Un día como hoy, pero de 2016, la Policía Científica acudió a la playa de La Floresta, en Canelones, tras el hallazgo de un cuerpo que abriría uno de los casos policiales más particulares de los últimos años y expondría, además, los límites de la cooperación judicial internacional.

La víctima era Arno Wollensak, de 61 años, líder de la secta alemana Oasis de Luz, quien vivía en Uruguay bajo el alias de Mark Neumann y era requerido en Alemania por un delito de abuso sexual de menores.

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Su cadáver fue encontrado en una escena con características de una ejecución: tenía una bolsa de nylon colocada en la cabeza y asegurada al cuello con un precinto, la boca sellada con cinta plástica, las manos esposadas detrás de la espalda y los tobillos atados. Cuando fue encontrado, llevaba unas 90 horas muerto.

El caso es revisitado por Memoria criminal, el ciclo de El Observador que reconstruye algunos de los hechos policiales más recordados del país.

El líder de Oasis de Luz que vivía bajo otra identidad

Wollensak se había instalado en Uruguay y residía bajo el nombre de Mark Neumann en la estancia Los Cerrillos, una propiedad por la que había pagado más de US$ 400.000.

Sin embargo, detrás de esa identidad había una historia que había atravesado fronteras. En Alemania era buscado por un delito de abuso sexual de menores y en 2015 fue localizado y capturado por Interpol en Uruguay.

Tras su detención, Wollensak fue recluido en el módulo de máxima seguridad La Roca, en el Penal de Libertad, mientras se tramitaba el pedido de extradición presentado por las autoridades alemanas.

La extradición, sin embargo, no se concretó. La Justicia uruguaya rechazó el pedido al considerar que los delitos por los que era requerido habían prescripto.

La orden de abandonar Uruguay antes de su muerte

Pese al rechazo de la extradición, la situación de Wollensak en Uruguay volvió a complicarse pocos meses antes de su asesinato.

El 12 de julio de 2016, apenas seis semanas antes del crimen, trascendió que la Dirección Nacional de Migración había notificado formalmente a Wollensak y a su pareja, Julie Ravel, que debían abandonar Uruguay de forma inmediata.

Ese dato se convirtió en otro elemento dentro de la compleja cronología que rodeó sus últimos meses en el país. Semanas después, su cuerpo apareció en La Floresta.

El cuerpo en la playa y una escena de ejecución

El hallazgo puso en marcha una investigación policial y judicial que permanece sin resolución.

El cuerpo de Wollensak tenía una bolsa de nylon sobre la cabeza, sujetada al cuello mediante un precinto. Su boca había sido cubierta con cinta plástica. Además, tenía las manos esposadas a la espalda y los tobillos atados.

Las pericias determinaron que llevaba aproximadamente 90 horas sin vida cuando fue encontrado.

Tras confirmarse su identidad, la investigación comenzó a reconstruir los movimientos del líder de Oasis de Luz y de las personas de su entorno.

Dos mujeres desaparecieron sin dejar registro migratorio

Después del hallazgo del cadáver, todos los bienes de Wollensak fueron incautados en el marco de las actuaciones judiciales.

Sin embargo, hubo otro elemento que llamó la atención de los investigadores. Su pareja, Julie Ravel, y una empleada identificada como Úrsula Frei, quien además era madre de una de las personas que habían denunciado a Wollensak en Alemania, desaparecieron sin dejar registro migratorio de su salida de Uruguay.

El paradero de ambas pasó a formar parte de los elementos analizados en una investigación que fue acumulando interrogantes.

Una hija apareció para reclamar la herencia

El caso incorporó posteriormente un nuevo capítulo cuando una hija de Wollensak, radicada en Ecuador, se presentó ante la Justicia uruguaya.

La mujer reclamó derechos sucesorios sobre los bienes de su padre, agregando una nueva derivación judicial a una historia que ya involucraba actuaciones en Uruguay, Alemania y otros países.

Mientras se discutía el destino del patrimonio que había dejado Wollensak, la pregunta central seguía sin respuesta: quién lo mató y por qué.

Un crimen que permanece sin resolver

A una década del hallazgo del cuerpo en la playa de La Floresta, el asesinato de Arno Wollensak continúa sin esclarecerse.

La causa permanece abierta bajo la órbita del Juzgado Letrado de Cuarto Turno de Atlántida y todavía hay personas que mantienen la calidad de indagadas.

La captura de Wollensak por Interpol, el rechazo de su extradición a Alemania, la posterior orden para que abandonara Uruguay, la forma en que fue asesinado y la desaparición de dos mujeres de su entorno conforman una trama que, diez años después, sigue sin una resolución judicial definitiva.

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