25 de julio de 2026 5:00 hs

De niño, Gabriel Peluffo vivía muy cerca del Planetario, en la calle 14 de Julio. La cercanía ayudó a que fuera mil veces. Y siempre lo alucinó. Siempre le había quedado la idea implantada de que algún día presentaría un disco ahí. Y ahora, con Buitres, lo van a hacer.

Las escuchas seguirán hasta fines de setiembre, y se puede asegurar el lugar a través de la plataforma Tickantel. El siguiente paso para Buitres será tocar en Sitio, el próximo 5 de setiembre (entradas en Redtickets), en medio de ese proceso de presentación de esta novedad de la que por ahora no se sabe nada más que el título.

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Nido de espinas no tiene ni tendrá adelantos y, de hecho, en principio saldrá solamente en edición física y en plataformas donde el disco se podrá comprar y descargar. Nada de Spotify, al menos en un primer momento.

Gabriel Peluffo, vocalista de Buitres, conversó con El Observador sobre las decisiones creativas y de publicación de este disco, las motivaciones al momento de escribir nuevas canciones, y sobre por qué en los últimos años reafirmó su vínculo con la música.

¿Por qué presentar el disco nuevo de esta manera y que salga solo en formato físico o para venta online?

Nuestros últimos discos salieron de forma muy esporádica. En 2014 sacamos Canciones de una noche de verano, y todavía se vendían discos. Pero ya notábamos que había una falta de coherencia entre la cantidad de gente que nos iba a ver y la cantidad de discos que se vendían. Cuando en 2019 sacamos Mecánica popular, ya todo había cambiado. El mercado digital en Uruguay ya estaba instalado. Y esta lógica de plataforma digital no nos convence desde ningún punto de vista. Lo aceptamos como un signo de los tiempos y la forma de consumir música de las nuevas generaciones. Estamos en la era de internet, plataformas, criptomonedas, está todo bien. Pero para lo que nosotros estamos acostumbrados, como nos criamos y como nos gusta hacer la música, queremos hacer un disco, una obra. Poner ocho canciones en algo físico, y si es en una plataforma, ponerlas como obra en la plataforma, y no terminar con una obra canibalizada en listas de temas, o que pones tu disco y al tercer tema un algoritmo te lleve a otro artista, la mayoría de las veces extranjero. Aparte las plataformas requieren que tengas un número de escuchas que no es un volumen que se adapte a países como el nuestro, a mercados como el nuestro. Por debajo de los 500.000 escuchas pasas al por defecto, o sea, dejas de existir.

Entonces nosotros, que tenemos un vínculo con nuestro público muy estrecho y de muchos años, y de generaciones diferentes, muchas de las cuales consumen la música de esta manera, igual optamos por marcar un poco la regla del juego, sacar una obra que exprese lo que la banda compone en un lapso, en su vivencia, con el personaje que relata, ponerlo entero en un formato físico, y la parte digital ponerla a la venta para descarga.

¿Y cómo entran ahí las escuchas en el Planetario?

Siempre quise presentar un disco en el Planetario. Y esto es una invitación a escuchar el disco por primera vez juntos, como si fuera en un show o en una escucha. Va a haber integrantes de la banda también, en lo posible en todas las funciones. Nos turnaremos, yo trataré de estar en todas, porque soy un poco el que tuve que convencer a todo el mundo de que se hiciera esto.

¿Los tuviste que convencer de hacer un disco o de hacerlo lo del Planetario?

El disco costó porque lo empezamos a componer en la pandemia, que fue un momento desagradable para todo el mundo. Hay artistas que pudieron componer, a nosotros nos costó mucho.

La experiencia de las escuchas colectivas está resurgiendo en los últimos tiempos. Hacerse tiempo para escuchar un disco entero, en grupo, es algo que de alguna forma se había perdido.

A nosotros nos gusta el disco y que haya experiencias que no son generalizadas, pero donde la gente se junta a escuchar, como hacíamos antes cuando comprábamos el disco, que lo llevabas y lo escuchabas con tus amigos. Es lo que pasó con Buitres: la banda se hizo popular por la piratería de los casetes y juntarse en casa de amigos a escuchar el disco de los Buitres. Así nos hicimos populares, porque a nosotros no nos pasaban, igual que a Los Estómagos, e igual que la demás bandas, porque no era que nos perseguían a nosotros. El rock no se pasaba en Uruguay hasta que, por suerte, vinieron las nuevas generaciones, del Peyote en adelante, Plátano Macho, La Vela Puerca, No Te Va Gustar. Ahí se empezó a difundir la música, antes era marginal. Entonces, esa cuestión de juntarse clandestinamente a escuchar algo, es lo que revive un poco la esencia de esta banda.

¿La decisión de no sacar adelantos del disco tiene que ver con eso, con que las canciones no queden perdidas en las plataformas?

Sí, y aparte, está la fantasía como artista de que eso está guiado por el productor del sello viejo que escuchaba los temas, se encerraba en un cuarto y después te contestaban a las 48 horas y te decían, “este es el corte”. Después cuando fuiste independiente, también con tus compañeros de banda decías, “este es el corte del disco” y después le errabas (risas). A la gente le gustaba otra. Ahora la verdad es que ya no pensamos en eso. Ahora justamente lo que me parece es que si la obra es buena, lo va a decir la gente. Se empieza a jugar el 15 de agosto, cuando la cosa salga. Si es buena o es mala, o va a pasar al olvido, o va a ser una obra importante en la historia de la banda, se va a empezar a definir ahí. Por eso estamos ansiosos.

¿En algún momento, después de tantas décadas en esto, aparece el miedo a quedarse sin temas a los que escribirle, o siempre le encontrás la vuelta?

No tengo que escribir de nada, no me siento obligado a nada, no me siento bajo ninguna presión ni cuestionamiento de qué tengo que hacer. Hay un marco ético en el cual me manejo, pero no tengo prejuicios con respecto a nada, ni a la música, ni a los estilos, ni a lo que decir, ni a lo que hablar. La única pena que me da es en los primeros quince años de Buitres escribíamos los tres: Gustavo (Parodi, guitarrista), Pepe (Rambao, guitarrista) y yo. Y de un momento para adelante terminé escribiendo solo yo. Al principio me pareció una victoria mía, pero fue una victoria pírrica, porque capaz que luché mucho por eso y eso desestimuló a mis compañeros. Ahora ellos se dedican más que nada a hacer las propuestas de la música, de la línea melódica. Y ahora Orlando (Fernández, bajista) hizo un tema en el disco pasado, Pituca, y ahora hicimos uno juntos pero yo le cambié la melodía y terminé haciendo la letra. Entonces la responsabilidad de escribir recae sobre mí y escribo lo que se me canta. Pero porque tengo ganas de escribir. Si no tengo ganas de escribir, no escribo nada.

Lo que vino bien fue que Gustavo dijo, ya antes de empezar a componer, que iban a ser ocho temas. Y me pareció bien, porque en general cuando pasás de las ocho y estás escribiendo en un lapso determinado, ahí empezás a cometer errores. Que no me preocupan, porque cuando tenés un disco y ves que los textos, responsabilidad mía, están flojos, es como si estuviera expuesto el taller donde se hicieron las cosas, inclusive las obras inacabadas, y me gusta eso. No me parece mal que haya cosas que estén mal.

¿Y cómo es el dialogo entre las canciones nuevas que entran al repertorio y las viejas? ¿Las nuevas tienen que pelear por su lugar?

Nosotros tuvimos la fortuna a lo largo del tiempo de haber entrado en diferentes generaciones. Eso nos ha dado un repertorio muy amplio, en el cual hay canciones muy populares de distintas épocas, que fueron calando de manera diferente en cada una de las generaciones, pero que ahora tienen una coherencia a la hora de tocarlas. En el disco anterior tuvimos La primera vez, que fue un tema que trascendió el mundo Buitres, que es muy amplio, pero que le gustó a gente que nunca había escuchado a Buitres. Esas cosas pueden pasar, pero nunca está garantido. Y vos no vas a buscar hacer un Carretera Perdida, ni un Mincho Bar, ni un Ojos Rojos. No hay dos canciones iguales. No podés. Si va a haber una canción de ese tipo, la canción no tiene que pelear con las anteriores. Igual, todos queremos hacer la mejor canción del mundo.

¿Y qué pasa cuando llevás a las nuevas al vivo? ¿La gente te las respeta, las toma como lo que tiene que escuchar a cambio de un clásico, o qué pasa?

Hay que cuidarlas, hay que protegerlas, y bueno, hay que tocarlas. Al principio cuesta, pero hay que tocarlas. Obviamente que la gente quiere escuchar la canción más conocida. Pero para eso hay un lugar en el espectáculo, siempre. Nosotros esos lugares no los dejamos. Con Los Estómagos sí, hacíamos un recital, y todo lo que la gente conocía no lo tocábamos. Y eso es completamente un boicot, voltearse a uno mismo. Eso no lo podes hacer, menos en una banda clásica. Pero vos a las canciones nuevas las tenés que dar lugar, las tenés que tocar. Nosotros de Mecánica Popular tocamos Diciembre, La primera vez y Habla en la Caja, son tres temas que prácticamente están en todos los shows. Y ya la gente los tiene incorporados. Y bueno, la esperanza es que, de estas ocho entren todas. No va a pasar. Pero bueno, si pasa, maravilloso (risas).

De este nuevo disco no sabemos más que el título. ¿Ese Nido de espinas adelanta que en estas canciones hay un hilo conductor que es el dolor como refugio?

El dolor como refugio o el refugio del dolor. Ese nido, con ese chorro de sangre que nace ahí, que es el río Uruguay teñido de rojo. Hay algo de romancero gitano. No puedo decir más. Pero sí, todos los temas orbitan en cuanto a una coherencia de un sentimiento profundo.

Y con la mirada de un personaje.

Siempre hay un personaje. Si bien hay en la obra de Buitres algunos temas que se asemejan bastante a la realidad, la realidad está tomada como la vivencia a partir de la cual vos escribís. La idea es que cuanto más te puedas abstraer de lo literal, mejor. Yo te puedo contar la anécdota de cada una de las canciones, pero la idea es que al ser un disco que empezamos a pensar en 2022, se desarrolló en 2023 y prácticamente terminamos de escribir en 2024, por suerte de ese dolor ya hay una distancia. Es una composición artística y no veo el origen del dolor.

En el disco trabajaron con dos productores, Alejandro Vázquez y Sebastián Teysera ¿Cómo es para ustedes que entren otros a la cocina de Buitres?

Problemático. En Canciones de una noche de verano vino un productor estadounidense, Jimmy Rip, y se adueñó prácticamente de la obra. Nosotros quedamos un poco por fuera, y eso generó conflictos internos después. Nos pasamos cuentas entre nosotros por haber delegado tanto. Después coproducimos con Álvaro Villagra, un productor excepcional, con el que trabajamos muy bien. Y ahora decidimos cambiar el rumbo y fuimos en busca de Ale Vázquez por referencias y Ale sugirió a Sebastián, que fue una garantía.

Sebastián sirvió de interlocutor para anclar a Buitres. Para ocuparse de las canciones y que fuéramos los Buitres. Es increíble pero es así (risas). Fue muy cómodo el trabajo. Sebastián hizo una curaduría, porque es un tipo que le gusta mucho la música nacional, conoce mucho, es muy sensible. Es un gran compositor, es un tipo que además de toda la intuición y el arte que tiene para crear, también sabe de qué se tratan los artistas uruguayos, los domina. A la banda la conoce muy bien. Nos cuidó mucho, las cosas que nos sugirió las trabajamos muy bien con él. Enseguida nos sentimos en un ambiente cómodo, que por un lado es peligroso porque bajás mucho las defensas, pero el resultado fue bueno. Es difícil entregarse. Pero nosotros sabemos que tenemos que hacerlo, porque si no empezamos a cometer errores, no tanto artísticos o compositivos, sino técnicos.

¿Hay una cosa de ser celoso de lo que hiciste?

Sí. Cuando estás muy metido dentro de una canción, a veces te perdés el laberinto. Mejor que mire alguien de afuera.

Pregunta extra musical: en 2024 recibiste una propuesta para sumarte a Nacional como dirigente. ¿Te ves en ese rol en algún momento?

No, en absoluto. Tuve la tentación de involucrarme hace algunos años, pero la verdad es que no. Estoy completamente seguro de las cosas que voy a hacer de ahora en adelante, y a partir de 2024 me dediqué muchísimo a la música. Prácticamente dejé a la medicina en un lugar muy chiquito, aunque cualitativamente importante. Pero no quiero hacer nada por fuera de eso.

¿Qué te impulsó a volver a consagrarte a la música?

El tener este tipo de proyectos. Si yo me quería dedicar realmente a estar con Buitres, componer con mis compañeros, tocar, hacer el disco, hacer esta película para el domo, querer grabar un disco de tango, querer, ni bien saquemos Nido de espinas, ponerme a convencer a mis compañeros de que en un año o dos tendremos que sacar otro disco, grabar las canciones que quedaron para atrás y que me gustaría grabar, es la única manera. Yo trabajaba mucho en la medicina, muchas horas y era mucha dedicación. Ahora no digo que no trabajo, porque me gusta trabajar y necesito también trabajar. Pero de una manera razonable.

¿Se le había hecho difícil al médico convivir con el músico?

Sí, siempre pasó.

Aunque sacando cuentas, has sido más años músico que médico. Siempre ganó el músico, digamos.

Por ahora es el que gana, sí.

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