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"No idóneos" para ser padres: la historia de una familia que no llegó a conocer a su hijo y el debate de qué se necesita para adoptar

La lista de espera de familias que quieren adoptar niños viene en aumento en el último quinquenio; los casos en que el INAU da marcha atrás en la decisión son excepcionales

7 de septiembre 2024 - 5:00hs

La foto es esta: Pablo sostiene contra su cuerpo a Catalina, la gata negra, que mira para atrás; Cecilia hace lo mismo con Sofía, una perra grande y amarronada que tiene la mirada entretenida en otra cosa; en el medio, Kenia, la labradora, negra y ya con signos de vejez en su barba blanquecina, que no entiende nada. Le han cooptado su espacio. Esta foto, que el celular sacó solo desde una mesita de luz, en la que Cecilia sale con la sonrisa amplia, las perras y la gata distraídas, y Pablo mirando al frente, es muy importante: es la foto de la bienvenida. Con esta foto, la familia se presenta.

Cecilia y su pareja, Pablo, se anotaron en el INAU para adoptar un hijo en diciembre de 2018. Ella tuvo una enfermedad que le hacía correr un riesgo importante si quedaba embarazada y por eso decidieron ir por este camino. En enero de 2019 tuvieron la primera reunión para empezar el proceso y se pusieron a juntar para los más de $ 130 mil que implican los gastos de abogados cuando llega el momento del juicio para obtener la documentación.

En enero de 2020, después de tres talleres de prevaloración, se lo contaron al jefe de Pablo, que tenía un taller de construcción en madera, que además era quien les alquilaba la casa.

El dueño de la casa daba zancadas de un metro para contar cuánto espacio había. Era de madrugada y estaba en un galpón que conectaba la casa con el lugar de trabajo, la carpintería.

—Pablo, agarrá la madera que necesites del taller y hacé el cuarto acá.

El hijo que llegara tenía que tener su lugar, así que el cuartito lo empezaron a construir el 26 de enero de 2020.

Sacaron fotos de cada etapa del proceso: de cuando hicieron la instalación eléctrica, cuando hicieron la ventana, cuando revistieron el techo, cuando pintaron. En una semana la habitación estaba pronta. Tenían un puf, consiguieron una cama, les regalaron el colchón, compraron sábanas. Consiguieron hasta una computadora, porque no sabían la edad que iba a tener. Marcaron la fecha en cada avance porque pensaban que cuando fuera grande le mostrarían cómo se habían preparado para conocer a su hijo.

El 1° de octubre de 2021 los citaron para informarles que entraban en el Registro Único de Adoptantes (RUA). Esto significaba que, ahora sí, estaban en lista de espera. Ya no se trataba de una posibilidad, era un hecho: iban a ser padres.

—¿Por qué no se emocionan? ¿No se abrazan? ¿No se besan? —le preguntó la funcionaria que les confirmó la noticia.

Eso, le respondieron los futuros padres, lo guardaban para ellos.

Cuando salieron del INAU se abrazaron y se largaron a llorar.

Una vez que el INAU da el sí, las posibilidades de que te lo saquen son ínfimas. En los últimos cinco años la "no idoneidad" —como le llama el INAU— nunca superó la quinta parte de las familias inscriptas. Una vez dentro del RUA la rareza de que te saquen es todavía mayor: menos del 3% cae cuando ya está pronta para adoptar o ya adoptó.

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—¿Cuándo viene Rulito? —preguntaban los compañeros de trabajo de Pablo.

Rulito podía ser niña, niño, más grande o más chico, pero se iba a traducir en la síntesis de sus padres: dos personas con rulos que contaron los días durante cuatro años.

Solo faltaba saber cuándo, que siempre tenía una única respuesta:

Padres, controlen la ansiedad.

Qué tan difícil podía ser. Había pasado un registro, una entrevista inicial, cuatro talleres, una visita de un asistente social a su casa, cuatro entrevistas de valoración psicosocial, una reunión para confirmar que entraban a la lista de espera: dos años, nueve meses y 10 días.

Con la Ley de Urgente Consideración del gobierno de Luis Lacalle Pou, el plazo de prevaloración previo al ingreso al RUA se acortó, obligatoriamente, a 18 meses. Quitaron los “tiempos muertos” de esa primera etapa, pero, reconoce la directora de Adopciones, Valeria Caraballo, no necesariamente se achicó el proceso entero. De hecho, lo que pasó fue que se engrosó la lista de espera de las familias ya aprobadas. Antes se demoraba más la prevaloración, ahora se demora más la espera para la presentación de la historia.

El tiempo que transcurre depende, también, del nivel de exigencia de la familia. La mayoría de los que se postulan solo quieren adoptar bebés, sin hermanos y sin enfermedades congénitas, pero menos del 2% de los niños que están en lista para ser adoptados cumplen con esas características.

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No fue, sin embargo, el caso de Cecilia y Pablo, que estaban dispuestos a integrar niños más grandes con hermanos.

Años estando en la mira

En todo ese proceso, el INAU busca conocer en profundidad a los padres adoptantes. Siempre los está evaluando, porque los niños son su prioridad.

Fue así que cada encuentro se convirtió para Cecilia y para Pablo en un estrés: si cruzaban los brazos era que estaban enojados, si tenían el ceño fruncido era que estaban negados. Cecilia empezó a googlear qué significaba cada expresión corporal, para entender lo que estaban interpretando sobre sus posturas.

La directora Caraballo insiste: “Partimos del interés del niño, porque es lo que marca la ley y nosotros somos el instituto protector de las políticas sociales en materia de infancia (…), los niños que son adoptados vienen de un daño y no podemos correr el mínimo riesgo de que vuelva a producirse otro daño, por eso es importante la idoneidad”.

El 15 de noviembre la pareja tuvo el primer encuentro con la dupla de seguimiento: una psicóloga y una asistente social con la que trabajarían hasta el final. Esta dupla era la que le iba a presentar la historia para quien Cecilia y Pablo serían la mejor solución.

En el medio, un conocido de la pareja les dijo que podía contactarlos con el entonces presidente del directorio del INAU, Pablo Abdala, para que les diera más información sobre su caso. Lo llamaron, se reunieron con él, le contaron en la etapa del proceso en la que estaban y, según contaron, Abdala quedó en averiguar cuánto faltaba.

Para el presidente del INAU de entonces era común que las familias postulantes lo consultaran sobre el proceso. Generalmente están nerviosas por el proceso que atraviesan. Advierte, sin embargo, que esos encuentros nunca tuvieron como consecuencia que los casos fueran apalancados o tuvieran un tratamiento diferencial. El trabajo de las duplas que evalúan es técnico.

La siguiente reunión de Cecilia y Pablo con la dupla de seguimiento, una vez en el RUA, fue el 27 de junio de 2022. Tenían que haber visto dos películas: Un largo camino a casa y Extraordinario: las dos hablan sobre los desafíos a los que se enfrentan las familias con la llegada de un hijo.

Cuando llegaron al INAU, entraron en una salita de niños, con sillas de niños, y pensaron que había llegado el momento de completar la foto.

Lo que recibieron, en cambio, fue una pregunta:

—¿Por qué tocaron la casta política?

Los siguientes 40 minutos fueron una discusión sobre por qué habían pedido una reunión con Abdala, que tenían 60 familias delante de ellos y que el proceso era técnico y ellas decidían cuándo llegaba el momento de la integración.

La dupla de seguimiento tuvo otros roces con la pareja, como cuando le preguntaron cómo integrarían a un bebé o como lo harían con un niño más grande. Cecilia contestó que no sería lo mismo un caso u otro, porque la forma de interactuar dependía mucho de la etapa de crecimiento, pero que siempre sería desde el amor.

A la dupla esa respuesta no le gustó.

Otros más que hablan de amor —comentó con ironía la asistente a la psicóloga.

—Vos no tenés idea el amor que tiene esta mujer para dar le contestó Pablo sobre su esposa.

No era Cecilia la única que hablaba de amor. Fue el INAU el primero en hacerlo. Es más, es el eslogan para las adopciones: Su futuro depende de tu amor.

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Lo que no dice el banner, y no está explicado en ningún lado, es que el amor no es suficiente.

Hay talleres, filtros y hasta test, como en un concurso. Unos pugnan por unos pocos, como un concurso. Pero a diferencia de los concursos, cuando la familia se considera idónea para la adopción, más tarde o más temprano logrará su objetivo.

Eso supone aceptar las reglas de juego. Una de ellas es que “la adopción solo podrá realizarse si los adoptantes se obligan al respeto y preservación del vínculo” con la familia de origen. Así lo establece el Código de la Niñez y la Adolescencia y así lo sentará por escrito un juez cuando se concrete la adopción.

La directora Caraballo remarca que este es un requisito no solo legal, sino que tiene un fundamento técnico: el niño o el adolescente tiene su derecho a la identidad, a mantener uno de sus nombres, a reencontrarse con sus hermanos si es que existe un vínculo significativo.

Del otro lado, también es cierto que muchos de los padres adoptantes intentaron, sin éxito, el camino de la fertilización asistida. O son madres solteras, o parejas del mismo sexo. Entonces, “quieren construir su familia imaginando lo que ocurre en un proceso biológico: uno les elige el nombre a su bebé, sus apellidos, ocupa determinados roles y no es sencillo pensar que pueda haber una familia de origen con lazo”.

No es casa nueva, vida nueva. Es aceptar su historia.

¿Cómo hacen las familias adoptantes, entonces, para integrar también a las madres biológicas? ¿Quién pasa a ser la madre del niño? ¿Qué es un vínculo significativo? ¿Es llevar al niño a la cárcel a visitar a su familia? ¿Es visitar a su madre en un contexto que solo hace daño? ¿Qué tan significativo es el vínculo, si el niño terminó volcado en un hogar del INAU esperando por una familia nueva? Aurora Reolón, de la Asociación de Padres Adoptantes de Uruguay (APAU), dice que estas son algunas de las preguntas centrales que tienen los postulantes a la hora toparse con este requisito.

CUIDA, un polémico test español que lauda cuando hay dudas

En la tercera reunión, la dupla les propuso a Cecilia y a Pablo hacer un test, el Cuida. Es un examen múltiple opción que el INAU compra a España, que se completa con lápiz y lo evalúa un software. Lo aplican a las familias con las que, después de la valoración técnica, aún persisten dudas sobre su aptitud. Son en total 189 preguntas que evalúa 14 aspectos de personalidad de una persona: el altruismo, la apertura, la asertividad, la autoestima, la capacidad de resolver problemas, de resolver un duelo, de establecer vínculos afectivos, la empatía, el equilibrio emocional, la independencia, la flexibilidad, la sociabilidad, la tolerancia a la frustración. Es usado en varios países como una prueba objetiva que ayuda a despejar dudas, aunque también tiene sus detractores por ser considerada ambigua, que termina generando confusión en la persona peritada. Otros, en Uruguay, cuestionan que se aplique un test de origen español al contexto uruguayo.

La directora Caraballo aclara que no se trata de un test de selección, sino un instrumento para que la dupla de psicólogos y asistentes sociales corroboren o refuten los rasgos de personalidad de la familia que están estudiando. Ante las dudas, el test lauda.

Ya habían hecho todo: la entrevista inicial, la inscripción, los cuatro talleres de prevaloración, la visita del asistente social, las cuatro entrevistas de valoración psicosocial, el acceso al RUA, los cuatro talleres de preparación. La hojita que le dieron al inicio del proceso les mostraba que solo faltaba una cosa: conocer la historia.

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La historia no llegó. En su lugar, llegó una nueva resolución: no idóneos para ser padres.

¿Por qué “no idóneos”?

Cecilia y su pareja pidieron una reunión con el INAU para entender qué había pasado con su caso. Tuvieron un encuentro con Darío Moreira, el director de la división de adopciones, Valeria Caraballo, también directora, y Olga Castro, directora de seguimiento en el RUA. Esa reunión duró 40 minutos. La respuesta que encontraron fue que a veces pasa, que las duplas no logran conectar con las familias. La dupla le manifestó a Castro, su supervisora, que no había podido conocerlos en profundidad, que siempre había que romper el hielo con ellos, en cada encuentro, y que en esos casos, cuando la dupla tiene dudas, se aplica el Test Cuida. Que las preguntas eran incisivas y reiterativas con el fin de conocerlos mejor. El problema: siempre se mostraban enojados.

Quién puede mostrarse contento y distendido después de cuatro años de espera, 20 reuniones entre talleres y entrevistas, y evaluaciones psicosociales, para que al final del recorrido, le digan que no, que no son aptos.

—Me puedo dar cuenta de que (la dupla) realmente no bajó los brazos con ustedes, hicieron todo lo posible por comunicar, conocerlos y que esto condujera a buen puerto —dijo una de las participantes de la reunión.

Por qué no preguntaron directamente lo que querían saber de nosotros, le cuestionó Pablo.

—La técnica no les dio muy bien, lamentablemente, los indicadores que resultaron no son del todo favorables.

A él: bajo el nivel de apertura, alta la asertividad, medianamente la autoestima, alta la capacidad de reforzar problemas, baja la empatía.

A ella: alta la apertura, alta la asertividad, medianamente, ahí ahí, el equilibrio emocional, la independencia, la flexibilidad, baja la capacidad para establecer vínculos afectivos o de apego. La capacidad de resolver duelos, también, baja.

¿Cómo se logra el aprobado madre, dónde está el punto de equilibrio de la emoción, cuál es el nivel de apego correcto, cuándo sabemos que se terminó un duelo, cómo se hace para mantener una buena autoestima a lo largo de los años?

La directora de Adopciones del INAU dice: con un niño que ya viene de una historia de rupturas, no hay otra posibilidad que afinar el ojo. No es cuestión de ser buena madre, es cuestión de ser buena madre para estos niños.

Pero qué pasa si el proceso de adopción es el que está presionando buena parte de ese desequilibrio emocional. Hay quienes no terminan de llegar al encuentro con su hijo: a veces es porque cambian de plan, y otras veces es porque se desgastan en el camino.

La cantidad de personas que desisten o que son consideradas “no idóneas” para adoptar viene subiendo en este quinquenio conforme sube, también, el número de anotados.

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De las 263 en el proceso de adopción el año pasado, 89 abandonaron el recorrido. Fue el año con más bajas por propia voluntad pese a que no fue el año con más familias anotadas. En 2022, el de Cecilia y Pablo fue uno de los dos casos que se cayeron estando ya en la lista de espera.

—¿Me estás diciendo que ni él ni yo estamos idóneos para tener un niño? ¿Esa es la respuesta? —preguntó, incrédula, durante la última reunión que tuvo con las autoridades a cargo del proceso.

—Sí, esa es la respuesta.

—¿Por qué no son sinceros desde el día uno? ¿Por qué pasa tanto tiempo entre una entrevista y la otra? ¿Por qué, si hay fallas, no nos avisan? ¿Por qué permiten que pase tanto, tanto tiempo? ¿Por qué no se juntan y dicen, y nos dicen, en qué tenemos que trabajar? —Cecilia largó una pregunta tras otra, pero no tuvo ninguna respuesta.

“Vos podés ser duro y está bien que sean duros contigo. Una cosa es ser duro y otra cosa es ser violento. Porque no hay necesidad de ser violento. Hay que acompañar a la familia. Hay que forzar a que escuchen, entiendan. Una cosa es eso y otra cosa es que se te agarre y te presione a tal punto que vos pierdas”, dice Reolón.

El certamen para ser buena madre de un niño de INAU tiene sus exigencias.

Hasta en la orilla te podés ahogar.

Cecilia y Pablo siguen usando el auto que compraron con la ilusión de los viajes con su hijo. Se fueron de la casa para alejarse del cuartito que habían construido. Los juguetes los juntaron y los llevaron al vertedero, se los repartieron entre los trabajadores. Kenia, la labradora negra, murió y está enterrada bajo la sombra de un árbol que un día pudo echar raíces.

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