Si bien no hubo una ruptura de relaciones bajo el gobierno de Petro, las crisis fueron recurrentes y solo se alcanzó cierta calma tras la reunión de febrero en Washington. En esa cita, Petro llegó al encuentro con Trump con la visa suspendida, sancionado por el Departamento del Tesoro y descertificado en la lucha antidrogas.
Petro y Trump en la Casa Blanca
De la Espriella, quien comparte con la administración Trump la visión de mano dura contra los grupos armados en actividades delictivas y tiene el plan de intensificar las operaciones militares, reactivar los bombardeos a los cultivos de coca y acabar las negociaciones de paz, se prepara para alinear la agenda de seguridad con Washington. En paralelo, se espera que las mejores relaciones también se reflejen en el ámbito financiero y comercial.
Escudo de las Américas
El secretario de Defensa de Estados Unidos, Pete Hegseth, dejó en claro que se dispone a iniciar una nueva etapa con De la Espriella al frente de Colombia: “Invitamos a su próxima administración a trabajar con el Departamento de Guerra y la Coalición de las Américas contra los Carteles, para revitalizar la alianza militar entre nuestros dos países con el fin de poner fin a la producción de narcóticos letales y erradicar a los narcoterroristas que azotan a nuestro hemisferio”.
La Coalición o Escudo de las Américas es una iniciativa de la administración Trump en la que se han alineado distintos países de América Latina para atacar al crimen organizado en todo el Hemisferio Occidental, bajo el objetivo de Washington de reafirmar su dominio en la región.
De la Espriella no dudó en señalar que tan pronto tome posesión se sumará a la iniciativa. “A partir del 7 de agosto, Colombia hará parte del Escudo de las Américas. Colombia no será más gobernado por un gobierno complaciente con el narcoterrorismo, pasaremos a combatirlo como corresponde”, escribió en la red social X.
El nuevo presidente prometió romper con el plan de Paz Total impulsado por Gustavo Petro, un proyecto que buscó desarmar simultáneamente a la narcoguerrilla y a las estructuras criminales mediante mesas de diálogo, pero el reto para su nueva política de mano dura es inmenso.
A diciembre de 2025, los grupos armados ilegales contaban con 27.000 integrantes, entre hombres en armas y redes de apoyo, lo que representa un crecimiento del 23,5% respecto a diciembre de 2024. Además, ya no solo disputan corredores estratégicos: ejercen gobernanza criminal, capturan instituciones locales y diversifican sus economías ilícitas, que mueven recursos equivalentes al doble del presupuesto de Defensa.
Carlos Chacón, director del Instituto de Ciencia Política en Bogotá, considera que, en un escenario donde Washington ha elevado el combate al crimen organizado transnacional a la categoría de amenaza directa, para Colombia se “abre la posibilidad de fortalecer la cooperación bilateral en inteligencia, interdicción, lucha contra el narcotráfico, control territorial y desmantelamiento de estructuras criminales”.
Agrega que “también permitiría avanzar en la recuperación de capacidades estratégicas y de alistamiento de la Fuerza Pública que se han deteriorado en los últimos años”.
Si bien esta cooperación tiene efectos positivos, organizaciones sociales han expresado preocupación por lo que puede significar la mano dura para los derechos humanos y la población civil, ante las represalias que podrían tomar los grupos armados.
Frente financiero
Petro deja una economía con bajo desempleo, reducción de la pobreza y un crecimiento discreto de 2,6% en 2025, pero también una bomba fiscal y un endeudamiento preocupante. El desbalance entre ingresos y gastos trepa al 6,4% del PIB, casi el doble del promedio histórico de 3,4% registrado entre 1990 y 2022. La deuda equivale al 61% del PIB, el nivel más alto de la historia contemporánea.
De la Espriella anunció que su vicepresidente, José Manuel Restrepo, quien fue ministro de Hacienda durante el gobierno de Iván Duque, buscará apoyo del FMI para reestructurar la deuda. En este sentido, las buenas relaciones con Estados Unidos pueden ser clave para obtener el respaldo de los organismos multilaterales.
Manuel Camilo González, profesor de Relaciones Exteriores de la Universidad Javeriana, considera que en un contexto en que el presidente colombiano no estará sancionado por el Departamento del Tesoro de Estados Unidos “se va a levantar el veto de algunas instituciones como el Banco Interamericano de Desarrollo y obviamente se van a despejar algunas líneas de crédito para el país”.
En octubre de 2025, Washington sancionó a Petro y a su círculo íntimo cuestionando su compromiso en la lucha contra el narcotráfico. “Desde que el presidente Gustavo Petro llegó al poder, la producción de cocaína ha explotado a la cifra más alta en décadas, inundando Estados Unidos”, señaló el secretario del Tesoro, Scott Bessent.
Los aranceles
Para Colombia, la relación con Washington es estratégica: Estados Unidos recibe el 30% de sus exportaciones y provee el 23% de sus importaciones.
Sin embargo, el pasado 3 de junio la Oficina del Representante Comercial de Estados Unidos anunció que contempla aplicar un arancel adicional de al menos 10% a una lista de países, entre ellos Colombia, que no combaten suficientemente la importación de bienes procedentes del trabajo forzado.
“Trump ha impuesto aranceles a aliados y a rivales. Y esos aranceles ciertamente terminan siendo un pequeño hueco en la relación”, indica Manuel Camilo González, que añade que este es un tema que estará sujeto a negociaciones.
Agenda amplia
Carlos Chacón considera que De la Espriella necesita abordar la agenda bilateral con sentido de amplitud. Destaca que el escenario geopolítico actual, marcado por la competencia estratégica entre Estados Unidos y China, ha puesto en el centro prioridades económicas y tecnológicas como los minerales críticos, las cadenas de suministro seguras, la inteligencia artificial, la transición energética, la infraestructura digital y el nearshoring.
“Colombia tiene condiciones para convertirse en un socio relevante en varios de estos frentes”, señaló Chacón, al destacar su ubicación geográfica, acceso a dos océanos, potencial energético, minerales estratégicos y capacidad para integrarse a cadenas regionales de producción.
Una agenda moderna de cooperación, agregó, “podría traducirse en mayores oportunidades de inversión, transferencia tecnológica, fortalecimiento de capacidades productivas y generación de empleo formal”.
Agrega que el reto para Colombia es asumir una posición proactiva y construir una agenda de largo plazo basada en intereses compartidos, fortalecimiento institucional, seguridad, libertad económica, competitividad y apertura al comercio.
“En un entorno internacional cada vez más competitivo, una relación sólida con Estados Unidos puede convertirse en un factor relevante para impulsar el crecimiento económico, mejorar las condiciones de seguridad y fortalecer la posición estratégica de Colombia en el hemisferio”, subrayó Chacón.