Que son caros y de mala calidad. Que deberían privatizarse o abrirse a una mayor competencia. Que sus tarifas son excesivas, que los cortes son frecuentes. O, por el contrario, que el Estado garantiza prestaciones que los privados nunca ofrecerían, que la calidad es buena y que las empresas públicas son motivo de orgullo para los uruguayos.

La calidad, el precio y la propiedad de prestaciones básicas como el agua potable o la electricidad son asuntos que, cada tanto, vuelven a instalarse en el debate político y público en Uruguay. A veces por una propuesta de reforma, otras por un corte de suministro o un aumento de tarifas. Y también porque se trata de actividades tan incorporadas a la vida cotidiana que prácticamente nadie puede prescindir de ellas.

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Pero, más allá de las discusiones de boliche o entre cuatro paredes, ¿qué piensan realmente los uruguayos de la calidad y el precio de lo que reciben?

Para responder esa pregunta, El Observador, la Unidad de Métodos y Acceso a Datos de la Facultad de Ciencias Sociales de la Universidad de la República y el docente en Estadística Juan Pablo Ferreira presentan una nueva encuesta sobre cuatro prestaciones de uso casi cotidiano: agua potable, electricidad, internet y transporte colectivo.

Los resultados muestran que, en general, los uruguayos están satisfechos con la calidad de lo que reciben. Casi nueve de cada diez consideran que el suministro eléctrico de UTE es bueno o muy bueno, mientras que tres de cada cuatro tienen esa misma opinión sobre internet y el agua potable de OSE.

El servicio eléctrico —pese a ser considerado “caro” como se verá más adelante— es el mejor evaluado y tiene una explicación: menos del 5% entiende que la calidad disminuyó desde hace diez años. Entonces puede que algunos entrevistados recuerden los apagones frecuentes y que a veces duraban toda la noche en la década de 1970, la crisis por sequía entre 1988 y 1989 que implicaba “bajar la llave” por barrios, o incluso el déficit hídrico de 2012 cuando Uruguay todavía estaba en transición a un sistema energético casi por completo renovable y con capacidad de exportación a sus vecinos.

El agua potable conserva una alta percepción de buena calidad, pero hay un 17% que nota que empeoró en la última década. Puede que ahí esté aún fresca la vivencia de la crisis hídrica de 2023, o el agua amarronada en partes del área metropolitana al abrir los grifos, o un cambio de valoración de un recurso que en Uruguay parecía inagotable y ahora se cuestiona (entre proyectos técnico-políticos y entre más movilización ambientalista).

La encuesta de El Observador y los académicos de la Udelar también evaluó el transporte colectivo. Pero se optó por separarlo dado que su uso no es universal y que varía mucho en las distintas localidades del país.

Uno de cada cinco encuestados dijo no usar el servicio. Entre los que sí consultados, la situación está bastante más dividida. Un 25% dice que el servicio es malo o muy malo y un 28,5% dice que es bueno o muy bueno y hay otro 18% que dice que no es ni bueno ni malo.

Los que más lo usan son aquellos que más lo critican. Casi la mitad de los usuarios diarios evalúa mal el servicio mientras que ese número desciende a uno de cada cuatro entre quienes lo usan de vez en cuando.

Era una hipótesis que no siempre se confirma. La educación pública, por ejemplo, es peor evaluada entre quienes envían a sus hijos a colegios privados (no usan el servicio) que entre los asistentes. Lo mismo pasa con la evaluación de la limpieza de una ciudad: sienten que su cuadra está más limpia que el resto de la urbe.

Cuatro de cada diez de quienes usan a diario el transporte colectivo entienden que la calidad del servicio es peor que hace diez años. Esa imagen es todavía más potente en Montevideo y, sobre todo en Canelones, donde superan a la mitad de los usuarios hiperfrecuentes. Y ahí se abren más preguntas que certezas: ¿Está vinculado al corrimiento poblacional? ¿Es una cuestión de frecuencia o tiempos? ¿Cuánto pesa la puesta en agenda de los cambios en el transporte metropolitano? ¿Es un tema de precio?

El precio de las tarifas

Si de discusiones recurrentes hablamos, el precio de las facturas de los servicios públicos es un tema cantado en cada inicio de año cuando las empresas públicas hacen los ajustes anuales de los precios. En esto también hay bastante consenso.

Así como la gran mayoría de los uruguayos cree que el servicio que brinda UTE es bueno o muy bueno, un porcentaje muy similar (9 de cada diez) cree que se trata de un servicio caro. Algo parecido pasa con el servicio de internet aunque la opinión es un poco menos extendida: siete de cada diez cree que el servicio es caro.

La visión sobre el precio que cobra OSE es distinta. La mitad cree que es razonable y el 39% cree que es algo o muy caro. Pero con la empresa encargada de potabilizar el agua sucede algo que no pasa con los otros entes: la imagen de la empresa es significativamente peor que la evaluación de su servicio. Mientras que menos de la mitad de los consultados tiene una imagen positiva de OSE, casi 8 de cada diez evalúa bien el servicio.

El Observador publicará en unos días más detalles sobre la imagen de las empresas, cómo cambiar por el voto o si funcionarían mejor bajo gestión privada a juzgar por los encuestados.

La otra particularidad del precio del agua potable es que en el interior es vista como más cara que en Montevideo.

Eso hace que el agua sea el servicio que los uruguayos entienden que debe priorizarse para la mejora si el Estado solo pudiera poner las fichas en uno, incluso aunque su precio parezca razonable:

No cambia con el voto. Lo único que modifica esa prioridad es que entre los más jóvenes, que son a su vez lo que más usan el ómnibus con frecuencia, el transporte colectivo debe ser la prioridad.

¿Problemas tenemos todos?

Casi la mitad de los encuestados dice haber tenido al menos un problema con alguno de los cuatro servicios públicos durante el último mes. El más recurrente es el corte o interrupción de la electricidad, aunque no llega siquiera a tres de cada diez uruguayos. Es más frecuente en el interior que en el área metropolitana y si bien afecta a cómo es evaluado el servicio, su peso es relativo.

En el caso del agua potable e internet los problemas se repartes entre cortes o mal funcionamiento (en el sentido de lentitud, por ejemplo).

Y en el transporte colectivo lo que más pesa es la frecuencia con que pasa el ómnibus, la capacidad del vehículo o su suciedad.

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