Las mujeres en Uruguay —pero también los varones— están postergando la maternidad y la paternidad. Los resultados de la encuesta de El Observador y académicos de la Universidad de la República (Udelar) lo confirman, pero da un paso más: el 11% de las jóvenes entre 18 y 24 años no tiene ni planea tener hijos en un futuro más lejano. Entre los hombres de su misma edad se ubica en el 8%.

El investigador Fernando Filgueira —uno de los coordinadores de la Unidad de Métodos y Acceso a Datos (UMAD) que es parte de la cocina de estas encuestas— habla con cautela y sabe que sus palabras a veces son hirientes para algunos colectivos. Pero prefiere decir lo que ve en los datos: “La postergación parece estar dada en los varones también. Por lo cual podríamos sostener —al menos como hipótesis— que en Uruguay hay una huelga de vientres y de penes con intenciones reproductivas”.

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En 2013, apenas un abrir y cerrar de ojos en términos históricos, en Uruguay las mujeres tenían su primer hijo, en promedio, a los 24 años. Y más de la mitad de la caída de los nacimientos posterior a 2016 se explica por la baja en los embarazos adolescentes y juveniles. Dicho de otra manera: antes, hace muy poco antes, la "norma" era tener o al menos querer tener hijos alguna vez.

Filgueira aclara que todos estos son insumos para que los académicos que más saben sigan explorando: para confirmar o refutar. Pero insiste en que puede existir otra razón que explique el no querer tener hijos nunca, es decir que no sea solo una postergación.

“Antes pensábamos que era una cuestión más vinculada a las mujeres porque son las que se ven penalizadas en el trabajo, en el estudio, en las tareas no remuneradas por la carga de la maternidad, pero ahora vemos un fenómeno sociológico más extendido que incluso podría obedecer a que las parejas suelen tener edades más similares entre sí que en otras épocas, y a que el varón ahora también tiene que asumir corresponsabilidades que antes recaían solo en sus parejas”. El sociólogo que ahora retorno a su puesto en el Fondo de Población de Naciones Unidas, pero que trabajó en la encuesta previo a su regreso, admite que “todavía queda mucha cosa por comprender” y que lo peor que le puede pasar a un país —dice— es ponerse a discutir desde miradas apocalípticas, ideologizadas o que vulneren derechos. “La evidencia es clave, quitarse el balde ideológico también”.

Este hallazgo —de confirmarse estas preferencias en el correr de los años— hará que “las generaciones más jóvenes tendrían en el futuro un porcentaje de mujeres sin hijos, mayor al de la población actualmente cerca del final de la edad reproductiva”.

Ya no es solo postergar a qué edad se tiene el primer hijo, sino de un crecimiento de quienes no tienen en sus planes si quiera a más largo plazo la maternidad o la paternidad.

La razón no está del todo clara. Cuando la encuesta de El Observador, la UMAD, y el docente en Estadística Juan Pablo Ferreira había preguntado por qué se piensa que en Uruguay la gente tiene menos hijos, casi dos tercios respondieron por la “falta de medios económicos”.

Pero cuando se ve por el nivel educativo alcanzado de los encuestados, la cuestión cambia y puede entenderse mejor a qué refieren por “falta de medios económicos”. Eso es clave —según los demógrafos del Programa de Población— dado que los países que plantearon medidas pronatalistas de dar dinero por hijos no han tenido buenos resultados. Y a quienes mejor les ha ido fue a aquellos que dan las condiciones —de cuidados, de licencias, de educación— para que la gente tenga los hijos que desea, cuando lo desea.

Es entonces que el razonamiento empieza a volverse complejo. Desde la literatura más economicista, antes —bastantes décadas antes— el tener hijos no era solo una cuestión cultural, de normas o preferencias. Era la manera de sobrevivir. Los hijos seguían trabajando esa tierra que sembró su familia.

Poco a poco eso se diluyó. Las tecnologías mejoraron la productividad, las generaciones más jóvenes quisieron superar a las pasadas, las mujeres pudieron salir al mercado laboral y educativo superior, y cobraron más fuerza las preferencias —por ejemplo el priorizar el estudio—, y las normas sociales (incluyendo aquel mandado más religioso de la “gran familia”).

Incluso estaba la idea de que la nación estaba en peligro. Hace un siglo, en uno de los discursos más recordados de Benito Mussolini ante los diputados fascistas, decía: “Muchas regiones de Italia ya están por debajo de 27 nacimientos por cada 1000 habitantes. Las regiones que están por encima son Basilicata —y rindo mi sincero elogio a esta región, porque demuestra su virtud y su fortaleza; claramente Basilicata aún no ha sido suficientemente infectada por todas las corrientes perniciosas de la civilización contemporánea— luego vienen Puglia, Cerdeña, Marche, Umbría, Lacio”.

Todo esto puede explicar, en parte, por qué la sociedad (casi que podría hablarse de más de dos tercios de los países) fue bajando la cantidad de hijos y postergando su primera descendencia.

Mucho más cuando buena parte de las que seguían teniendo muchos hijos eran las adolescentes o jóvenes más vulnerables —a las que la educación sexual y los anticonceptivos de larga duración, entre otras medidas, fue disminuyendo los embarazos no deseados ni planificados).

En la encuesta de El Observador y los académicos de Udelar se sigue notando que el contexto y la educación aún siguen teniendo un peso. Casi el 40% de las personas con formación universitaria iniciada o completa no tienen hijos y quieren postergar la tenencia. Tan sólo un 16% de las personas con primaria completa como máximo nivel educativo alcanzado no tienen hijos y quieren seguir postergando el primer hijo.

¿Cómo se hizo la encuesta?

El Observador, la Unidad de Métodos y Acceso a Datos de Ciencias Sociales (Udelar), y el docente en Estadística Juan Pablo Ferreira aplican a nivel masivo en Uruguay un monitoreo de la opinión pública con encuestas no probabilísticas que permiten inferencias a través de modelos alternativos.

Aquí puede ver algunas de las notas realizadas mediante estas técnicas.

Este proyecto de encuestas —anónimas y cuyos datos no son usados con otros fines que académicos y periodísticos— es una apuesta a la innovación en la aplicación de nuevos modelos de investigación social, la confección de trabajos comunicacionales de calidad e independientes (no reciben apoyo de empresas ni de políticos), y la elaboración de documentos académicos que permiten generar conocimiento.

Para este sondeo puntual fueron encuestados 3.325 voluntarios.

A continuación los detalles metodológicos:

Temas:

hijos encuesta EO encuesta Udelar

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