Después de tres derrotas consecutivas, el próximo 28 de julio Keiko Fujimori jurará como presidenta de Perú gracias a la victoria más estrecha en la historia reciente de un país escéptico, que ha visto desfilar por la sede del gobierno diez mandatarios en los últimos nueve años. Surfear sobre la turbulencia política no será el único desafío. Los peruanos esperan respuestas rápidas frente a lo que evalúan como su principal problema, la criminalidad, mientras que la pugna geopolítica entre Washington y Pekín convertirá la gestión en un delicado ejercicio de equilibrio.
Fujimori inicia la presidencia sobre una base exigua. Su triunfo, por menos de un punto de diferencia sobre el candidato de izquierda Roberto Sánchez, se explica por los votos del exterior: dentro del país fue derrotada. El contraste es claro entre el sur, la región más pobre y olvidada que no la respaldó, y los territorios industrializados, con mayor calidad de vida y conectados al comercio internacional, que se inclinaron por su opción de derecha. Aliviar esta fractura y convencer a un país dividido será una tarea inaplazable para ganar gobernabilidad.
Fujimori ganó con una diferencia menor a 1%
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Francisco Belaunde, analista político y profesor de derecho internacional en la Universidad de Lima, advierte que “es un gobierno que llega con una tasa de rechazo bastante alta: en la primera vuelta apenas el 17% votó por Keiko. El reto es disminuir la polarización, reducir las tensiones a través de gestos, pero pareciera que intentará hacerlo mediante obras, políticas dirigidas a los sectores más abandonados”.
Si bien no ha detallado en qué consistirán esas medidas, más allá de prometer reducir la pobreza monetaria del 25% al 15% gracias a un mayor crecimiento de la economía en los próximos cinco años, en las últimas dos semanas Fujimori ha enviado mensajes de unidad. “Ningún gobierno puede sacar adelante al Perú si continúa alimentando la división”, aseguró, y añadió que “ha llegado el momento de acelerar las decisiones que el país espera con orden, eficiencia y sensibilidad humana”.
Keiko Fujimori ha construido su carrera política como heredera de su padre, Alberto Fujimori, el líder que gobernó entre 1990-2000 al que un sector de la población recuerda por haber derrotado a Sendero Luminoso y ordenado la economía, pero cuya gestión quedó marcada por violaciones a los derechos humanos y la consolidación de un régimen autoritario.
Familiares de víctimas del gobierno de Alberto Fujimori
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El “antifujimorismo” está presente en las manifestaciones de familiares de las víctimas que siguen reclamando justicia y entre quienes acusan a Fuerza Popular, el partido liderado por Keiko, de promover leyes que potencian la impunidad. Entre ellas figura la norma aprobada el mes pasado que traslada al fuero castrense los delitos cometidos por policías y militares, así como la amnistía para miembros de la Fuerza Armada Nacional y los Comités de Autodefensa acusados o condenados por crímenes durante la lucha contra el terrorismo entre 1980 y 2000.
“Pensar distinto no nos hace enemigos. La reconciliación nacional no significa olvidar nuestras diferencias: significa aprender a construir sobre aquello que nos une”, dijo Keiko Fujimori al recibir las credenciales de presidenta.
Francisco Belaunde indica que “evidentemente la aprobación de estas leyes no apunta a una reconciliación con la parte de los peruanos que están molestos con Keiko”.
La inseguridad
Según una encuesta de Datum para el diario El Comercio, realizada entre el 3 y el 6 de julio, siete de cada diez peruanos consideran que la prioridad del nuevo gobierno debe ser “combatir la inseguridad ciudadana”.
En un país arrinconado por la criminalidad, donde las cifras oficiales reportaron 2.400 homicidios el año pasado —un promedio de 200 al mes— y los casos de extorsión se han multiplicado, Fujimori planteó una política de mano dura: deportar a migrantes fuera de la legalidad, instaurar “jueces sin rostro” para proteger a magistrados que procesen a criminales de alto riesgo y reforzar los cuerpos policiales.
Protesta por la inseguridad en Lima
EFE
También prometió un comando unificado contra el crimen organizado y la construcción de “un megapenal para reos de alta peligrosidad”. Está por verse si esta receta logrará resultados en poco tiempo para calmar las demandas de la población, en un contexto en el que aún no hay precisión sobre la disponibilidad de recursos para elevar el presupuesto y la dotación de los cuerpos policiales, así como la cantidad de efectivos.
Terminar el período
La figura de “vacancia por incapacidad moral” prevista en la Constitución y la moción de censura han permitido al Congreso destituir a cuatro presidentes entre 2020 y 2026. A pesar de ese precedente, Keiko Fujimori se perfila como la primera mandataria en culminar un quinquenio desde que Ollanta Humala lo hiciera entre 2011 y 2016.
Un punto a su favor es que el Congreso volvió a ser bicameral y la vacancia por incapacidad moral requiere ahora la aprobación de diputados y senadores, en ambos casos con mayoría calificada de dos tercios. Fujimori cuenta con 22 de los 60 senadores y, si consolida una alianza con otros partidos de derecha, podría alcanzar la mitad de la cámara.
Fujimori en el palacio de gobierno
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Milagros Campos, politóloga y abogada, profesora de la Universidad Católica de Perú subraya que el grupo parlamentario de Fujimori “tiene presencia en la mayor parte de los departamentos del país y cohesión partidaria. El fujimorismo —con distintas denominaciones— es el único partido que ha logrado representación continua en todos los congresos desde 2001. La vacancia por incapacidad moral en el Perú ha ocurrido, fundamentalmente, con presidentes sin partidos ni bancadas”.
Francisco Belaunde destaca que “las posibilidades de Keiko de mantener sus cinco años son mayores que las que hubiera tenido un gobierno de Sánchez. Entonces, por ese lado, creo que hay una mayor tranquilidad respecto de la estabilidad en el Perú”.
Washington y Pekín
Tan pronto se corroboró el resultado de la elección presidencial, Washington expresó su beneplácito mediante un comunicado del Departamento de Estado: “La Administración Trump espera con entusiasmo profundizar la colaboración con la Administración Fujimori para impulsar la cooperación en materia de seguridad y fortalecer la cooperación bilateral en inversión y comercio en nuestra región”. Fujimori respondió: “Estamos listos para trabajar conjuntamente desde el primer día”.
Al mismo tiempo, Washington ha puesto en marcha una estrategia para ejercer predominio en América Latina y minimizar la presencia de China, algo que no luce sencillo en Perú, donde la inversión acumulada de Pekín desde 1990 suma 30.000 millones de dólares en proyectos como el puerto de Chancay, inaugurado por Xi Jinping a finales de 2024.
La expresidenta Boluarte junto a Xi Jinping en Lima
EFE
Concebido para acortar en cerca de diez días la ruta marítima hacia Shanghái y reforzar la aspiración de Perú de convertirse en un nodo logístico del Pacífico, el puerto se ha convertido en uno de los principales emblemas de la disputa geopolítica entre Estados Unidos y China en América Latina.
Analistas señalan que para Fujimori, quien se ha propuesto duplicar la tasa de crecimiento promedio del PIB del 3% al 6%, preservar el respaldo de Washington —permitiéndole ganar terreno e influencia— y, al mismo tiempo, mantener la inversión de China junto con la visión de proyectar a Perú como una economía orientada al Pacífico, constituye un objetivo estratégico que demandará habilidad y equilibrio.
En una entrevista reciente, Fujimori explicó su visión al señalar que “la comida peruana es una comida de fusión” y agregó que “el restaurante donde haremos las inversiones es el Foro de Cooperación Económica de Asia Pacífico y ahí están los Estados Unidos, pero también todos los países del Asia”.
Julio Velarde al recibir un doctorado Honoris Causa
ANDINA
Para dejar en claro que busca acompañar la estrategia de mayor inversión extranjera y el impulso a la empresa privada con una macroeconomía estable, de baja inflación y moneda sólida, la mandataria decidió mantener al frente del Banco Central a Julio Velarde, el hombre que durante dos décadas ha blindado a la economía peruana frente a la turbulencia política.
Durante su conducción, la inflación anual ha promediado 3% y el año pasado descendió a apenas 1,5%, la más baja entre las principales economías de América Latina. La elección de Fujimori y la ratificación de Julio Velarde fueron recibidas con entusiasmo por los inversionistas.
Los peruanos, en cambio, esperan mucho más de una presidenta que desde 2011 persiguió el poder de manera incansable, y ahora deberá demostrar que puede traducir esa persistencia en habilidad para vencer los retos y lograr una gestión exitosa.