11 de marzo 2026 - 5:00hs

La Tierra parece estar quieta, inmóvil, detenida. Pero mientras usted comienza a leer esta nota desde Uruguay, está girando sobre sí misma a 1.300, a 1.400 kilómetros por hora. Y si está leyendo sobre la línea del ecuador a más de 1.600. La realidad —objetiva, los hechos— es una. Pero las percepciones varían por cómo se interpretan los estímulos, cómo los ve, oye o huele el sujeto. Vale para la ciencia, pero también para la formarse una opinión.

La seguridad es, desde que acabó la emergencia sanitaria del covid-19, el principal problema percibido por los uruguayos. La salud lo fue en plena pandemia, la educación ocupó el lugar tras aquel discurso de “educación, educación y educación” de José Mujica.

Y en cualquiera de los ejemplos —sobre todo ahora cuando se habla de seguridad o delincuencia—, la percepción trasciende las camisetas políticas. Es más alto el porcentaje de votantes de la coalición republicana que sitúa a la seguridad o delincuencia como el principal problema del país (62%) que de los frenteamplistas (33%). Pero para cualquiera de esas colectividades es el problema que recibe más menciones. Así consta en la última encuesta de El Observador y los académicos de la Universidad de la República.

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Pero en la medición se aprovechó para preguntarles a los encuestados su principal problema (el de la vida personal). Y ahí la percepción cambia.

Hay una divergencia: el costo de vida pasa a ocupar con creces el primer lugar en la vida cotidiana, al tiempo que también suben preocupaciones económicas como los salarios.

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“Este patrón es consistente con lo que la literatura sobre opinión pública describe como la diferencia entre evaluaciones sociotrópicas y egotrópicas. Cuando los individuos evalúan la situación del país tienden a identificar problemas asociados al orden social general, como la delincuencia. En cambio, cuando la pregunta refiere a su situación personal, las respuestas se organizan principalmente en torno a condiciones materiales del hogar, como el costo de vida”, explica el politólogo Nicolás Schmidt, uno de los coordinadores de la Unidad de Métodos y Acceso a Datos de la Universidad de la República con quien El Observador hace las encuestas.

En la competencia política, estas diferencias importan. “Los problemas asociados al orden social, como la seguridad, tienden a estructurar con mayor fuerza la agenda política y el conflicto partidario, ya que remiten a diagnósticos sobre el funcionamiento general del país y a propuestas de política pública de alcance colectivo”, dice Schmidt.

Sobre ellos influye aquella idea de que los medios de comunicación no le dicen a la gente qué tienen que pensar, pero sí sobre qué temas se conversa. Y en esa fijación de agenda los políticos son promotores y “rehenes” a la vez.

“En cambio, los problemas vinculados al bienestar material, como el costo de vida, suelen aparecer de manera más transversal entre distintos grupos sociales y electorados, ya que remiten a experiencias económicas compartidas por amplios sectores de la población”, cuenta el politólogo Schmidt.

En el siguiente gráfico se hace un ranking para medir todavía mejor las percepciones de los problemas y su variación entre la escala país y la personal. Cada encuestado iba contestando (sin que le aparecieran en el mismo orden las opciones de respuesta), cuál es el primer problema, el segundo y el tercero de Uruguay. Ese ejercicio se repite para el problema personal. Esto es lo que da:

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Que exista una divergencia a veces puede ser una buena señal. ¿En qué sentido? Cuando hay una crisis económica muy fuerte, con una inflación que se va a las nubes, y salarios reales que no crecen, los problemas del país y de la vida personal tienden a coincidir. Lo mismo pasa cuando hay un shock social muy potente, como un narcoestado en el que se secuestran personas, matan a figuras públicas, la gente no sale a la calle, hay autos blindados.

El Observador había publicado, con datos de la misma encuesta, que tanto los votantes del oficialismo como los de la oposición no veían que sus bloques partidarios estén dando solución a los problemas de la gente. Ahora se incorpora una nueva variable: la herencia. Y más allá de que el más mencionado es que los problemas son actuales, generados por el actual gobierno, donde se posicionan más de la mitad de los votantes de la coalición republicana, lo novedoso viene en qué queda en segundo lugar:

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El costo de vida en la inflación más baja en 70 años

Uruguay registró la semana pasada la inflación interanual más baja en siete décadas. Por definición, la inflación es la variación generalizada del precio de bienes y servicios en una economía durante determinado tiempo. Entonces, ¿cómo es posible que el costo de vida sea percibido como el principal problema personal si la inflación lleva dos años de desaceleración?

Una opción es que algunos componentes que integran esa canasta de precios con la que se calcula la inflación hayan subido mucho (y sean las que impactan en el día a día de la gente) y otras al revés. Pero el profesor adjunto del Instituto de Estadística, Juan Pablo Ferreira, quien también es parte de este proyecto de encuestas, explica que la heterogeneidad no fue tal. Y que un país puede ser (o parecer) caro incluso con una inflación baja.

El Observador fue a buscar entonces a Gabriela Mordecki, profesora agregada del Instituto de Economía que se dedica a los estudios macroeconómicos, y lo primero que aclaró fue: “La inflación no es lo mismo que el nivel de precios”.

Hay precios que en Uruguay son más caros que la región. El combustible (donde Uruguay es importador), la tarifa eléctrica incluso con cambio en los métodos de generación, los productos de higiene personal (como la pasta de dientes), o “algunos cortes de vaca que se pagan a precio de exportación y mucha gente acaba sustituyendo por cerdo congelado para comer proteínas”.

El ejemplo más paradigmático —y que es uno de los que más retrasa la concreción del acuerdo comercial entre el Mercosur y la Unión Europea— “es que en Europa muchos productos agroalimentarios están subsidiados, entonces en un supermercado salen lo mismo que en Uruguay aunque los salarios en un lado sean mucho más altos que en otro”.

Otro de los factores que puede encarecer Uruguay es por aspectos positivos: la calidad del servicio o bien la formalidad. El mejor ejemplo fue el comienzo de la pandemia, cuando el país tuvo en abril más de 185.500 personas en seguro de paro de un plumazo.

Pero hay otra explicación a todo esto que es todavía más simple: ¿qué es caro o barato? Eso va a depender del ingreso y las expectativas de egresos. A alguien le puede parecer barato el ómnibus, pero caro si se tiene que tomar un taxi o comprar un auto. A otros les puede parecer barato los útiles escolares, pero caro mandar a su hijo a un colegio privado. Y así…

En ese sentido, un trabajo de un equipo interdisciplinario de alimentación de la Universidad de la República lo había mostrado con la canasta de alimentos. La inflación clásica usa el parámetro de calorías. Pero el equipo de académicos lo hizo en base a nutrientes. ¿Qué cambió? Comer balanceado y los nutrientes necesarios salen casi el doble que si se mide por calorías y se vive a arroz, polenta y fideos.

El aumento del salario real en Uruguay, entre 1% y 2%, es poco significativo para cuando alguien tiene que hacer una compra. Mucho más cuando la economía no crece a buen ritmo. Y todavía más si se tiene en cuenta que hay quienes están por encima del promedio de ingresos de los hogares y otros por debajo”, remata Mordecki.

Una manera de ver eso es cómo el problema salarial va cayendo en el porcentaje de quienes dicen que está entre sus principales problemas cotidianos según cuán formados están (que es una aproximación al nivel socioeconómico):

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¿Cómo se hizo la encuesta?

El Observador, la Unidad de Métodos y Acceso a Datos de Ciencias Sociales (Udelar), y el profesor adjunto del Instituto de Estadística (Udelar) Juan Pablo Ferreira aplican a nivel masivo en Uruguay un monitoreo de la opinión pública con encuestas no probabilísticas que permiten inferencias a través de modelos alternativos.

Aquí puede ver algunas de las notas realizadas mediante estas técnicas.

Este proyecto de encuestas —anónimas y cuyos datos no son usados con otros fines que académicos y periodísticos— es una apuesta a la innovación en la aplicación de nuevos modelos de investigación social, la confección de trabajos comunicacionales de calidad e independientes (no reciben apoyo de empresas ni de políticos), y la elaboración de documentos académicos que permiten generar conocimiento.

Para este sondeo puntual fueron encuestados 4.868 voluntarios entre el 27 de febrero y el 2 de marzo de 2026.

Parte del procesamiento contó con la colaboración del politólogo y maestrando en Economía Aplicada Juan Ignacio Pintos.

A continuación los detalles metodológicos:

Ficha metodológica gestión gobierno

Temas:

uruguayos Seguridad Uruguay Costo de vida encuesta EO encuesta inflación

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