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Los números son fríos y exigen explicaciones en muchos casos. En el inicio de la era de Marcelo Bielsa al frente de la selección uruguaya, el nombre de Darwin Núñez era sinónimo de festejo. Con 10 gritos, el artillero se había transformado en el abanderado del recambio generacional y en la carta de gol letal de un equipo que ilusionaba a todo un país. Tanto, que fue el goleador de la era Bielsa.

Hoy, esa realidad parece un recuerdo lejano. Justamente este sábado 27 de junio se cumplen dos años y un total de 16 partidos desde la última vez que Darwin Núñez infló una red vistiendo la camiseta celeste. Una racha alarmante para un delantero de su jerarquía.

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Su último tanto con Uruguay fue el 27 de junio de 2024, a los 21 minutos en un 5-0 contra Bolivia en la Copa América. De allí en adelante, en los siguientes 16 encuentros con la casaca celeste, no pudo celebrar ni una sola vez.

Números demoledores para Darwin Núñez

Para entender este presente, es obligatorio mirar el contexto del último año. Su desembarco en Al-Hilal de Arabia Saudita, lejos de potenciarlo, se transformó en una apuesta económica que él eligió y en eso, nada se le puede reprochar.

La llegada de Karim Benzema al equipo árabe pateó el tablero de los cupos de extranjeros, dejando a Darwin Núñez marginado de la competencia oficial a nivel local.

Desde el 16 de febrero de este año, el delantero uruguayo entró en un cono de sombra y falta de ritmo alarmante, acumulando meses sin el roce de la alta competencia.

A pesar de este panorama sombrío, Marcelo Bielsa decidió ser fiel a sus convicciones y a su historia con el jugador. El entrendor lo respaldó, lo subió al avión rumbo al Mundial 2026 y confió en que la jerarquía individual pesaría más que el rodaje.

La apuesta fue total: Darwin Núñez fue titular en el debut mundialista ante Arabia Saudita -que conocía de sobra su inactividad- y volvió a recibir la confianza máxima en el partido crucial ante España, el encuentro que terminó dictando la eliminación de Uruguay.

Sin embargo, los milagros en el fútbol de élite rara vez ocurren sin ritmo de juego. En la cancha, a Darwin se lo notó falto de distancia, errático en la toma de decisiones y desconectado del circuito ofensivo que él mismo solía comandar. No rindió, no pesó en el área y, como dictaba su tendencia reciente, se fue del torneo sin poder festejar un solo gol.

Bielsa bancó a su goleador histórico de ciclo, pero la cancha terminó demostrando que, en un Mundial, la falta de competencia no se perdona. Uruguay lo pagó caro, y Darwin Núñez sigue atrapado en una sequía que ya se mide en años.

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