Rápidamente, una funcionaria toma la palabra, pide a los presentes que no se vayan y agradece al director con una placa que se proyecta en el cielo imaginario del Planetario.
Una hora antes de eso, Méndez recibe a El Observador en su oficina dentro del Parque de la Amistad de Villa Dolores y celebra que es "el momento justo" en su vida y en la historia del Planetario "para dar un paso al costado". "Viene gente nueva, gente joven con un montón de ideas interesantísimas”, destaca.
Oscar Méndez junto a su sucesora, la profesora de Matemática Cecilia Betancourt
Joaquín Ormando
A continuación, un resumen de la entrevista.
¿Desde qué momento de tu vida se puede rastrear tu vínculo con los planetas y con el cielo?
Según me dicen mis viejos, cuando el hombre llegó a la luna yo tenía tres años recién cumplidos y fui el único que se quedó despierto y los desperté a ellos para ver la tele. Sinceramente, no sé si es un recuerdo real. El recuerdo real que sí tengo es de jugar en las noches de verano en la azotea de Belvedere, de Julián Álvarez y Santa Lucía, a ver formas en las estrellas. Y de día, más en otoño o en primavera, en las nubes. Entonces eso del cielo estrellado, que todavía era más o menos oscuro en la ciudad, me llamó.
Además, mis viejos me cuentan que yo era muy preguntón y me tuvieron que comprar algunos libros. Supongo que les debe haber descalabrado un poco la economía familiar porque era una época compleja. Recuerdo uno que mi viejo me regaló: El hombre que calculaba, de Malba Tahan, el pseudónimo de un profesor de matemática brasileño que cuenta problemas matemáticos como la historia de un calculista persa que llega a Bagdad. Está buenísima la historia, yo la recomiendo. Supongo que eso fue el caldo de cultivo sumado a una familia que, sí, eran obreros, que no tuvieron posibilidades de hacer educación terciaria porque hubo que salir a trabajar, pero los dos muy inteligentes y muy conscientes de hacer todo lo posible para darle la mejor educación a sus hijos.
Ya que hablamos de la infancia: ¿Cómo es para los niños la función en el Planetario? ¿Cómo vivís la sorpresa que les genera?
¡Y a los no tan gurises también se sorprenden! Creo que es lo que más voy a extrañar. Que hoy, domingo 16 de agosto, un fin de semana que me toca trabajar, sea el último día de trabajo, no es casual. Lo elegí así porque de las cosas que más me gusta es trabajar con la gente, ver la cara de sorpresa, los niños… es increíble. Si bien no trabajo específicamente con niños durante los días de semana, porque tenemos un equipo específico de maestras que tienen la formación didáctico-pedagógica para trabajar con ellos, sí trabajo con niños los fines de semana y con jóvenes y adolescentes en la semana. Yo entré al Planetario como docente y era una parte de mi trabajo, luego, cuando pasé a la dirección, decidí no dejar de hacerlo pese a que no está dentro de mis tareas.
La cara de sorpresa de las personas en general, no solamente de los más chiquitos, es maravilloso. Uno recibe cosas que no tienen precio. Ayer, un papa llegó con una nenita que me dio un beso. Es una inyección de adrenalina y de dopamina, por otro lado, es un golpe bajo, porque es bravo no lagrimear. Eso lo voy a extrañar. Obviamente que uno extraña a la gente también, porque después de 31 años de estar trabajando acá uno genera vínculos con las compañeras y los compañeros, con la gente que trabaja en el entorno, en el zoológico, en el parque, con toda la barra de integrantes de la Asociación de Aficionados a la Astronomía, que tiene su oficina acá dentro, con docentes que vienen con su grupo, proveedores… Es enorme.
Estás hace tres décadas acá y hace 22 años como director. ¿Cuáles son las metas cumplidas que te llevás en la gestión?
Hubo dos grandes cambios. El primero y más importante, es la mejora sustancial del equipo humano. El Planetario tenía muchos problemas a nivel de recursos humanos cuando yo entré. Mejoramos muchísimo generando un sector nuevo como diseño y arte. Ahora tenemos cubierto el tema de diseño gráfico, de imagen fija, diseño de video, diseño de sonido, realización y montaje. Tenemos una semilla, una pequeña productora audiovisual aquí.
Por otra parte, obviamente, el cambio tecnológico que comenzó con la inauguración de este sistema digital el 21 de diciembre de 2019 fue un salto en calidad. Realmente fue un salto cualitativo. Fue un dinero muy bien utilizado, una inversión de US$ 2 millones. En su momento, el Planetario de Montevideo fue el primer planetario de proyección digital Laser de toda América. El planetario más moderno de toda América, de Alaska a Ushuaia, con la misma tecnología que tiene actualmente el planetario de La Villette de París. Eso fue un cambio muy grande.
Con ese sistema digital logramos que en Uruguay se produjeran cinco producciones de audiovisuales fulldome, videos de cúpula completa. La presencia de este planetario digital hizo que se generara un nuevo sector productivo en Uruguay, que haya gente que ahora tiene parte de sus horas de trabajo dedicado a la producción de este tipo de espectáculos. De modo incipiente, se crea un nuevo sector para los realizadores audiovisuales en Uruguay.
¿Cuál será el próximo paso para el planetario?
Lo que se viene a nivel mundial, pero que todavía está muy nuevo, son los domos LED. Hay un ejemplo que ha sido bastante difundido, que es Sphere en Las Vegas, un estadio que tiene para afuera y para adentro una gran pantalla LED. Esa es la versión cuasi pornográfica de esta tecnología que está pensada en primer lugar para planetarios. Digo cuasi pornográfica porque costó US$ 2.500 millones, con dinero cuyo origen vaya uno a saber cuál es. Para mí es una grosería tener un dispositivo de esas características gastando en energía lo que gasta una ciudad de 50.000 habitantes y costando el dinero que cuesta. 500 veces menos podría salir un domo un poco más chico. No son proyectores como los que tenemos ahora, sino que la superficie semiesférica en sí es un gran LED al que uno le transmite la señal que quiere. Eso tiene muchas ventajas: la primera es que tiene contraste infinito, o sea que el negro es LED apagado, por lo tanto es negro, negro. Por otra parte, no se contamina a sí mismo con la luz porque es una suerte de baldosa de goma, entonces no refleja luz. Es una cosa muy loca, es increíble. Esa tecnología todavía no está lo suficientemente desarrollada como para que los precios bajen. Puede llegar a ser el próximo salto de aquí a una década, dos décadas.
Y espero que se siga trabajando y haya un salto cualitativo grande en los próximos años en a la producción propia del planetario. El año pasado hicimos una producción, 70 años bajo las estrellas, por el aniversario del Planetario. Yo no dudo de la capacidad creativa del equipo y de gente externa.
Después de tanto tiempo, ¿qué te sigue sorprendiendo del espacio?
La ciencia es eso, es sorpresa diaria. En el año 95 se descubrió el primer planeta extrasolar orbitando alrededor de una estrella similar al Sol. A nosotros nos interesa buscar planetas en otros soles, en otras estrellas, porque tenemos la esperanza de encontrar vida en otros lugares. Yo tenía 29 años. Por unos años más, eran pocos los planetas extrasolares. Primero unos pocos, luego algunas decenas. Luego hubo un salto tecnológico, una misión espacial, un telescopio. Ahora se descubren esos planetas todos los días, ¿cuántos hay? 6.479, creo. Se están descubriendo todos los días, ya no es noticia.
Yo espero desayunar algún día con la noticia de que se encontraron biotrazadores varios en la atmósfera de algún planeta extrasolar. Ya están empezando a trabajar en esto. O sea, encontrar algunas moléculas que, cuyo origen más probable, sea en un fenómeno biológico. Y si encontrás varias de esas moléculas, tenés una certeza bastante grande de encontrar, por ejemplo, vida vegetal. Estamos a nada de que eso ocurra, porque la tecnología ya existe. Yo solo espero vivir lo suficiente como para escuchar esa noticia.
Eso va a ser un cambio muy grande, hasta filosófico, porque vamos a saber que hay vida en otros lugares. No sabemos en qué características, seguramente al principio descubriremos evidencia de vida vegetal, no mucho más, y quizás por muchísimo tiempo, siglos incluso, solamente tendremos eso, pero ya el solo saber que hay células vegetales tipo algas en otro lugar, ya eso es un salto muy grande desde muchos puntos de vista, no solamente desde lo científico, sino desde la concepción que tenemos de la vida, del universo. Es una de las grandes preguntas de la humanidad, ¿hay vida en otros lugares? si se encuentran evidencias indirectas, como casi siempre ocurre en la ciencia, va a ser un salto cultural enorme y muchas posturas van a tener que cambiar.
¿Esa “vida en otros lugares” no va a ser como vemos en las películas entonces? Los platos voladores…
Eso es otra cosa. Hay un libro del uruguayo Milton W. Hourcade que vive en Estados Unidos que se llama OVNIs: la Agenda Secreta, y muestra cómo el Departamento de Estado de Estados Unidos propició la tesis extraterrestre de las cosas no explicadas en la atmósfera porque le era funcional a la hora de tapar las investigaciones de la tecnología encubierta de naves aéreas. Lo que se ve en general en la atmósfera, quizá no lo puede explicar la ciencia o la tecnología disponible, muy probablemente porque no estuvo disponible en ese lugar y en ese momento como para poder sacar las mediciones necesarias. Pero hay muchísimas otras explicaciones más divertidas de esas cosas que se ven en el espacio. Creo que hay un trasfondo geopolítico sobre esto. Es muchísimo más emocionante pensar que nosotros con apenas unos siglos de desarrollo científico moderno, cuando hace un poquito más de 400 años quemábamos gente por decir que existían otros mundos, nosotros estamos aquí descubriendo esos nuevos mundos y contándolos por miles.
Eso es mucho más emocionante que pensar en unos marcianitos verdes con antenas, que se pegan una vuelta, le hacen pito catalán a un granjero norteamericano que tiene una cámara muy mala y luego se van. Yo soy muy escéptico, alguien dijo alguna vez: afirmaciones extraordinarias requieren pruebas extraordinarias. Si hay civilizaciones lo suficientemente desarrolladas para fabricar naves interestelares, necesitaría una prueba contundente para eso. Hasta tanto no existe esa prueba, permítanme dudar.