Respetando algunas cosas que surgen del Diálogo Social, propusimos un conjunto de medidas orientadas a una mayor eficiencia del sistema, haciendo que ciertas actividades que hoy están descentralizadas se centralicen.
¿Por ejemplo?
Estamos centralizando e integrando los sistemas de información. Hoy los pilares de capitalización y de reparto están separados. Si tenés 58 años o más, vas al BPS y pedís asesoramiento en relación con tus decisiones jubilatorias, tenés respuesta. Si tenés 45 años y vas por esa consulta, no hay modelos que lo respondan.
Entonces, la idea es generar un sistema de información integrado, con interoperabilidad entre las AFAP y el BPS, gobernado por criterios que la Agesic pondría sobre la mesa, de manera de poder dar un mejor servicio a los afiliados. Si los afiliados tienen mejor información y se acostumbran a hacer preguntas y a conocer mejor sus condiciones, van a tomar mejores decisiones en relación con su mundo laboral y van a gestionar mejor con sus prestadores.
Segundo, la centralización del sistema de contratación del seguro de invalidez y de muerte. ¿Por qué? Porque dos personas con el mismo perfil pueden tener un seguro distinto en una AFAP o en otra porque cada una gestiona de manera diferente. La idea es, para economizar, licitar un sistema único de seguros. El costo de los seguros es casi el doble que el costo de las comisiones. Eso es algo que se sabe poco.
Lo tercero es centralizar el sistema de asignación de las personas cuando acceden a una AFAP. Para todas las personas que ingresan al sistema después de 2023, la primera elección no es aleatoria: se licita. Las AFAP tienen que competir y aquella entidad de ahorro previsional que presente la mejor oferta va a recibir a los afiliados. Después, los afiliados, por supuesto, se pueden cambiar. La relación entre el afiliado y la AFAP se mantiene y la decisión del trabajador de ir a una AFAP o a otra es totalmente libre.
Entonces, la centralización que estaba en el espíritu de ese ámbito público, que lo que iba a hacer era intermediar en la relación entre las AFAP y los individuos, no se crea; sí se converge a la centralización de procesos que son muy relevantes.
Justamente, uno de los puntos del documento del Diálogo Social era centralizar la gestión de las cuentas de ahorro individual en un organismo público y que las AFAP pasaran a ser gestores de inversión. ¿Por qué finalmente no se contempla ese punto?
Porque el documento, en la página 40, dice: "Es importante señalar que el resultado del proceso reflejado en este documento no constituye un ámbito de definición de políticas públicas en sentido estricto, ni implica compromisos automáticos de implementación por parte del gobierno. Su objetivo es generar insumos, orientaciones y acuerdos que contribuyan a estructurar una agenda de reformas, identificando prioridades, delineando cursos de acción posibles y explicitando, cuando corresponda, los matices o diferencias entre los sectores participantes. Para ello, los resultados del proceso deben ser entendidos como una base para la toma de decisiones futuras, que deberán considerar las condiciones económicas, institucionales y políticas vigentes en cada momento".
¿No es vinculante?
No es vinculante. No había un acuerdo de implementar todo. Les digo más: en infancia, ¿por qué no fuimos por todas las cohortes? Porque no tenemos los recursos. Fuimos por las tres primeras. Vamos en la dirección y la idea es seguir haciendo.
En este tema —ahorro individual— no hay nada de lo que estamos haciendo que esté en contra de lo que está dicho en el documento. Nada. Pero la filosofía de centralizar está. Lo único que es nuevo es la iniciativa de ampliar la posibilidad de las AFAP de colocar dinero en el exterior.
Entonces, ¿cuál es la razón que los llevó a no centralizar la gestión de las cuentas?
Que las condiciones económicas, financieras e institucionales no están maduras como para avanzar en la sugerencia del Diálogo Social. Es una decisión del gobierno en base a lo que el ministro de Economía sugirió.
El gobierno, afortunadamente, tiene una democracia representativa donde hay partidos políticos y quienes ganan las elecciones son los legítimos representantes de la sociedad y son quienes deciden. El Diálogo Social es un insumo que la sociedad civil organizada pone sobre la mesa, pero el partido político del gobierno, el presidente de la República y su gabinete ministerial son quienes deciden.
El presidente de la República, en función de un planteo que el equipo económico le realizó junto con el gabinete ministerial, decidió que este era el camino posible, razonable y factible para esta etapa del Uruguay.
Al final, el que sabe, como en un avión que va a aterrizar, si hay visibilidad o no, si puede aterrizar o no, es el presidente de la República y el ministro de Economía. No es el pasajero de la fila 33 que dice: "Voy a aterrizar, que no pasa nada".
La propuesta también incluye que las AFAP puedan ampliar sus inversiones en el exterior. Hoy pueden hacerlo en renta fija de gobiernos con alta calificación y organismos multilaterales, con límites bajos (15%). ¿Por dónde va ese punto específicamente?
El Fondo de Ahorro Previsional es el 30% del PIB. Son US$ 27.000 millones. Cuando se hizo la legislación que establece el 15%, el fondo era de US$ 3.000 millones y estaba empezando.
Entonces, cuando tenés un fondo de este tamaño y el 85% se tiene que colocar en inversiones dentro del territorio uruguayo, ¿con qué te encontrás? Que en Uruguay existen, afortunadamente, proyectos de inversión productivos privados a los cuales las AFAP han financiado, pero es un número reducido.
El grueso de la cartera de las AFAP son títulos de deuda pública. Pero ¿qué pasa? Uruguay es el país con menor riesgo país de América Latina. Entonces, claro, es una inversión tan segura que es poco rentable.
Hoy tenés un riesgo muy concentrado, porque Uruguay, por suerte, tiene 23 años sin ningún accidente fiscal-financiero. Pero, al final del día, el 85% de la cartera del Fondo de Ahorro Previsional está colocado acá. Si yo tuviera un evento como el de 2002, no es una buena política mantener esa concentración; es adecuado diversificar.
Con criterios profesionales, con un Banco Central que, a través de su Superintendencia de AFAP y de Seguros, es muy riguroso, lo que decimos es: hagamos una apertura mayor del capital y tomemos algún criterio para que pueda ser no solamente renta fija, sino también renta variable, con cuidado.
Eso supone incurrir en un poco más de riesgo, podría decir alguien, y en parte sí. Pero, para mí, el riesgo de tener todo colocado en Uruguay también es alto. Hay que mirarlo desde ese punto.
El que trajo el tema a la mesa fue el Ministerio de Economía. Lo queremos evaluar ahora. ¿Por qué antes no? Porque no estaban dadas las condiciones ni estaban maduras. Es más, el Frente Amplio en el período anterior se opuso a eso, seguramente porque evaluó que las condiciones no estaban dadas.
Yo creo, como ministro de Economía, que las condiciones están dadas. Ahora, ¿el Parlamento lo puede votar o no? Capaz que el Frente Amplio esto...
¿Lo tenés sondeado dentro del Frente Amplio?
Hemos empezado a hacer lo correcto. Una vez que definimos lo que, como equipo económico, junto con la OPP, queríamos hacer, lo discutimos con el presidente, en primer lugar.
Una vez que nos pusimos de acuerdo, lo discutimos a nivel de ministros. Luego, cuando avanzó el proceso, empezamos a discutirlo en el Frente Amplio.
Hemos tenido varias reuniones con dirigentes, también fuimos a la Mesa Política, estuvimos en la bancada y estuvimos con el PIT-CNT.
Estamos haciendo la presentación de lo que vamos a plantear como proyecto de ley en algún momento de las próximas semanas, en setiembre, diría.
Otro aspecto propone cambiar el mecanismo de fijación de las comisiones de las AFAP, que pasaría a tener un componente fijo y otro variable. ¿Por qué esa modificación?
Buscamos que la comisión no sea cobrada solamente sobre los aportes, sino también sobre el capital bajo gestión.
¿Qué buscamos con esto? Primero, atar la suerte del afiliado a la suerte de la AFAP. Si la AFAP hace una buena gestión del fondo, lo rentabiliza y, por lo tanto, le transfiere más renta al afiliado, la comisión puede ser un poco más alta. Cuando hace una mala gestión o una gestión que no es como la de otra AFAP, la comisión será más baja.
Eso es lo primero: alinear los incentivos del afiliado con los de la AFAP, para que la AFAP no se concentre tanto en buscar gente, sino en hacer que su fondo de ahorro sea rentable. Que compita por la rentabilidad del fondo, mostrando que es más eficiente que otra, que tiene un mejor diseño de portafolio.
Y lo otro, que sea fijo y variable, es que, en la medida en que la comisión tome en cuenta los resultados, sea variable porque depende de si la rentabilidad fue mayor o menor.
Uruguay necesita salir al mercado internacional de deuda al menos una o dos veces este año. ¿Este punto relacionado a las AFAP era algo que querían encaminar o despejar antes de una emisión global?
Habitualmente salimos en el primer semestre. La razón por la que no salimos es porque entendimos que el ruido que se produjo en mayo fue tan superlativo, tan exagerado y tan mal manejado por mucha gente que decidimos esperar.
Si el ruido se produjo fue porque nosotros, como gobierno, comunicamos algo que hizo que se prendieran los motores. Pero también es cierto que, como le hicimos ver a varios agentes económicos, asesores y empresarios, se generó una situación en la que parecía poco menos que Uruguay estaba al borde del default.
En ese contexto, dijimos: vamos a ordenar el proceso, vamos a definir una agenda de trabajo. Estábamos esperando transmitirles este tema a los agentes de mercado.
La deuda pública uruguaya, el 30% está en manos de las AFAP y el 70% está en manos de inversores de afuera. Si esos fondos de afuera, por alguna razón, perciben que en Uruguay hay ruido o incertidumbre sobre su principal puerta de salida… Si a un fondo de inversión que maneja el Fondo de Pensiones de los Bomberos de Nueva York le ocurre un accidente con alguno de los títulos que tiene en algún país del mundo y necesita liquidez para cubrirlo, lo que hace es vender parte de sus activos.
¿Qué busca? Que el título que va a comprar sea líquido, en el sentido de que del otro lado siempre haya alguien que se lo compre. ¿Quién es el candidato natural de un país pequeño a comprar? Son las AFAP.
Entonces, si las AFAP están en riesgo, como se quiso transmitir, quienes están afuera y tienen títulos uruguayos dicen: "Esto es un problema". ¿Qué hicimos? Resolvimos el problema, pusimos un camino y ahora vamos a ir por la emisión que naturalmente el país tendrá en algunas semanas.
La Rendición de Cuentas prevé menos crecimiento de la economía, más presupuesto y el mismo resultado fiscal (meta de 3% del PIB al final del período). ¿Cómo se consigue eso?
El crecimiento el año pasado fue sustancialmente menor al que preveíamos porque tuvimos un segundo semestre muy restrictivo. El PIB creció 1,8%, cuando en el Presupuesto habíamos previsto 2,6%. Este año también estamos proyectando un crecimiento menor al esperado: 1,6%, frente al 2,2% previsto originalmente. Por lo tanto, el escenario implica una menor recaudación.
Pero, al mismo tiempo, pasan dos cosas. Tenemos una reestimación, con mucha mejor información, del rendimiento del Impuesto Mínimo Global. Hace un año, cuando estábamos elaborando el Presupuesto, no teníamos la información efectiva de cada una de las compañías alcanzadas. Ahora ya sabemos cuál es el universo de empresas, cuál es su contribución al impuesto a la renta y, por lo tanto, ya podemos estimar con mayor precisión cuánto va a recaudar en 2026.
Eso nos muestra que la recaudación prevista en el Presupuesto de 2025 subestimaba levemente el rendimiento del impuesto. También tenemos estimaciones mucho más precisas de lo que recauda el impuesto a la ganancia de capital en el exterior.
En ambos casos habíamos sido muy conservadores y hoy vemos que la recaudación será algo mayor. De todos modos, seguimos siendo prudentes porque las estimaciones incluso muestran un rendimiento superior al que estamos incorporando. Además, acabamos de reglamentar la facultad que la Ley de Presupuesto nos dio para gravar los autos eléctricos, y eso nos aportará unos US$ 16 millones adicionales.
Del lado de los ingresos, la economía muestra mejores indicadores en el primer cuatrimestre. No son tan positivos como querríamos, pero sí mejores que los del segundo semestre del año pasado. Todo eso hace que proyectemos un mejor desempeño de los ingresos respecto de lo previsto originalmente.
Por otro lado, el año pasado demostramos cómo estamos manejando las cuentas fiscales. Pensábamos que la economía iba a crecer 2,6% y terminó creciendo 1,8%. Si no me equivoco, eso significó unos $ 10.000 millones menos de recaudación de lo previsto y, sin embargo, cumplimos todas las metas. El equipo del Ministerio de Economía, junto con los organismos y los incisos, hizo un manejo muy cuidadoso del gasto. Eso ya lo hicimos el año pasado, lo estamos haciendo este año y lo vamos a seguir haciendo.
Entonces, ¿cómo vamos a cumplir las metas al final del período con un escenario de menor crecimiento? Esencialmente por dos razones: habrá ingresos que rendirán más de lo previsto, habrá otros que son nuevos y seguiremos administrando el gasto con mucha prudencia.
De hecho, parte de la expansión del gasto responde a reasignaciones. La Rendición de Cuentas no es de artículo único ni de gasto cero. Incorporamos $ 1.200 millones de presupuesto nuevo, destinados esencialmente a la unificación del sistema de transferencias, que tiene un costo de unos US$ 31 millones.
Además, como tenemos que cumplir las metas fiscales para seguir accediendo a financiamiento a tasas bajas, hicimos reasignaciones por $ 1.800 millones, unos US$ 46 millones. Lo logramos trabajando sobre vacantes y sobre gastos que, por única vez, distintos incisos aceptaron reducir. Eso nos permite priorizar gastos permanentes, como los 300 nuevos cargos para la Policía, su equipamiento y otros gastos vinculados al equipamiento policial.
En definitiva, priorizamos la infancia con un aumento del presupuesto que se financia, en parte, con el gravamen a los autos eléctricos; en parte, con ganancias de eficiencia; y en otra parte, con reasignaciones de recursos.
Cuando empezamos esta discusión, con una economía creciendo menos, podríamos haber optado por relajar la meta fiscal. De hecho, una crítica que muchos analistas privados hacíamos al gobierno anterior era que revisaba sistemáticamente sus metas. Nosotros creemos que las metas son metas. Las fijamos en 2025 para todo el quinquenio y debemos cumplirlas.
Si llegamos a la conclusión de que no es posible hacerlo, seremos los primeros en decirlo y en explicar las razones. Hoy estamos justos, pero creemos que podemos mantenerlas. Para lograrlo, vamos a apoyarnos en una mayor eficiencia recaudatoria, en impuestos que rendirán más de lo previsto y en un manejo muy prudente del gasto.
El énfasis en esas cuatro áreas que mencionabas, infancia, seguridad, educación y situación de calle, a las cuales se les reasignan los recursos, ¿por qué no se tomó en cuenta antes en el Presupuesto?
Esta fue una definición del presidente de la República. Nos dijo: las áreas prioritarias en las que quiero trabajar son infancia, porque es un compromiso y además porque es una cosa que rompe los ojos; seguridad, porque es lo que la población está reclamando; situación de calle, porque tiene un sentido de justicia con la población que está en esa situación de vulnerabilidad, pero que también está generando problemas de inseguridad; y educación, como una cuestión emblemática para la izquierda.
¿Por qué se priorizan estas áreas en esta etapa y no estuvieron en el período anterior? Porque el año pasado se hizo una asignación presupuestal para todo el período, pero ahora lo que dijimos es que, en el segundo año de gobierno, tenemos que priorizar las cosas que son políticamente relevantes o sensibles para el Poder Ejecutivo y para el presidente.
¿Cómo tomaste que algunos dijeran que estabas favoreciendo a lúmpenes con las transferencias sociales?
Me considero una persona de izquierda y para mí ser de izquierda es siempre identificar dónde está la persona débil y discriminar a su favor. Para mí esa es la clave. En el Diálogo Social hubo tres medidas. La primera fue para la infancia, los niños pobres que son los más débiles. Primero porque son niños, no tienen capacidad de decidir, y segundo porque son pobres. En el segundo esquema que es anticipar la edad de retiro se puso el foco en las personas mayores de 60 años, que por razones de cambio tecnológico o por razones de constitución física, pueden eventualmente no poder llegar a seguir trabajando hasta los 65 años.
Y en el tercer elemento, estoy concentrándome en los afiliados, que en el sistema son los más débiles, por más que algunos de los contribuyentes AFAP no sean personas pobres ni mucho menos. Para mí el foco siempre es concentrarse en las personas débiles y encontrar la manera de que la política discrimine en favor de ellos. ¿Quiénes son los que tienen más dificultades? Las personas que tienen baja educación o están fuera de las redes porque están marginadas.
Esa es mi hoja de ruta. Cuando me encuentro con alguien que me dice que no hay que ayudarlos, que no hay que darles plata porque se la van a gastar en whisky, es algo que a veces me parece contradictorio. Somos la apología de la libertad para todo el mundo. Todo el mundo puede hacer lo que quiere y no hay que condicionarlo en nada. Salvo el pobre. Y a mí eso, la verdad, me solivianta. Eso sí que es un parteaguas entre una persona de izquierda y una persona de derecha.
Al final del día entendés que es un tema de visión de izquierda o de derecha.
En algunos lugares es un tema de visión. También hay gente que considero de derecha, pero que hacen donaciones, participan en iniciativas. Pero hay una concepción, no digo en todos los casos, que está cercana a una idea de caridad. Una persona de izquierda no piensa así, piensa en igualdad de derechos. Discrimina a favor de los más humildes para que tengan las mismas oportunidades.
Es un poco el concepto de que la izquierda es solidaria y la derecha es caritativa.
Esa es una caricatura que tendría que reflexionarla muy bien. Dicho así, posiblemente sí. Es bien interesante esa discusión filosófica. ¿Quién tiene razón? Yo creo que tengo razón, estoy convencido y voy por ese lado.
El proyecto de ley sobre competitividad toca muchos intereses corporativos ¿Hasta dónde hay espalda para evitar que se terminen eliminando (en el Parlamento) algunos cambios previstos y que termine siendo una ley más liviana de lo que está planteada?
Es un desafío hasta personal. En Uruguay todo el mundo quiere cambiar, todo el mundo dice que está todo mal, hasta que llega el momento en que cambia. Entonces, ahí siempre aparece un conjunto de argumentos que te dicen: empezá por allá, pero por acá no. Eso acá lo ves todos los días. Es un proyecto de ley que, primero, parte de la base de que Uruguay es un país caro. Hay razones estructurales para eso. Somos pequeños y tenemos esa economía de escala. Somos un país con una alta preferencia por la cohesión social y eso es lo que hace que haya alta presión fiscal. Dar servicios de salud, educación, seguridad, defensa para tres millones de habitantes es casi tan caro como para seis, porque está lleno de costos fijos.
¿Qué hicimos en los últimos 20 años, sobre todo en los últimos seis o siete? Llevar la tasa de inflación a lugares estables, como no se han visto en muchos años. Entonces, ¿qué nos quedó? Un país que no tiene inflación y que es caro. La gente podría pensar: somos un país caro porque tenemos alta inflación. Eso no es cierto. Noruega, Suecia son países caros y no tienen inflación. Argentina es un país con alta inflación y no es un país caro. Uruguay logró hacer converger la tasa de inflación. Es como que bajó el agua y ahora estamos todos en ropa interior. No podemos seguir haciendo las mismas cosas que hicimos siempre, como cuando éramos una economía inflacionaria, con precios indexados.
Para empezar de manera amistosa, hay un conjunto de aspectos burocráticos del Estado, en prácticas que el Estado desarrolló, algunas de las cuales están fundadas en la mejor buena voluntad de las personas. Cuando tengo al Ministerio de Salud Pública diciendo que para vender una pasta de dientes hay que tener el registro técnico, el funcionario no pensó cuál es el efecto, porque no tiene por qué pensarlo.
Con una inflación del 8% o 9% había tanta cosa que resolver que ese tema estaba ahí. Ahora, con inflación en 4% hay que bajar el nivel de precios a la pasta de dientes y otros productos de la canasta que se formaron porque hay poca competencia. Y la hay porque el Estado tiene regulaciones pensadas para otra cosa. Eso es lo que hace la ley: ventanillas únicas, el autodespacho, registros que se sostienen, habilitar un segundo importador, el silencio positivo.
Cuando vos mirás toda la ley, es un cuerpo normativo que lo que pretende es disminuir la burocracia, facilitar el comercio exterior, reducir el costo de vida y fomentar la innovación con artículos concretos sobre eso.
¿La habilitación de un segundo importador es uno de los puntos más importantes del proyecto?
Cuando son repuestos de autos o de maquinaria ahí tiene sentido el distribuidor exclusivo, porque se quiere proteger la marca y vender el repuesto para garantizar que el vehículo siga funcionando bien. Pero en un producto final que está en la canasta de consumo es muy raro que ocurra; se combate en todos lados. No se prohíbe, porque no se puede, pero se trata de desestimular de todas las maneras posibles.
¿Quién va a fundamentar que es bueno para las personas que haya un distribuidor exclusivo que compita menos y que habilitar la competencia es malo? Nadie debería argumentar eso, mucho menos los liberales. Los liberales me vienen a decir que habilitar que haya un segundo importador que compita es algo que les genera dudas. Entonces estamos en el mundo del revés.
¿Qué lectura hacés de la baja de la popularidad en las encuestas que está teniendo el gobierno?
Hoy en el mundo las aprobaciones de la gestión de los gobiernos, en particular en los capítulos económicos, son muy malas. De gobiernos de derecha o de izquierda. Diría que son muy excepcionales los casos en los cuales hay una alta.
¿Qué pasa concretamente en Uruguay? Creo que hay algo de insatisfacción en la sociedad. Pero en realidad digo: el año pasado el salario real creció 2,3% y el ingreso de los hogares en el nivel más alto de la historia. Hubo 26.000 puestos de trabajo creados, tasa de desempleo estable y leve reducción de la pobreza. También exportaciones récord y se crearon 3.000 empresas. Es verdad, la economía crece menos de lo que esperábamos, el aspiracional de la gente es tener una tasa de progreso mayor. Creo que el gran problema de la sociedad es que hay una gran distancia entre lo que se proyecta y lo que se tiene. ¿Eso tiene que ver con el cumplimiento del gobierno o con expectativas un poco desmesuradas? Uruguay hace 20 años que no tiene una crisis macroeconómica. Hay jóvenes que no tienen ni idea de lo que fue la de 2002.
Creo que hay un tema en lo aspiracional. Y en el caso de Uruguay, el gobierno también ha cometido sus errores decisionales y comunicacionales como para que la gente sienta que no está satisfecha. Eso hay que mirarlo. Para mí las encuestas son importantes, las tomo en cuenta, pero no puedo estar al golpe de las encuestas. El equipo económico tiene claro lo que queremos hacer y por qué estamos haciendo lo que hacemos.
Esto lo digo de verdad, aunque puede ser petulante, ¿Vos escuchaste a alguien que tenga un plan alternativo a lo que el equipo económico está haciendo? En la interpelación me dijeron: gasto público muy elevado y tipo de cambio apreciado. En el periodo pasado tenían el mandato de bajar el gasto público, pero lo subieron. El gobierno de centroderecha ganó las elecciones en 2019 diciendo que iba a bajar y no ocurrió eso.
El gasto público no es fácil. Yo quisiera gestionarlo mejor, que fuera más eficiente. Creo que efectivamente hay cosas en las que se gasta que no se debería, otras en las que deberíamos gastar y no lo hacemos bien. Como en educación o en ciencia y tecnología.
El tipo de cambio se apreció en el periodo pasado de una manera extraordinaria porque la inflación bajó. Esas son las dos críticas sustantivas que me hicieron. La otra es que le erramos a las predicciones. No escuché un solo argumento que me dijera que había que hacer otra cosa. Pero no es que no se lo escuché a los senadores; no se lo escuché a un colega mío.
El primer paso ya lo diste al tomar un cargo público como ministro de Economía. ¿Qué pasa si se plantea un segundo paso para que seas candidato a presidente en las próximas elecciones?
No, no, ese es otro partido. Juntar votos es una actividad muy distinta a ser un funcionario público, requiere de habilidades y de dotes distintas. Ese es el punto uno. El segundo es que no creo que, aunque yo lo quisiera, fuera exitoso. El tercero es que no me interesa de verdad, como ser humano. ¿Qué me gusta a mí hacer? Esto que hago acá. Disfruto ser ministro de Economía, integrar un gobierno. Y dos cosas más. En mi casa me matarían y mi compromiso con mi casa es muy firme, para mí es lo más valioso que hay en mi vida.
Además, el día que el ministro de Economía se pone a pensar que le gustaría ser presidente hay un problema. Yo conozco dos casos de ministros de Economía que pasaron, sin mayores traumas, a ser presidentes: Fernando Henrique Cardoso en Brasil y Gordon Brown en Inglaterra. No conozco más. Incluso Danilo (Astori) ya era un político, era senador, tenía su grupo político. Son funciones incompatibles, no se me pasa por la cabeza.