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Embed - La historia detrás de la foto oficial de Luis Alberto Lacalle Herrera (y por qué no le gustaba)

Luis Alberto Lacalle Herrera camina por la Casa del Partido Nacional con el bastón que perteneció a su estirpe familiar y muestra, con entusiasmo, la pared con los retratos de los presidentes blancos. Reconoce que son pocos, producto de que los colorados gobernaron durante casi un siglo, pero se detiene en una particularidad: después de los primeros tres —Manuel Oribe, Francisco Giró, Bernardo Berro— en la última fila, los últimos dos. Padre e hijo, los dos Lacalle, presidentes uruguayos, algo que dice llenarlo de orgullo y de honor.

Hay otra particularidad, sin embargo, que no menciona en ese momento: su foto, que ahora muestra en esa pared, no coincide con la foto oficial que ha elegido el museo presidencial del Palacio Estévez. Esa, la del arbolado de fondo, la que ha circulado, no le gusta.

El autor, en cualquier caso, es Ruben Giménez, fotógrafo que lo acompañó durante la campaña electoral de 1989 y que, después de tanto tiempo de trabajar con él, sabe reconocer que el expresidente es un hombre de buen gusto. Y, además, dice, es fotogénico. “Recuerdo que Julio Iglesias, el famoso cantante, no quiere que le saquen de determinado perfil por gusto de él, porque él dice que sale mal. Sin embargo, Lacalle fue un presidente que salía bien en todas las fotografías, aparte tenía muy buen gusto para vestirse. Realmente era muy fácil sacar fotos. Y en momentos de mucho estrés, de mucho nerviosismo, siempre posaba para la foto y para fotógrafo presidencial”, dice Giménez en entrevista con El Observador.

La foto con los arbustos de fondo, la que a Lacalle Herrera no le gusta pero que se ha instalado como retrato oficial a lo largo de los años, fue tomada en los jardines de la residencia de Suárez y Reyes, donde el presidente nacionalista vivió durante su mandato junto a su familia. Ese día, rememora el fotógrafo, se hicieron varias tomas y eligieron luego la que se utilizó como foto oficial.

Siempre cuando se saca foto a un presidente se trata de mirar la postura, la vestimenta, la mirada, el fondo y eso fue lo que hicimos. Esa foto presidencial tuvo varias tomas y una vez que se hicieron, se hicieron copias de varias tomas y sus asesores, incluso sus familiares, él mismo, fueron los que dieron la última palabra para poder elegirla”, sostiene.

Por qué, entonces, la que cuelga en la pared de la sala de la Convención —o sala de los presidentes del Partido Nacional— es otra, es algo que ni el exmandatario ni el fotógrafo pueden explicar. Ninguno de los dos recuerda demasiado su contexto. “No recuerdo nada de cuando se sacó la fotografía. Lamento, pero es la que me gusta y la que quiero que pase a ser foto oficial”, reivindica Lacalle a 36 años de haber sido tomada, aunque el tiempo se haya encargado de ir por otro camino. “Desde el punto de vista artístico, no soy artista, pero me parece que es más logrado desde el punto de vista de la posición de cierta solemnidad, como me parece a mí, que tiene que tener. Y después, ¡qué joven que era!”, dice después.

20250421 Entrevista a Luis Alberto Lacalle Herrera, Ciclo retrato, foto presidencial.

Qué tiene que tener una foto oficial, basta con mirar la pared con los retratos presidenciales que se han hecho a lo largo de la historia —y que pueden verse uno a uno en el Palacio Estévez— para notar que cada uno es hijo de su tiempo y su contexto.

“No hay la foto que tiene que estar así, asá, no. Generalmente, el requisito es que esté con la banda. ¿Por qué la banda presidencial? Porque es un símbolo muy antiguo, es la que simboliza el ejercicio del poder ejecutivo. Después cada uno la saca como quiere”, dice Lacalle Herrera. Desde su mirada, la foto presidencial sí debería estar envuelta de cierta solemnidad pero, señala, esa “no ha sido la norma”.

“El propio Lacalle Pou, en un gesto muy lindo, hace el gesto de saludo a la bandera que nosotros usamos, que es la mano sobre el corazón. La del presidente Orsi está con una mano en el bolsillo y apoyado en una mesa. ¿Qué quiere decir eso? No lo vamos a interpretar, por lo menos yo. Son modalidades. La representación de cada uno es la que le gusta, supongo. A mí me gusta esta fotografía y no otra que también ha fungido como foto presidencial”, insiste.

20250421 Entrevista a Luis Alberto Lacalle Herrera, Ciclo retrato, foto presidencial.

El que mira de cerca al presidente

El vínculo entre Lacalle Herrera y Ruben Giménez se remonta a 1989. El fotógrafo viaja en un ómnibus que lo lleva por el interior del país. De pueblo a pueblo, detrás de la campaña electoral de Luis Alberto Lacalle Herrera, el fotógrafo captura las imágenes cercanas del candidato herrerista con la gente. Y, en el trayecto revela tantos rollos de película como puede. Una vez en una de las tantas habitaciones de hotel que lo reciben en el viaje, con una pequeña ampliadora hace las fotos que mandará a Montevideo.

Esa fue la rutina de Giménez durante meses, en los que aprendió a mirar a quien se convertiría el nuevo presidente de la República el 1° de marzo de 1990. Y él sería, desde entonces, el fotógrafo del presidente.

“Para mí fue una experiencia increíble. Yo trabajaba como freelance en aquella época y una vez que entré en Presidencia de la República, tuve esa experiencia increíble de estar del otro lado del mostrador. El votante común no vería lo que ve un fotógrafo al lado de un presidente”, dice Giménez a El Observador.

Fotografió a Luis Alberto Lacalle durante los cinco años de su periodo de gobierno y también tomó fotos de las personalidades que desfilaron por el Uruguay de comienzos de los 90’, tanto visitas internacionales como políticos, artistas e ilustres.

En ese momento, dice, habían desarrollado una mirada en común. Una forma de comunicarse entre la gente. “Esa mirada de que te estaba buscando, eso quería decir que era una persona muy importante”. La señal para apretar el disparador.

¿Qué pasa en ese camino, en el que el fotógrafo tiene un acceso privilegiado al mundo del candidato, o al del presidente después? ¿Se cruzan los límites de lo laboral? ¿Se vuelve una relación cercana? Giménez resalta que su vínculo con Lacalle siempre fue “el vínculo de un político y un fotógrafo".

"Yo siempre fui muy profesional, él sabía que yo era muy profesional y siempre que había que dar un paso al costado, lo daba y esperaba mi momento para sacar la fotografía. Al principio lo tuve que aprender, pero sí, lo logré interpretar”, sostiene.

Giménez reconoce su rol como fotógrafo de Presidencia fue, también, el de estar atento a la imagen que comunica un mandatario, de cuidar los detalles, de mostrar su mejor versión. Y que, en definitiva, su trabajo es el de la construcción de la memoria de un país.

“Es muy importante el valor histórico de la fotografía presidencial. Y creo que eso lo tendría que ver la población en general, el Estado, la cultura; porque en otros países la foto presidencial tiene muchísimo valor y acá en Uruguay no se le ha dado el valor que tiene que tener realmente. Recordemos que un presidente está cinco años y que esa imagen lo acerca a todo el Uruguay”, advierte.

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Lacalle Herrera Una foto al presidente

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