La estabilidad política e institucional que históricamente distinguió a Uruguay ya no alcanza para sostener su desarrollo. Referentes del sector público, privado, académico y sindical coincidieron en que el país debe abordar reformas estructurales urgentes para evitar un mayor rezago en el escenario global.

El bajo nivel de inversión actual -insuficiente para transformar la estructura productiva-, el estancamiento de la productividad, el declive demográfico y la pobreza infantil fueron señalados como las principales restricciones estructurales que el país debe resolver en conjunto si aspira a converger con las economías desarrolladas.

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Un debate organizado por la asociación civil Rumbos y la Fundación Konrad Adenauer dejó como conclusión que el salto cualitativo requerirá articular múltiples frentes estratégicos: desde la atracción agresiva de grandes capitales extranjeros y la reconversión hacia energías limpias y combustibles sintéticos, hasta el ordenamiento macroeconómico, la equidad distributiva y el uso de la inteligencia artificial para expandir las capacidades de las empresas y los trabajadores.

El economista Diego Aboal advirtió que el bajo nivel de inversión limita las posibilidades de crecimiento del país y estimó que alcanzar una tasa del 20% del PIB requeriría unos US$ 3.500 millones de inversión extranjera adicionales por año. Aboal, exdirector del Instituto Nacional de Estadística, presentó el documento “Cambiar de escala. Una agenda de crecimiento y desarrollo para Uruguay”. La actividad reunió además a Elisa Facio, exministra de Industria Energía y Minería; Milton Castellano, director del Instituto Cuesta Duarte del PIT-CNT; Agustín Iturralde, director ejecutivo del CED (Centro de Estudios para el Desarrollo) y Bruno Gili, director ejecutivo del programa Uruguay Innova de Presidencia de la República. Entre la concurrencia estuvieron representantes del sistema político, entre otros, el independiente Pablo Mieres, el exministro de Salud Daniel Salinas y el dirigente colorado Ope Pasquet.

Uno de los principales problemas señalados por Aboal es el bajo nivel de inversión. Uruguay invierte actualmente alrededor del 16% del PIB, una cifra que consideró insuficiente para aspirar a tasas de crecimiento significativamente superiores a las actuales. “Esto da para renovar el capital que se deprecia y un poquito más”, afirmó.

Aboal sostuvo que alcanzar una tasa de inversión del 20% -un nivel que consideró todavía moderado si Uruguay pretende converger hacia los países más desarrollados- requeriría movilizar unos US$ 3.500 millones adicionales por año. Para avanzar hacia esa escala, planteó la necesidad de salir a buscar grandes inversiones de forma más agresiva y señaló a China como una de las oportunidades. Pero advirtió que no alcanza con promocionar las fortalezas generales del país: Uruguay debería contar con una cartera concreta de proyectos, con condiciones de inversión, infraestructura, riesgos, cronogramas y retornos claramente definidos.

“El mundo no financia presentaciones de PowerPoint. Financia oportunidades preparadas y rentables”, resumió. El economista vinculó además la inversión con la productividad. Grandes proyectos, argumentó, no solamente generan actividad directa, sino que pueden traccionar proveedores, infraestructura y empresas de menor tamaño. A eso sumó otros desafíos estructurales: la caída de los nacimientos, el envejecimiento de la población, los problemas educativos y la pobreza infantil.

Energía, tecnología y distribución

El planteo abrió un intercambio en el que hubo coincidencias sobre la necesidad de acelerar el crecimiento, pero diferentes énfasis sobre los caminos para lograrlo. La exministra de Industria, Energía y Minería Elisa Facio identificó a la energía y la innovación como dos de las principales oportunidades para aumentar la escala de la economía uruguaya.

“Uruguay podría pasar de ser un país importador de combustibles fósiles a ser un país exportador de combustibles sintéticos”, afirmó. Facio señaló las oportunidades asociadas al hidrógeno verde y los combustibles sintéticos y mencionó también el potencial de una extensión de la infraestructura que permita aprovechar el gas proveniente de Vaca Muerta (que se inicia en el sur argentino y tiene previsto llegar a Porto Alegre a través de Uruguay). A su juicio, ese desarrollo podría favorecer particularmente a zonas del norte del país que presentan mayores dificultades productivas y sociales.

Crecer, ¿para qué?

Desde otra perspectiva, Milton Castellano coincidió en la necesidad de aumentar la inversión y la productividad, pero planteó que la discusión sobre crecimiento no puede separarse de cómo se distribuyen sus resultados. “Cualquier desarrollo tiene que tener que ver con para qué lo queremos”, sostuvo. Castellano reclamó incorporar al debate la equidad, la inversión pública, la tributación y el papel de las empresas públicas, además de una estrategia de inserción internacional adaptada a los cambios geopolíticos

“No hay chance”

Agustín Iturralde llevó el debate hacia las condiciones macroeconómicas necesarias para sostener una estrategia de crecimiento y planteó que, además de remover las trabas que afectan la productividad y la inversión, Uruguay tiene pendiente una discusión sobre el frente fiscal y el gasto público. Para Iturralde, la estabilidad institucional y la calidad de la convivencia política son activos importantes del país, pero no constituyen por sí solos una estrategia de desarrollo.

“No hay chance, no nos va a alcanzar con esto”, sostuvo. En ese marco, señaló la necesidad de abordar los factores que afectan la competitividad de la economía y mencionó, entre otros aspectos, la discusión sobre el nivel del dólar, el gasto público y la situación fiscal.

IA para crecer

La transformación tecnológica apareció como otro de los ejes del intercambio. Bruno Gili planteó que la incorporación de inteligencia artificial debería concebirse fundamentalmente como una herramienta para expandir las capacidades productivas. “El lugar más importante donde podemos incorporar la inteligencia artificial es para hacer crecer el negocio, no para achicar puestos de trabajo”, afirmó.

Gili vinculó ese proceso con la capacitación permanente y la necesidad de recuperar a la educación como herramienta de movilidad social.

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