Los inversionistas reaccionaron con optimismo al triunfo de Flávio Bolsonaro en la primera vuelta electoral de Brasil. El senador del Partido Liberal obtuvo el 47% de los sufragios frente al 45% del mandatario Luiz Inácio Lula da Silva, un resultado que lo sitúa como favorito de cara al balotaje del próximo 25 de octubre en la mayor economía de América Latina.
La reacción descansa en la expectativa de que Bolsonaro selle su victoria ante Lula y ponga en marcha un plan de reformas para cerrar el abultado déficit fiscal, frenar el avance de la deuda soberana y permitir una reducción en las tasas de interés.
El real subió un 4,4% frente al dólar, mientras que la bolsa de Sao Paulo abrió este lunes con una fuerte tendencia al alza tras un salto del 7,8%. Asimismo, el rendimiento de los bonos en euros del país retrocedió, reflejando la visión optimista del mercado.
"Dado que Bolsonaro compite bajo un programa de austeridad fiscal y desregulación, cabe esperar un repunte tanto en la divisa como en el mercado de bonos", señalaron analistas de ING.
“Es una sorpresa bienvenida", señaló a Bloomberg Antonina Tarassiouk, directora de análisis económico internacional de Reams Asset Management. "Había una asimetría en el resultado: o continuaba el statu quo con Lula o se daba un desenlace favorable al mercado con Bolsonaro, centrado en la consolidación fiscal. Esto da luz verde a los inversionistas para ampliar sus posiciones”.
"La credibilidad fiscal importa porque Brasil registra amplios déficits, la deuda pública continúa aumentando y las tasas de interés permanecen altas", señaló al Financial Times Chris Kushlis, estratega macroeconómico para mercados emergentes en T Rowe Price.
El desajuste
Lula dejaría como herencia una economía con indicadores macro relativamente estables, con bajo desempleo, una inflación contenida y el PIB en terreno positivo, aunque con una evidente pérdida de tracción.
Sin embargo, para las empresas, los inversionistas y las entidades financieras persisten señales de alarma, como un déficit en las cuentas públicas cercano al 9% del PIB que el gobierno financia con una deuda creciente que, tras un salto de 11 puntos porcentuales en los últimos cuatro años, equivale al 82% del PIB.
En su último informe el BBVA señala que el crecimiento de la economía “continúa moderándose y se prevé que alcance el 2,1% en 2026 y el 1,8% en 2027, con riesgos sesgados a la baja”.
Bolsonaro promete un “tijerazo” para restaurar la disciplina en las cuentas públicas. Su equipo plantea una nueva regla fiscal en reemplazo del marco de Lula, la reducción de al menos diez ministerios, el freno a los subsidios y una revisión a la baja de la reforma tributaria para evitar que el IVA roce un récord del 30%.
El avance
En los próximos días, la atención de los inversores se volcará sobre los nombres que baraja Flávio Bolsonaro para liderar su equipo económico y las alianzas que logre tejer rumbo al balotaje. En paralelo, el mercado seguirá con cautela la capacidad de respuesta de Lula y los eventuales giros en su estrategia de campaña para intentar revertir el resultado.
Un elemento a tomar en cuenta es que en términos generales la derecha ha tenido un avance considerable en el terreno político más allá de la primera vuelta en las presidenciales. El bolsonarismo casi duplicó sus escaños en el Senado, que pasaron de 15 a 28, con figuras como la ex primera dama Michelle Bolsonaro.
El diputado Nikolas Ferreira, uno de los rostros jóvenes del movimiento conservador brasileño, se convirtió en el cargo más votado de la historia del país, con más de tres millones de votos.
Bolsonaro ganó además en los mayores colegios electorales del país, esto es, los estados de Sao Paulo, Rio de Janeiro y Minas Gerais.
El Partido Liberal ha expandido su poder a nivel nacional. Obtuvo las gobernaciones de los tres estados sureños, Roraima y Rondônia en la primera vuelta, mientras que competirá en la segunda vuelta en Río de Janeiro y Amazonas.