La noche del 31 de marzo de 1973 quedó grabada como una de las más oscuras de la crónica policial uruguaya. En una quinta de Colonia Nicolich, en el departamento de Canelones, una madre y sus cuatro hijos pequeños fueron encontrados en el fondo de un pozo de 28 metros de profundidad, en una escena que conmocionó al país y que es revisitada por "Memoria Criminal", el ciclo de El Observador que reconstruye los episodios policiales más impactantes de la historia de Uruguay.
Quien descubrió lo ocurrido fue Juan Pereyra, un joven de 18 años que escuchó gritos provenientes del interior del pozo. Al acercarse, encontró a la familia Torterolo luchando por sobrevivir en el fondo. El rescate fue inmediato, pero el desenlace resultó devastador: Miguel Ángel, de 5 años, y Marisol, de 3, murieron como consecuencia de la caída.
La noticia generó una fuerte conmoción pública y abrió una investigación policial que, en un primer momento, parecía tener un responsable claro.
Un acusado y una confesión que luego se desmoronó
Pocas horas después del hallazgo, la Policía detuvo a Pablo Hernández Jara, un peón que trabajaba en la quinta donde ocurrió el hecho.
El hombre, de origen humilde, se confesó culpable durante los primeros interrogatorios, lo que llevó a que el caso pareciera resuelto con rapidez. Sin embargo, poco tiempo después se retractó de su declaración.
Para entonces, gran parte de la opinión pública ya lo había condenado.
Los titulares de la época lo describían con términos contundentes como “salvaje”, “bárbaro” y “monstruo”, mientras el caso ocupaba portadas y generaba indignación en todo el país.
La duda que cambió el rumbo de la investigación
En medio de ese clima, una voz comenzó a cuestionar la versión oficial.
El periodista Humberto Dolce puso en duda la hipótesis policial. Había algo que no encajaba: ¿cómo un hombre de complexión menuda podía haber sometido a una mujer corpulenta y a cuatro niños al mismo tiempo?
Dolce publicó entonces una carta escrita por el propio Hernández Jara, en la que el peón proclamaba su inocencia.
En ese momento, muchos consideraron que el periodista estaba inventando una historia para generar polémica.
Pero el caso todavía tenía un giro inesperado.
La frase que reveló la verdad
Durante la reconstrucción judicial de los hechos, ocurrió un episodio que cambiaría el rumbo de la investigación.
En medio del procedimiento y tras una discusión familiar, Carlitos, uno de los niños que había sobrevivido a la caída, señaló a su madre y gritó: “¡Y sí, fuiste vos! ¡Y le echaste la culpa a Pablo!”.
Esa frase dejó al descubierto lo que hasta entonces no había sido considerado por los investigadores.
La investigación terminó revelando que Esther González de Torterolo, la madre, había sido quien arrojó a sus propios hijos al pozo.
Según se reconstruyó posteriormente, la mujer se encontraba agobiada por las deudas y la desesperación. Tras conocerse la verdad, Pablo Hernández Jara fue liberado.
Un caso que quedó en la memoria colectiva
La tragedia de la familia Torterolo dejó una marca profunda en la historia policial del país: un crimen brutal, un inocente señalado durante días y una verdad que tardó en salir a la luz.
Más de medio siglo después, el episodio sigue siendo recordado como uno de los casos más impactantes de la crónica policial uruguaya.