Una nueva revisión científica que analizó datos de más de 1,8 millones de personas encontró que las siestas habituales de 30 minutos o más se asocian con un mayor riesgo de enfermedades cardiovasculares, metabólicas y mortalidad.
Los investigadores aclaran que el trabajo representa una relación estadística, pero no demuestra que dormir la siesta sea la causa directa de esos problemas.
El metaanálisis publicado en la revista Sleep Medicine Reviews, reunió resultados de 44 estudios de cohorte que incluyeron a más de 1,86 millones de adultos de entre 20 y 86 años, convirtiéndose en uno de los más amplios realizados sobre el impacto de las siestas en la salud.
¿Por qué dormir una siesta de más de 30 minutos podría ser perjudicial para la salud?
Los investigadores observaron que las siestas habituales de al menos 30 minutos estuvieron asociadas con un mayor riesgo de mortalidad por cualquier causa, enfermedades cardiovasculares y trastornos metabólicos, como la diabetes. En cambio, las inferiores a 30 minutos no mostraron una asociación significativa con esos resultados adversos.
El trabajo también encontró que dormir siesta se vinculó con un menor riesgo de deterioro cognitivo y sarcopenia, una enfermedad caracterizada por la pérdida progresiva de masa y fuerza muscular.
Los autores remarcaron que los datos corresponden a estudios observacionales, por lo que no es posible afirmar que las siestas largas provoquen directamente estas enfermedades.
Una explicación posible es que las personas con problemas médicos, trastornos del sueño o mala calidad del descanso nocturno tengan una mayor necesidad de dormir durante el día.
¿Cuánto tiene que durar la siesta perfecta?
A partir de los resultados, los investigadores sugirieron que reducir la duración habitual de las siestas a menos de 30 minutos podría ser una medida prudente para conservar sus beneficios sin asociarse a mayores riesgos para la salud.
La recomendación coincide con otras investigaciones recientes. Una revisión publicada en 2026 concluyó que las siestas breves, de entre 20 y 30 minutos, favorecen el rendimiento cognitivo, la memoria y la recuperación física, mientras que las superiores a una hora se relacionan con un mayor riesgo de enfermedad coronaria, diabetes y obesidad.
Además, un estudio de JAMA Network Open realizado en adultos mayores encontró que las siestas más largas, más frecuentes y realizadas durante la mañana se asociaban con una mayor mortalidad. Los investigadores señalaron que estos patrones podrían funcionar como un indicador temprano de enfermedades subyacentes y no necesariamente como la causa del problema.
Los especialistas coinciden en que la siesta no reemplaza un sueño nocturno suficiente y de buena calidad. Cuando una persona necesita dormir durante el día de forma prolongada o experimenta un aumento repentino en esa necesidad, puede ser conveniente consultar con un profesional de la salud para descartar trastornos del sueño u otras enfermedades.