La expansión de la inteligencia artificial (IA) comienza a tener un impacto tangible sobre el sistema eléctrico mundial. Según datos recopilados por AIC Economía y Finanzas en base a informes sectoriales y proyecciones de la Agencia Internacional de Energía (IEA), el consumo anual de electricidad de los centros de datos ya ronda los 400-420 teravatios-hora (TWh), equivalente a entre 1% y 1,5% de la demanda eléctrica global.
Dentro de ese total, una fracción creciente corresponde a tareas de IA, como el entrenamiento de modelos, la inferencia y el almacenamiento asociado. Distintos análisis estiman que hoy entre 5% y 15% de la electricidad consumida por centros de datos responde a estas aplicaciones, proporción que aumenta a medida que se masifican los sistemas de computación acelerada.
En Estados Unidos el fenómeno es particularmente visible: los centros de datos consumen del orden de 170-180 TWh anuales, cerca del 4% de la demanda eléctrica nacional. La proliferación de modelos que requieren miles de servidores operando en simultáneo y sistemas de refrigeración de alta capacidad está transformando a la infraestructura digital en un actor relevante dentro de la planificación energética, explica el artículo.
Las proyecciones hacia el final de la década refuerzan esta tendencia. La IEA estima que el consumo eléctrico global de centros de datos podría pasar de unos 415 TWh en 2024 a cerca de 945 TWh en 2030, representando alrededor del 3% del consumo mundial. Otras estimaciones privadas ubican el incremento entre 50% y 165% en el mismo período, impulsado principalmente por la computación vinculada a IA.
El impacto ya se refleja en los mercados financieros. Analistas destacan que utilities y empresas energéticas han ganado atractivo ante la expectativa de una demanda estructural creciente asociada a la infraestructura digital. Compañías con capacidad de generación firme o limpia se posicionan como actores estratégicos en un escenario donde la electricidad se convierte en insumo crítico para la economía del conocimiento.
Las grandes tecnológicas, por su parte, avanzan en acuerdos de compra de energía a largo plazo (PPA) para garantizar suministro estable y previsibilidad de costos. Un caso emblemático es el acuerdo entre Microsoft y Constellation Energy para reactivar Three Mile Island Unit 1, un reactor nuclear de aproximadamente 835 MW. En la misma línea, Meta firmó un contrato a 20 años para adquirir energía del Clinton Clean Energy Center, mientras que Amazon Web Services amplió su relación con Talen Energy mediante un acuerdo que podría alcanzar hasta 1.900 MW provenientes de la central nuclear de Susquehanna. Las magnitudes son comparables a las de grandes complejos industriales.
En este escenario, Uruguay cuenta con factores estructurales que lo posicionan como un actor atractivo en la nueva geografía energética de la economía digital. Con una matriz eléctrica que supera el 98% de generación renovable, el país ofrece energía de baja huella de carbono, un atributo cada vez más valorado por las grandes tecnológicas que buscan expandir centros de datos sin comprometer sus metas ambientales, señala AIC Economía y Finanzas en su newsletter de febrero.
La inversión de Google en un centro de datos de gran escala en Canelones —superior a US$ 800 millones—, junto con acuerdos de abastecimiento con UTE, es una señal concreta de ese posicionamiento.
Además, el marco regulatorio habilita contratos de compra de energía a largo plazo entre privados, permitiendo a generadores independientes y grandes consumidores asegurar condiciones de suministro por períodos extendidos. Esta flexibilidad contractual, sumada a la certificación de atributos ambientales que respaldan el consumo renovable, convierte a Uruguay en un caso singular en la región.
Según el artículo, el desafío ahora es transformar estas ventajas comparativas en una estrategia sostenida que combine atracción de inversiones, planificación de red y seguridad de suministro, con el objetivo de consolidar al país como hub regional de economía digital e inteligencia artificial.