados”.

Camarada Maduro

Tras capturar a Nicolás Maduro el pasado 3 de enero y trasladarlo a Nueva York para procesarlo por narcotráfico, Estados Unidos alineó a Venezuela con su estrategia de hegemonía en el hemisferio occidental. La presidenta Delcy Rodríguez ha cooperado con reformas que facilitan el interés de Washington en petróleo y minerales. En este nuevo contexto, la relación que Maduro tejió con el ELN podría comenzar a cambiar de manera drástica.

Durante el gobierno de Nicolás Maduro el ELN se fortaleció. En un informe publicado en diciembre de 2025, Insight Crime señaló que la alianza entre el régimen y la guerrilla se edificó sobre tres pilares: la afinidad ideológica con la Revolución Bolivariana, el acceso a rentas derivadas de actividades criminales y el papel del ELN como factor disuasorio frente a una eventual intervención militar en Venezuela.

Maduro AFP

Nicolás Maduro

Maduro y sus generales consideraban que de producirse una incursión militar de Estados Unidos o de mercenarios lo harían desde la frontera con Colombia y, en ese escenario, el ELN actuaría como un ejército de resistencia.

A finales del año pasado Insight Crime alertaba que “el futuro del ELN está hoy estrechamente ligado a Venezuela. Mientras el gobierno venezolano siga respaldando al grupo insurgente colombiano, este no podrá ser derrotado por completo ni es probable que firme un acuerdo de paz”.

Fuentes cercanas al gobierno de Delcy Rodríguez consideran que, con el peso que tiene actualmente Estados Unidos en Venezuela, difícilmente podrá sostenerse este esquema. Por ello, por primera vez en años, es posible que más allá de las declaraciones se inicie una cooperación efectiva entre Bogotá y Caracas para combatir a la guerrilla en la frontera.

Giro en Bogotá

Al inicio de su mandato, Petro apostó por el plan de paz total, pero lo que nació como un proyecto para desarmar simultáneamente a narcoguerrillas y estructuras criminales terminó convertido en un proceso desgastado, con avances mínimos y rupturas sucesivas. La instalación de mesas de diálogo no produjo el efecto esperado y las conversaciones con el ELN se suspendieron en enero, tras los crímenes ordenados por su dirigencia en el Catatumbo.

El pasado 24 de abril el presidente colombiano admitió públicamente que “el gran error de los procesos de paz es por parte de los negociadores del Estado, pensar que se tratan de grupos guerrilleros insurgentes y no lo son. Son organizaciones delictivas que controlan las economías ilícitas y por eso ellos controlan con armas los territorios donde se ubican esas economías”.

Petro-ministro-Hacienda

Gustavo Petro

Ante el fracaso de la paz total, la presión internacional por resultados en seguridad y narcotráfico, y un contexto político-electoral que exige mostrar control territorial, Petro dio un viraje y comenzó a combatir con mayor decisión a los grupos armados desde mediados del año pasado.

La agenda del ministro de Defensa, Pedro Sánchez, en Washington en enero de 2026 estuvo centrada en reuniones sobre inteligencia, tecnología y una hoja de ruta conjunta contra el narcotráfico y las estructuras criminales.

Poco después, la reunión entre Petro y Trump del 3 de febrero volvió a poner la seguridad en el centro de la relación bilateral. Esa sintonía derivó en mayor presión sobre objetivos de alto valor, un incremento de la ofensiva y operaciones de interdicción que consolidan el giro militar del gobierno.

Enemigo complicado

Durante el encuentro con Petro, Delcy Rodríguez lanzó una advertencia. “Hemos hecho un abordaje muy serio, muy completo de lo que debe ser el combate a grupos de delito transnacional”, afirmó. Y agregó: “Que sepan los grupos del narcotráfico, los inmiscuidos en el contrabando de combustible y en otras formas de contrabando, que estamos dando pasos firmes para enfrentar estos delitos”.

El combate al ELN no sería sencillo. Desde su formación en los años sesenta el grupo ha librado una guerra de baja intensidad contra el Estado colombiano y, pese a los más de 10.000 millones de dólares invertidos por Estados Unidos en el marco de Plan Colombia, se mantiene fuerte y en expansión.

ELN - Colombia - AFP.jpg

De acuerdo con el último estudio de la Fundación Ideas para la Paz el ELN contaba al cierre de 2025 con 3.647 hombres en armas y otros 3.163 en sus redes de apoyo por lo que cuenta con una estructura que coordina a 6.810 hombres.

Los antecedentes para las Fuerzas Armadas venezolanas no son buenos. En 2021 cuando el Ejército combatió contra una de las disidencias de las FARC en el estado venezolano de Apure la operación terminó siendo un fiasco y, gracias a las buenas relaciones de entonces, el ELN vino al rescate.

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