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17 de febrero 2026 - 5:00hs

Es la hora del recreo. Unos varones juegan al fútbol con una pelota algo desinflada. Una de sus compañeras de clase se para a un costado y pide para sumarse al partido. Pero el que está haciendo de golero le grita:

—¡Salí de acá, vos sos nena!

La chica se angustia. Al principio no quiere mostrar “debilidad”, pero cuando regresa al salón de clase llora y con las gotas va mojando las hojas del cuaderno con unos apuntes de Geometría. La maestra se olvida del ángulo recto, de la hipotenusa y aprovecha para hacer lo que tiene (y sabe) hacer: educar.

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Eso es parte de la educación sexual integral, aunque no todos lo piensan igual. Se ha discutido si “pervierte” a los niños, si es algo tan íntimo que solo se puede abordar a la interna de la familia, si parte de la Biblia o del calefón, y hasta si existe una edad para iniciar estos contenidos.

El Observador, la Unidad de Métodos y Acceso a Datos (UMAD) y el docente de estadística Juan Pablo Ferreira (también de la Universidad de la República) aprovecharon para preguntar en su última encuesta algo que casi no se ha preguntado en un país en que las primeras propuestas de la temática (las de Paulina Luisi) tienen más de un siglo: “¿Considera que la educación sexual integral debe ser obligatoria en los centros educativos a partir de la escuela primaria?”

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Dos tercios de los uruguayos están a favor de que así sea. Valeria Ramos, quien en marzo retoma al cargo de oficial de la oficina del Fondo de Población de Naciones Unidas para Uruguay, suponía ese apoyo mayoritario, pero no tenía certezas cuantitativas.

“Con mayores o peores aciertos, Uruguay es un país que en la región siempre estuvo a la vanguardia del tema. Incluso hoy día, donde todavía la implementación transversal hace un poco de agua, se destaca entre sus pares de América Latina, pero está muy lejos de Países Bajos o los escandinavos”, reconoce la doctora en Psicología que lleva unas dos décadas trabajando en salud sexual y reproductiva.

La ley de Educación de 2008 le dio un carácter normativo jerárquico cuando estableció que la educación sexual es uno de los ejes transversales durante toda la enseñanza obligatoria. Eso no lo modificó ningún gobierno. Pero aquella postura fue resistida por grupos conservadores, como las cartas enviadas por el colectivo Con Mis Hijos No te Metas, y otros vinculados a algunas posturas religiosas.

Patricia Píriz, actual responsable del área de Educación Sexual Integral de la Administración Nacional de Educación Pública, recuerda que “en Uruguay muchos colegios católicos fueron los primeros en integrar la enseñanza de sexualidad, sobre todo desde una óptica más biologisista”.

La encuesta de El Observador y los académicos de la Universidad de la República demuestra que el nivel de religiosidad es lo que más determina la postura de los uruguayos sobre el tema:

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¿Qué explica que ahora el nivel de religiosidad sea clave en la opinión?

Píriz era hasta mayo la directora efectiva de una de las escuelas de Atlántida y cuenta que no es frecuente que haya una resistencia de la mayoría de padres, “mucho menos de los docentes”, para abordar el tema. Pero “hay unos pocos grupos conservadores que se resisten a entender el género o que piensan que la educación sexual solo está vinculada a anticonceptivos o a las prácticas sexuales”.

Cuenta que ella misma vio casos como el de la niña a la que no le dejen jugar en el recreo o, con cada vez más frecuencia, problemas entre alumnos vinculados a reírse de los cuerpos de otros en las redes sociales, el uso de filtros; “cuando lo que hay que enseñar a cuidarse el cuerpo de uno y también respetar el de los demás”.

El psicólogo Gonzalo Gelpi lo explicaba en otra nota de El Observador: hay mujeres que prefieren tener relaciones con mujeres por el trato violento que reciben de algunos hombres.

Una parte de la educación sexual está vinculada a las Ciencias Naturales. Pero otras, explica Píriz, son parte de la Historia, la Geografía, hasta el lenguaje. ¿Por qué era frecuente las relaciones homosexuales (con diversidad de edad) en la antigua Grecia? ¿Cómo abordar que en una misma clase haya niños que provienen de formas muy diversas de ser familia? ¿Cómo hacer entender que el amor no significa decir amén a todo?

El sondeo de El Observador y sus socios de la academia muestra que, en esa línea, la aprobación de la educación sexual obligatoria aumenta acorde más formado esté el encuestado:

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Las mujeres están un poco más a favor de la enseñanza obligatoria del educación sexual que sus pares varones, y los de Montevideo más que los del interior.

“En la última administración hubo un retroceso”

La ANEP se había fijado cambios curriculares durante el pasado quinquenio. La educación sexual no se borró de un plumazo, pero Píriz y Ramos coinciden en que “hubo un retroceso” en la temática.

En Primaria no hubo demasiadas modificaciones. El pasaje a un programa basado en competencias pudo haber dejado un poco más librado al interés y capacidad de la maestra de turno de abordar el tema (aunque también pasaba antes), pero sí hubo una reducción en la formación en servicio (para que se actualicen los docentes que no habían tenido esos contenidos cuando estudiaron).

En Secundaria se mantuvo tal cual y, según Robert Silva, “hasta se duplicaron cargos de orientadores”.

En UTU hubo un ida y vuelta. Se quería cambiar la materia obligatoria por un taller optativo de menor carga horaria. Y fue ahí donde el Fondo de Población tuvo que explicar los problemas que podría ocasionar y se dio marcha atrás.

Pero “el mayor retroceso”, dice Ramos, fue en formación docente. Uruguay era el único país de América Latina que tenía un seminario de 30 horas en que todos los futuros docentes, desde Inicial hasta el término del bachillerato aprendían sobre la temática. Eso se eliminó. Quedó como un taller reducido para algunos y se habló de eje transversal que no se concretaba en los programas.

Ramos descarta que haya habido una intención manifiesta del gobierno anterior de deteriorar la educación sexual integral. Incluso su equipo elaboró junto a la ANEP guías de apoyo. Y el expresidente Robert Silva dijo que jamás pesó algo ideológico en ninguna de las decisiones.

Los datos de El Observador, UMAD y Ferreira dejan en claro que existe una postura diferenciada entre quienes votaron a Yamandú Orsi en el balotaje o los que se inclinaron por Álvaro Delgado:

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Pero como había explicado el sociólogo especializado en religión Néstor Da Costa: “Tanto los partidos políticos como las religiones, y sus prácticas, forman parte de la construcción de una identidad y es muy difícil saber qué pesa más”.

El hoy senador colorado Silva insiste: “Ni siquiera hubo algún pedido de reducción de horas por parte de la representante de Cabildo Abierto”, que era el partido que había incluido la queja en su programa quinquenal.

Ramos, del Fondo de Población, coincide. Estima que, salvo lo que pasó en Formación Docente, “es muy probable que los otros cambios hayan obedecido más a cuestiones de grilla y administración”, pero vuelve al principio: sin importar qué gobierno, Uruguay “hace agua”, todavía falta mucha formación y está muy lejos de la calidad educativa que lograron en Países Bajos. Varios indicadores de malos tratos, el porcentaje de embarazos no deseados y otros datos dan a entender que “el apoyo mayoritario de la población a la Educación Sexual Integral obligatoria debe avanzar mucho más y más rápido”.

¿Cómo se hizo la encuesta?

El Observador, la Unidad de Métodos y Acceso a Datos de Ciencias Sociales (Udelar), y el docente en Estadística Juan Pablo Ferreira aplican a nivel masivo en Uruguay un monitoreo de la opinión pública con encuestas no probabilísticas que permiten inferencias a través de modelos alternativos.

Aquí puede ver algunas de las notas realizadas mediante estas técnicas.

Este proyecto de encuestas —anónimas y cuyos datos no son usados con otros fines que académicos y periodísticos— es una apuesta a la innovación en la aplicación de nuevos modelos de investigación social, la confección de trabajos comunicacionales de calidad e independientes (no reciben apoyo de empresas ni de políticos), y la elaboración de documentos académicos que permiten generar conocimiento.

Para este sondeo puntual fueron encuestados 3.325 voluntarios.

A continuación los detalles metodológicos:

Ficha metodologica reproducción

Temas:

uruguayos Educación Sexual Religión encuesta EO encuesta Universidad de la República

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