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La semana pasada, tres familias revisaron la decisión que habían tomado al integrar a un niño o niña en proceso de adopción. En uno de los casos, el niño ya fue reintegrado al sistema de protección de INAU; en otro, la decisión de no seguir con el proceso ya está tomada y queda por definir dónde vivirán los niños. En el tercero, el INAU todavía trabaja con la familia preadoptiva, antes de decidir cómo seguir.

Según supo El Observador, la directora de Adopciones de INAU, Nair Ramos, está revisando los expedientes de estos procesos para determinar si hubo decisiones mal tomadas durante la selección de las familias, o si faltó información relevante al momento de definir los enlaces.

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El primer caso es el de un niño de 3 años, que se había integrado a la nueva familia hacía unos diez días. La familia se sintió desbordada ante la experiencia de criar al niño y decidió dar marcha atrás con la decisión. El niño ya volvió a un hogar del INAU.

El segundo caso es el de un grupo de dos hermanos menores de 7 años. La mujer que los integró a su familia, hace aproximadamente un mes, manifestó tener miedo de que la familia de origen de los niños pudiera identificarla y tomar represalias contra ella si se enterara de la concreción de la preadopción. Si bien la decisión de no seguir adelante con la adopción ya está tomada, los niños aún permanecen con la familia preadoptiva a la espera de que el INAU decida dónde y con quién vivirán.

El tercer caso es el de un adolescente de 13, integrado a su nueva familia hacía cuatro meses. Según pudo reconstruir El Observador, la familia adoptante alegó que, después de unos meses de convivencia, el hogar donde vivía el adolescente no le había dado información suficiente sobre algunas conductas agresivas, que luego se manifestaron en la convivencia.

En este último caso, en el INAU están trabajando junto con la familia preadoptante para decidir finalmente lo mejor para el adolescente involucrado, en cuanto a si seguir avanzando en la integración o buscarles otras familias.

Con estos casos, el 2026 ya se equipara con la cantidad de casos de este tipo que registró el INAU en todo 2025, cuando hubo tres niños devueltos a hogares 24 horas.

Los casos se dan en medio de cuestionamientos al trabajo que realiza el área de seguimiento en el Registro Único de Adoptantes. Una auditoría interna del INAU realizada en 2024 a esta dependencia daba cuenta de que esta área del departamento de Adopciones no daba garantías de que se cumplieran los derechos de los niños y adolescentes involucrados en el proceso.

Aunque los reintegros de niños después de haberse ido con familias preadoptivas son excepcionales, tampoco llaman la atención de quienes conocen esta realidad de primera mano.

A partir de un pedido de acceso a la información pública realizado en marzo, El Observador accedió al histórico de casos desde 2015, que se muestran de la siguiente manera.

En su respuesta, el INAU define a estos casos como "procesos excluyentes". Son aquellos en los que, después de que el niño se integra a la familia preadoptiva, alguna de las partes decide terminar con la vinculación. Son adopciones fallidas, en las que, después de intentar que se integre a una nueva familia, el niño tiene que volver a estar bajo el amparo del Estados "Al tratarse la adopción de un proceso vincular de alta complejidad, en el devenir del mismo se presentan situaciones en los cuales es posible visualizar que el niño, niña o adolescente no ocupa un lugar de hijo. Esto es pasible de suceder a lo largo de la vida del niño o de los padres adoptivos, por lo cual algunos procesos excluyentes se generan años después de la integración", explica la institución en el informe.

De las 37 adopciones fallidas en la última década, el 40% fueron casos en los que las familias adoptaban a más de un niño: hay casos de hasta tres hermanos por una misma familia. La cantidad de niños adoptados es un factor que complejiza aún más estos procesos, y por tanto hay más posibilidades de que puedan terminar en un "proceso excluyente".

Otro factor, respondía el INAU en el informe pedido por El Observador, refiere a la edad de los niños: cuanto más grandes son, más difícil es la integración con la nueva familia.

Cuando una familia decide adoptar a un niño comienza un proceso que puede llevar entre dos y tres años. Primero pasa por un proceso de valoración, que comienza con talleres de información y con entrevistas con una dupla de psicólogos y asistentes sociales, en donde se intenta que se alineen las expectativas de lo que la familia preadoptiva desea con respecto a la adopción y lo que realmente puede suceder. Una vez que pasan ese proceso y reciben la "idoneidad" —es decir, tienen el visto bueno del INAU para adoptar— se integran al Registro Único de Adoptantes, lo que implica que pasan a estar en la lista de espera para conocer al niño que adoptarán.

Hasta ese momento, la familia no sabe absolutamente nada de cómo será ese bebé, niño o adolescente al que integrarán como familia. En esta nueva etapa del proceso los acompaña una dupla de seguimiento, que les propondrá conocer "una historia": a grandes rasgos, les cuentan las peripecias por las que ha pasado ese niño o niña, su estado de salud y si tiene vínculos con su familia de origen que debe mantener.

La familia tiene que responder en 48 horas si desea aceptar esa "historia", y muchas veces tiene que decidir con muy poca información arriba de la mesa.

Prácticamente enseguida empiezan a darse los encuentros acompañados por referentes del INAU, y, después, el niño o la niña termina mudándose con su nueva familia.

Los técnicos siempre señalan que es imposible conocer a ciencia cierta cómo se va a dar ese vínculo, tanto del lado de la familia como del niño o la niña que se integra a la nueva familia. Y no es de extrañar que, en el proceso, aparezcan desbordes emocionales. En las familias preadoptivas también puede suceder que reciban un shock al conocer más en profundidad las trayectorias de vida de esos niños.

Equipos sobrecargados

Los procesos de adopción han estado en la mira desde hace algunos años, después de varios casos que se hicieron públicos: el de dos familias a las que les quitaron la "idoneidad" después de haber estado años esperando para adoptar, o el de la bebé conocida como Itzaé, que fue dada en adopción y a los ocho meses retirada de su familia adoptiva para integrarla a vivir con sus hermanos y un tío biológico. En ese último caso, tanto la directora de Seguimiento en RUA, Olga Castro, como el entonces director de Adopciones, Darío Moreira, reconocían que estaban entregando niños en adopción a familias a las que después debían pedir que los devolvieran porque aparecían familiares de origen que tienen prioridad para hacerse cargo.

Si bien las duplas de psicólogos y asistentes sociales tienen independencia técnica para decidir sobre los casos, un aumento de la cantidad de familias aspirantes a la adopción ha tensionado los procesos de las duplas.

En diez años, se duplicó la cantidad de familias en el Registro Único de Adoptantes, en parte como consecuencia de los cambios introducidos en la Ley de Urgente Consideración, que le puso plazo máximo —18 meses— al tiempo en que las familias pueden ser valoradas.

Sin embargo, la cantidad de duplas técnicas de evaluación y seguimiento no ha variado significativamente.

Bajo la gestión de Olga Castro —al frente de la jefatura de Seguimiento en RUA desde hace una década— hay 12 duplas de psicólogos y asistentes sociales que trabajan en el seguimiento de procesos de adopción en Montevideo. En el interior, la situación es más compleja: hay solo cuatro duplas que se dividen el territorio nacional entre norte, centro, este y oeste.

El Observador accedió a una auditoría realizada en 2024 realizada por la Auditoría Interna de Gestión del INAU que da cuenta de que el funcionamiento del área no es bueno desde hace algunos años. En ese informe se detectaron debilidades en los registros y la rigurosidad de los procesos, así como en la aplicación de protocolos y en el "padrón de la población atendida" que dificultaba el acceso a información de los niños y adolescentes atendidos y sus procesos.

"Las debilidades en la planificación y en los registros de la tarea e intervenciones no permite garantizar el pleno ejercicio de los derechos de los niños, niñas y adolescentes incorporados en tenencia preadoptiva, ni tampoco dar cuenta de las pertenencias y efectividad de las estrategias y abordajes, desarrollados en estos contextos familiares en que se incorporan", concluye el informe, que advierte también que "la falta de planificación de la tarea desempeñada y en el registro de las intervenciones generan un escenario de riesgo extremo para garantizar en los hechos procesos de seguimiento".

En abril de este año, las autoridades del INAU decidieron desplazar al entonces director de Adopciones, Darío Moreira, a otra área de trabajo, y en su lugar asumió Nair Ramos. Además, se encuentran revisando procesos para ajustar las debilidades que se vienen presentando.

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