La inflación interanual en Uruguay se ubicó en 3,11% a febrero de 2026 —desde 3,46% en enero— y se convirtió en el registro más bajo desde agosto de 1956 (hace casi 70 años), cuando había alcanzado 2,72%.
El dato publicado este miércoles refleja además una tendencia sostenida de desaceleración de precios en los últimos meses.
Con este resultado, se cumplieron 33 meses ininterrumpidos dentro del rango de tolerancia de entre 3% y 6%, reforzando el escenario de estabilidad tras años en los que el indicador se mantuvo persistentemente por encima de los objetivos, en la denominada “zona de confort” en torno al 8%.
En ese contexto, el dato de febrero no solo representa un hito estadístico, sino un punto de inflexión en la trayectoria inflacionaria del país, al tratarse del menor registro desde mediados del siglo pasado.
La cifra constituye una señal positiva para la economía, al ubicar la inflación en niveles más cercanos a los estándares internacionales, con consecuencias favorables para la población: los precios crecen a menor ritmo y el salario real podría expandirse por encima de lo proyectado.
Para las autoridades económicas, además, representa una ganancia de credibilidad de la política monetaria y una señal de que el régimen de metas de inflación está funcionando en el país, en línea con las experiencias internacionales.
La consolidación de un escenario de inflación baja también tiene efectos financieros concretos. La moderación de los precios incide sobre las tasas de interés, que se ubican en niveles históricamente reducidos, y genera un impacto fiscal inmediato: el Estado enfrenta una menor carga de intereses.
Sintonía fina
No obstante, el resultado introduce un matiz relevante. La desaceleración de los precios se produce antes de lo previsto por las autoridades económicas, cuya programación de política está orientada a una inflación en torno al 4,5% anual.
El desvío respecto de las proyecciones responde en buena medida a factores externos. La debilidad del dólar y el retroceso en los precios internacionales de varios commodities —con algunas excepciones puntuales— contribuyeron a moderar las presiones inflacionarias más de lo anticipado.
Un registro significativamente menor al esperado no está exento de riesgos. Una inflación por debajo de las previsiones podría profundizar el enfriamiento de la actividad económica, con eventuales efectos sobre el empleo —en un contexto en el que muchos convenios salariales toman como referencia el 4,5%— y sobre la recaudación fiscal, particularmente en tributos como el IVA, principal componente de los ingresos del Estado.
Baja de tasas y expectativas
Esta semana el Banco Central del Uruguay volvió a recortar la tasa de interés, esta vez en 75 puntos básicos, de 6,5% a 5,75%, y advirtió que el riesgo “más relevante” sigue siendo que la inflación se ubique por debajo de la meta en el horizonte de política monetaria.
Las expectativas de inflación de los analistas y de los mercados financieros descendieron a 4,5% y se alinean con la meta oficial, mientras que las empresariales se sitúan en 5%, aún por encima del objetivo del Banco Central.
Inflación en febrero
El Índice de Precios del Consumo (IPC) aumentó 0,35 % en febrero, según informó el Instituto Nacional de Estadística (INE).
La cifra mensual estuvo levemente por debajo de lo esperado por los analistas que responden la encuesta de expectativas del BCU, que la había ubicado en 0,62%.
Las principales incidencias sobre el índice general provinieron de las divisiones Vivienda, agua, electricidad, gas y otros combustibles (0,20 puntos porcentuales), Mobiliario y enseres domésticos (0,06), Cuidado personal y bienes diversos (0,04) y Recreación y cultura, que tuvo una incidencia negativa (-0,05).
En el rubro Alimentos y bebidas no alcohólicas (-0,06%), se registraron bajas en carnes—con descensos en asado de tira, nalga y pollo— y en frutas como bananas, manzanas y peras. En contrapartida, aumentaron varias hortalizas, especialmente tomate y morrón.
La división Ropa y calzado cayó 1,60%, impulsada por liquidaciones de temporada en prendas y calzado, principalmente femeninos.
El aumento de Vivienda y servicios básicos (1,52%) estuvo explicado casi en su totalidad por la suba de 4,06% en la tarifa eléctrica, tras revertirse el plan de descuentos aplicado por UTE en diciembre y enero.
En Mobiliario y enseres domésticos (1,20%) incidió el incremento del servicio doméstico, mientras que Recreación y cultura (-0,95%) bajó por menores precios en útiles escolares y paquetes turísticos al exterior.
Por último, Cuidado personal y bienes diversos (0,83%) mostró aumentos en artículos de cuidado personal y servicios de peluquería.