29 de enero 2026 - 9:24hs

El segundo mandato de Donald Trump inauguró una nueva era de intervencionismo que redefine el tablero geopolítico global. Después de la captura de Nicolás Maduro en Venezuela a principios de 2026, el foco el presidente giró hacia el Ártico, donde la ambición de tomar el control de Groenlandia provocó un cisma inesperado con los líderes de la extrema derecha europea. Lo que antes parecía un frente ideológico inquebrantable, hoy se divide ante la amenaza directa de Washington sobre la soberanía de un integrante de la OTAN.

Durante los últimos años, el ascenso de las agrupaciones de extrema derecha sacudió a los partidos tradicionales en Europa, desde España hasta Suecia. Figuras como Nigel Farage en el Reino Unido, Marine Le Pen en Francia, Alice Weidel en Alemania, Giorgia Meloni en Italia y Viktor Orbán en Hungría consolidaron su protagonismo y sus agrupaciones ahora ocupan el 26% de los escaños en el Parlamento Europeo, según el Instituto Alemán de Asuntos Internacionales y de Seguridad.

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La presidenta de la Comisión Europea Ursula Von Der Leyen y el presidente de Estados Unidos Donald Trump.

La presidenta de la Comisión Europea Ursula Von Der Leyen y el presidente de Estados Unidos Donald Trump.

La afinidad ideológica de estos líderes de nueva derecha con Trump llevó a los partidos a reunirse en Madrid el año pasado para aplaudir la victoria electoral del republicano bajo el lema “Hagamos Europa grande de nuevo”. En aquel entonces, la alineación parecía inquebrantable, proyectando un frente unido contra el internacionalismo liberal.

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Sin embargo, el intervencionismo de la nueva administración Trump provocó fuertes tensiones con sus socios transatlánticos. Las operaciones en Venezuela, Irán y el reciente asedio diplomático sobre Groenlandia, territorio semiautónomo danés, fracturó la alianza, obligando a los europeos a elegir entre su defensa de la soberanía nacional y su predilección por el líder estadounidense.

Alemania, Italia y Francia denuncian “amenazas a la soberanía”

Foto de familia de los líderes de ultraderecha que conforman la confluencia Patriotas, durante la cumbre en Madrid. X (@madrid_vox)
Encuentro de representantes de la coalición europea Patriotas en Madrid.

Encuentro de representantes de la coalición europea Patriotas en Madrid.

La ambición de la Casa Blanca sobre Groenlandia desató una oleada de críticas en el corazón de la derecha europea, abarcando desde Alemania e Italia hasta Francia. Incluso Nigel Farage, histórico aliado de Trump y líder de Reform UK, rompió su habitual sintonía y calificó las maniobras del republicano como "un acto muy hostil".

Esta tensión se trasladó al Parlamento Europeo la semana pasada, donde los legisladores de ultraderecha, históricamente alineados con Trump, votaron mayoritariamente a favor de suspender un pacto comercial clave entre la Unión Europea (UE) y Estados Unidos, denunciando tácticas de “coerción” y “amenazas a la soberanía”.

La Agrupación Nacional francesa, con Marine Le Pen a la cabeza, ha reivindicado históricamente su sintonía con Trump en pilares como la política migratoria. Sin embargo, este vínculo entró en una fase de alta tensión durante los últimos días. Le Pen se posicionó como una de las voces más críticas frente a la reciente incursión de Washington en Caracas, subrayando que el núcleo del conflicto es el respeto irrestricto a la autodeterminación de los pueblos.

Marine Le Pen. AP
Marine Le Pen

Marine Le Pen

"Había mil razones para condenar al régimen de Nicolás Maduro (...). Pero hay una razón fundamental para oponerse al cambio de régimen que Estados Unidos acaba de instaurar en Venezuela. La soberanía de los Estados nunca es negociable, independientemente de su tamaño, poder o continente. Es inviolable y sagrada", dijo la líder francesa a través de su cuenta en la red social X.

De la misma forma, Jordan Bardella, el eurodiputado de 30 años que preside el partido, pasó de elogiar el “viento de libertad” del trumpismo a denunciar frontalmente la política exterior de la Casa Blanca. En su reciente discurso de Año Nuevo, Bardella tildó la captura de Maduro como una “interferencia” al servicio de las petroleras estadounidenses y, días después, elevó la apuesta al calificar las pretensiones sobre Groenlandia como un “chantaje comercial”. “Nuestra subyugación sería un error histórico”, sentenció el líder francés.

Otra aliada de Trump, la primera ministra italiana, Giorgia Meloni, se hizo eco de ese sentimiento. En una entrevista en la televisora Rai aseguró que le dijo a Trump durante una llamada que su amenaza de aranceles sobre Groenlandia era “un error”.

Giorgia Meloni y Donald Trump. AP
Giorgia Meloni y Donald Trump.

Giorgia Meloni y Donald Trump.

Reticencia a criticar en el flanco oriental de la UE

No obstante, la fractura no es total. En el este de Europa, el primer ministro húngaro Viktor Orbán, considerado como el pionero del populismo conservador de Trump, está siendo cuidadoso de evitar incluso la más mínima crítica al presidente de Estados Unidos. Orbán, que enfrenta una difícil reelección en abril, intentó presentar las amenazas de Trump sobre Groenlandia y la captura de Maduro como beneficiosas para Hungría, o como un asunto que no le concierne.

“Es un asunto interno... Es un asunto de la OTAN”, dijo Orbán sobre los planes de Trump para Groenlandia durante una conferencia de prensa a principios de este mes, agregando que cualquier cambio propuesto a la soberanía del territorio puede discutirse dentro de la OTAN. Además, elogió la intervención en Venezuela, calificando al país de “narcoestado” y sugiriendo que la destitución de Maduro podría beneficiar a Hungría a través de futuros precios más bajos del petróleo en los mercados mundiales.

Trump lanza Consejo de Paz - 22-1-26 - AFP

Una postura similar mantiene el presidente polaco Karol Nawrocki, quien en el Foro Económico Mundial de Davos pidió moderación a los líderes occidentales y sugirió que las tensiones sobre Groenlandia se resuelvan “de manera diplomática” entre Washington y Copenhague, no mediante una coalición europea más amplia.

En la vecina República Checa, el primer ministro Andrej Babis se negó a pronunciarse en contra de las amenazas de Estados Unidos a Groenlandia, y advirtió contra permitir que la UE cause un conflicto con Trump por este asunto.

En Eslovaquia, el primer ministro Robert Fico no mencionó el tema de Groenlandia, incluso cuando se reunió con Trump en su mansión de Mar-a-Lago la otra semana. Por el contrario, la intervención en Venezuela sí llevó a Fico a “condenar inequívocamente” la acción, calificándola de “secuestro” y la “última aventura petrolera estadounidense”.

El futuro de la alianza transatlántica de extrema derecha es incierto. Trump anunció la semana pasada la conformación de un "marco de un futuro acuerdo sobre Groenlandia", donde según The New York Times, una de las ideas planteadas sería que Dinamarca cediera soberanía sobre pequeñas zonas de Groenlandia, donde Estados Unidos construiría bases militares.

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